La máquina del tiempo existió

Medios 16/10/2016
Misterio. Un cura italiano, con un grupo de científicos, crearon un revolucionario invento, que luego la Santa Sede habría prohibido.

El 2 de mayo de 1972 el periódico italiano “Domenica del Corriere” publicó una noticia insólita que sorprendió a miles de lectores: un equipo de científicos entre los que se aparecían Enrico Fermi y Wernher von Braun, dirigidos por el monje benedictino Marcello Pellegrino Ernetti,habían inventado una máquina llamada Cronovisor,capaz de obtener imágenes y sonidos del pasado.

No cualquier imágen. En aquella nota que dejó boquiabiertos (e incrédulos) a miles de lectores, el Padre Ernetti revelaba que gracias a dicho invento había logrado fotografiar a Jesucristo agonizando en la Cruz.

Pero no solamente eso, también la destrucción de Sodoma y Gomorra y la fundación de Roma en el año 753 A.C. E iba más allá, al explicar que se había podido recomponer, en su versión original, la desaparecida obra “Thyestes” (o “Tiestes”), escrita por Quinto Ennio y representada en Roma en el año 169 A.C., así como el texto original de Las Tablas de la Ley que Dios le entregó a Moisés en el Monte Sinaí.

Además, el monje citaba haber visto a personajes comoNapoléon, Cicerón y otros muchos ilustres personajes que habían protagonizado episodios históricos y bíblicos.

Supuestamente, la Santa Sede y el Papa Pío XII en persona, estaban al corriente de las investigaciones del sacerdote, pero su muerte en 1994 sumió en un gran misterio la verdad de un invento por el que, desde siempre, el hombre ha estado detrás. Un secreto que el Vaticano ha guardado un “silencio stampa”.

Qué contaba Ernetti.


El padre Marcello Ernetti indicó en aquella nota que la máquina, bautizada como cronovisor, dado que se trataba de un “visor del tiempo”, se basaba en el principio de la física clásica según la cual “la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma”.

Es decir, que las ondas visuales y sonoras eran energía y, por lo tanto, estaban sometidas a las mismas leyes físicas de la materia. De ese modo, lo que el Cronovisor podía hacer era acceder a las ondas luminosas y sonoras del pasado, recomponiéndolas y reorganizándolas en las mismas imágenes y sonidos que las habían formado en su origen.

“Las ondas visibles y sonoras del pasado no se destruyen. Y no lo hacen porque son energía. La grandeza de nuestro invento, que llamamos Cronovisor, radica en poder recuperar esa energía y recomponer las escenas del pasado”,afirmó por entonces el religioso, también exorcista, ya que había cumplido esas funciones en la región de Venezia.

El rumor se extendió por todo el mundo. Sin embargo el padre Ernetti con anterioridad ya había dado pequeños detalles en algunas publicaciones. En julio de 1965 una revista religiosa de Francia “L´Heure d´Etre” y en enero de 1966, la publicación italiana “Civiltá delle Macchine”, recogieron la noticia, pero la poca importancia de esos dos medios hizo que la noticia no fuera tomada en cuenta hasta 1972.

Muchas dudas, algunas certezas.


La razón por la que el padre Ernetti le apuntó a ese tema tuvo que ver con un hecho fortuito. Al parecer, había estado trabajando con el padre Agostino Gemelli, emérito de la Universidad Católica de Milán, intentando filtrar unos cantos armónicos gregorianos, cuando oyeron la voz de un difunto sacerdote hablando con ellos en la vieja grabadora que estaban utilizando.

Este incidente llevó al sacerdote a preguntarse qué pasaba con aquellas imágenes y sonidos que emitían los seres humanos a cada momento. ¿Desaparecían por completo o seguían existiendo de alguna forma?

¿Quizá en otro plano?


Fue entonces queel padre Ernetti se acercó a algunos científicos eminentes y reunió a un equipo para trabajar en el proyecto.

El equipo contó, supuestamente, con Enrico Fermi, uno de los diseñadores de la primera bomba atómica, y el científico alemán Wernher von Braun, ingeniero aeroespacial alemán considerado uno de los diseñadores de cohetes más importantes del siglo XX (fue el diseñador del cohete Saturn V, que en 1969 llevaría al hombre a la luna).

Jesucristo estuvo allí.


El sacerdote francés François Charles Antoine Brune fue uno de los primeros que mencionó al Cronovisor. Este religioso galo relató que conoció al padre Ernetti en la década de 1960, cuando ambos coincidieron durante un viaje en ferry a través del Gran Canal de Venezia. Como los dos eran expertos en lenguas antiguas, comenzaron a conversar sobre la interpretación bíblica.

El padre Brune cuenta que se sintió muy intrigado cuando el padre Ernetti le reveló que existía una máquina que podía responder a todas sus preguntas.

Sorprendido, Brune quiso saber más el padre Marcello le describió un dispositivo al que llamó el “Cronovisor”. Según el padre Ernetti, este aparato era bastante parecido a un televisor, pero en lugar de recibir transmisiones de estaciones locales, podía sintonizar sucesos ocurridos en tiempos pasados para permitir al espectador “ver y escuchar” los hechos que habían ocurrido siglos antes.

