Nueva fecha de la Orquesta Sinfónica de Salta

Cultura 11/10/2016
El viernes 14 de octubre, a las 21.30, en el Teatro Provincial de Salta, la Orquesta Sinfónica bajo la dirección de Jorge Lhez, interpretará a Bartok, Respighi y Strauss. Será con Martín D´Elía como solista en cello y con entrada gratuita.
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Concierto Sinfónica de Salta

El programa a interpretar es el siguiente: Música para cuerdas, percusión y celesta de Béla Bartók, con Martín Bonilla en percusión, Javier Anderlini en celesta y Milagro Boso en piano; Adagio con variaciones para cello y orquesta con Martín D´Elía; y Don Juan Op. 20 de Richard Strauss.

Notas al programa

Béla Bártok A los veinte años, después de graduarse en el Conservatorio de Budapest, como compositor, pianista y educador, se dedicó a la investigación etnomusical. Su interés por la música folklórica, de Europa Oriental, lo llevó a recorrer su país, Hungría y las regiones vecinas, para recopilar auténticas melodías y ritmos populares, que influyeron en su lenguaje musical, especialmente en el ritmo. A pesar del gran reconocimiento que había obtenido como músico y destacado concertista, la aparición del fantasma del fascismo, lo impulsó a emigrar a los Estados Unidos, donde falleció.

Los años previos al estallido de la Segunda Guerra Mundial constituyen una etapa de gran productividad. De esos años son su Concierto No 2 para violín, el Divertimento para orquesta de cuerdas, la Sonata para dos pianos y percusión, y la Música para cuerdas, percusión y celesta, una de sus obras maestras, en la que explora conceptos musicales como las posibilidades percusivas del piano y de los arcos. Es una composición de audaz, rica y novedosa armonía, de feliz tratamiento tímbrico y sugerentes ritmos de dificultosa ejecución, emblemas de Bartók. La obra es originalísima en su sonoridad proporcionada por la presencia de un doble grupo de cuerdas y la inclusión de instrumentos de teclado y percusión, raramente usados en conjunto, amén de las altas exigencias a la percusión, incluido un glissandi del timbal al inicio del Adagio. Este movimiento conforma la banda sonora de la película El Resplandor, de Kubrick.

Ottorino Respighi nieto de un organista de la catedral de Borgo San Donnino, comenzó sus estudios musicales en piano y violín con su padre. Su esposa, la cantante y compositora Elsa Olivieri-Sangiacomo, ha influido en su obra, de gran riqueza tímbrica y excepcional carácter sensorial. Se ha destacado entre los sinfonistas de su generación, por su extraordinario talento para crear melodías. Sus obras son ejemplos de música programática, a la que se recurre para describir un cuadro, o relatar una historia. En su honor, se ha llamado "off Respighi" al tramo de la vía “de Castagnoli”, en Bologna, donde vivió con su familia.

La música de Respighi es pura festividad vitalista que remite a cuentos de hadas y a la interpretación del “alma rusa”, la cual pudo describir gracias a su estudio con Rimski-Korsakov (su maestro de arte de la sinfonía y poema orquestal y sinfónico), y a su desempeño como primer viola del Teatro Mariinski, de San Petesburgo. En “Adagio con variazioni para cello y orquesta” Respighi evidencia su profundo conocimiento de la técnica de la cuerda, dando oportunidad de lucimiento al solista, además de demostrar su dominio de la instrumentación y orquestación, su imaginación y refinamiento en la elaboración de las variaciones, de exquisita sensibilidad y emotividad melódica.

Richard Strauss. Cuando se independizó de su padre, reconocido músico de corno, se reveló contra la dominante tradición clásico-romántica, dejó de componer sonatas, cuartetos, conciertos y sinfonías, dado que descubrió la libertad al elegir la música programática creada por Wagner y Liszt. Richard Strauss confesó una vez: "Soy incapaz de escribir sin un programa que me guíe"; mientras que Mahler dijo que Strauss era casi "tan literato como músico".

Strauss dejó el formato de la sinfonía para dedicarse al “poema sinfónico” género inventado por Lizst, aunque lo llamó “poema tonal”, en el cual está encuadrado “Don Juan”, su composición más inspirada, entre las orquestales. Don Juan concitó la atención del mundo sobre Richard Strauss que, desde ese momento, se transformó en un "clásico, un monumento de su propio gran pasado". Las principales características de su arte se encuentran en esta obra de juventud, por su rica inspiración, el vuelo de sus temas, la intensidad de la expresión armónica, el esplendor del color orquestal. La variedad de emociones opuestas llevan al oyente a un universo sonoro exuberante y cargado de emoción que se presenta en el fugaz episodio amoroso y, más tarde, en la mascarada. La obra, desbordante de vida, concluye trágicamente. El “héroe” se consume en la tempestad y el fuego de su propia pasión, cuando reacciona ante su vida vacía, sin significado, y halla la muerte en la espada purificadora.

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