Ernetti fue más allá y ante el rostro absorto de Brune le contó que la máquina del tiempo funcionaba mediante la detección de todas las imágenes y sonidos que la humanidad había hecho y que simplemente se encontraban “flotando” en el espacio.

El sacerdote galo, muy impactado por lo que acababa de escuchar, le preguntó de inmediato al padre Ernetti si él y sus colaboradores habían sido capaces de ver la crucifixión de Cristo, a lo que Ernetti respondió: “Vimos toda ´La agonía´ de Jesucristo, la traición de Judas, el juicio. Todo el Calvario.”, dejando boquiabierto a su interlocutor.

¿Por qué no se avanzó?


Semejante -y a la vez revolucionario proyecto habría sido cancelado y requisado por el Estado Vaticano, cuyo Papa de entonces era Pío XII, pero no destruido, ya que el Cronovisor habría sido celosamente guardado en algún sitio oculto de la Santa Sede.

De todas maneras, otras versiones indican que el padre Ernetti y su equipo habrían decidido desmantelar voluntariamente el dispositivo, dado que los riesgos podrían ser enormes en manos equivocadas.

El sacerdote habría explicado que con el Cronovisor se podría sintonizar cualquier lugar y cualquier momento en el pasado, y en poder de un desquiciado podría crear la “dictadura más temible que el mundo haya visto”.

Posteriormente también habló de su máquina en algunas conferencias sobre fenómenos paranormales. Y si bien nunca pudo mostrar el aparato, sí presentó algunas pruebas como el texto en latín antiguo de la obra “Tiestes”.

Su legado final.


Antes de fallecer en abril de 1994, el padre Marcello escribió una carta en la que insistió que la existencia de la fabulosa máquina era cierta, pese a que muchos sostuvieron que se trataba de una farsa, especialmente al analizar la supuesta fotografía que el Cronovisor había captado de Jesucristo en la cruz, que mostraba el rostro compungido de un hombre barbado con la mirada hacia arriba.

De todas maneras, quienes no creyeron en la palabra del cura indicaron que esa imagen de Jesucristo se trataba en realidad de una reproducción de una estatua de Jesús Crucificado en la Iglesia del Amor misericordioso de Collavalenza, en Perugia.

Y otros, expertos en latín antiguo, reafirmaron que el presunto texto de la obra “Tiestes” incluía algunas palabras en latín que no existían en el momento en que ésta había sido compuesta.

El "veto" llegó desde la Santa Sede.


En una entrevista concedida en 1994 a la revista “Más Allá”, poco tiempo antes de su muerte, el padre Marcello Pellegrino Ernetti relató el final de la historia del Cronovisor. “Todo ha terminado. Yo ya hablé.

El Papa Pío XII nos prohibió que divulgáramos cualquier detalle sobre esta investigación, porque la máquina del pasado es muy peligrosa. Puede cortar la libertad de conciencia del hombre, ya que con este aparato se podrá conocer qué ha estado haciendo esta mañana, dónde, cuándo y cómo”.

Ante la consulta de si era cierto que todavía tenía en su poder el texto original de las Tablas de la Ley que Dios le había entregado a Moisés en el Monte Sinaí, confesó sin titubeos: “Sí, lo tenemos, pero no podemos develar nada. Y no sabemos cuándo podremos hacerlo porque hay muchas cosas que reciben el nombre de secretos de Estado, no sólo del Vaticano, si no que de todos los estados. Por eso no es posible hablar. Espero que pronto se pueda, pero es muy difícil. Se revelarían demasiados secretos. Cambiaría nuestra concepción de la historia de la humanidad e incluso las lenguas serían irreconocibles”.

Según muchos conocidos de Ernetti, éste no confiaba demasiado en el Vaticano, y poco antes de morir envió una carta a Japón, donde tenía muchos amigos, revelando varios secretos.

Con respecto a esas definiciones determinantes del sacerdote, muchos recordaron entonces que, curiosamente en 1988, el Vaticano emitió un decreto en el que advertía que “serán excomulgados todos aquellos que capten o divulguen con cualquier instrumento técnico acontecimientos pasados”.

Una advertencia que, a la luz de lo revelado por Ernetti, fue un claro indicio de la existencia real del Cronovisor, uno de los presuntos secretos mejor guardados del Vaticano.

Todo lo contrario de lo que desde entonces pregonan unos pocos escépticos, quienes han repetido que la determinación de la Santa Sede es totalmente innecesaria si se tiene en cuenta que trata sobre algo que presuntamente jamás ha existido. ¿O sí?

Para más interesados.


Para el que quiera saber más del tema, existe un libro titulado Father Ernetti`s Chronovisor: The Creation and Disappearance of the World’s First Time Machine, que traducido al castellano se titula “El Cronovisor del Padre Ernetti: La creación y desaparición de la primera máquina del tiempo del mundo”, de Peter Kassa.

Este libro explora estas afirmaciones y su autenticidad. La versión estadounidense del libro incluye la supuesta “confesión” de un familiar de Ernetti, que prefiere permanecer en el anonimato, según la cual el propio padre Ernetti reveló la verdad sobre el cronovisor en su lecho de muerte.

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