Las redes sociales y los trastornos alimentarios

Salud 01/12/2016
Ayer se celebró el Día Internacional de la lucha contra los Trastornos Alimentarios. Entre estos males se encuentran la bulimia y anorexia. Virginia Busnelli, Médica especialista en Nutrición explica cómo las redes sociales favorecen que estos trastornos “se contagien”.
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Rede sociales y los trastornos alimentarios

El 30 de noviembre se ha establecido mundialmente como el Día Internacional de la lucha contra los Trastornos Alimentarios, con el objetivo de poder concientizar a la sociedad sobre estas enfermedades que tienen mucho que ver con la percepción que cada uno tiene de su imagen y de su cuerpo y con las exigencias sociales y culturales.

La doctora Virginia Busnelli (MN 110351), Médica especialista en Nutrición y Directora Médica de CRENYF, elaboró un interesante artículo sobre los peligros que los jóvenes corren de “contagiarse” estos trastornos a través de las redes sociales. Lo compartimos.

“En nuestro país crece una profunda contradicción que nos preocupa gravemente a los médicos especialistas en nutrición. A medida que avanza la epidemia de obesidad, los trastornos de la conducta alimentaria se hacen cada vez más frecuentes, afectando enormemente a nuestros adolescentes y cada vez a edades más tempranas.

La anorexia y la bulimia afectan a 7 millones de mujeres y a 1 millón de hombres en todo el mundo. En Argentina, según datos del año 2011 de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (ALUBA), el 37 por ciento de las mujeres entre 15 y 20 años sufre un trastorno alimentario.

Para que se presente un trastorno alimentario debe haber una predisposición psicológica y genética, pero además hay factores protectores y predisponentes. Evidentemente hoy en día aumentan los factores de riesgo marcando un aumento muy significativo de éstos trastornos y apareciendo algunos nuevos que sin duda alguna están muy ligados a lo cultural y lo social.

En el marco de cumplir con los cuerpos deseados, los estándares de belleza y la perfección física aparecen rígidas tendencias como el vegetarianismo, las dietas proteicas, la moda fit, la dieta gluten free, el veganismo, la diabolización de las harinas y distintos tipos de estrategias que son popularmente consideradas para mejorar la salud, pero que terminan poniendo a la comida en el centro de sus vidas. Debido a esta obsesión, se embarcan en fuertes restricciones nutricionales y supresiones alimentarias, eliminan todo lo que no consideran “puro” y algunos siguen normas muy estrictas en la preparación de los alimentos. Se traslada finalmente una vida saludable a un nuevo trastorno llamado ortorexia. Una persona saludable no vive leyendo etiquetas y su objetivo es pasarla bien y reunirse alrededor de una mesa relajadamente sin cuantificar la calidad de los ingredientes, solo quiere comer rico. En cambio, un ortoréxico transforma el acto de comer en un ejercicio intelectual donde no hay espontaneidad alguna cambiando el placer de comer rico por comer correcto o apropiado, necesitando muchas veces hasta fotografiarlo y compartirlo en las redes sociales. El problema es que creen saber comer y no lo saben, haciendo pública una sugerencia alimentaria como si fuese un consejo nutricional, sin tener la formación profesional necesaria para realizarlo pudiendo también llevar a otras personas a padecer un trastorno alimentario.

Entre los adolescentes las redes juegan un rol importante que les permite ampliar y mejorar las relaciones sociales, acerca a las personas que están lejos y permite compartir experiencias de forma instantánea, algo que antes no era posible. Pero a la vez, en la red existe un vacío legal que permite que lamentablemente estos trastornos “se contagien”.

Se han detectado casos de pacientes que padecen trastornos alimentarios con cuentas anónimas y  usuarios inventados que han encontrado en esta red social el lugar perfecto para compartir sus experiencias (fotos de cuerpos esqueléticos, consejos para ocultar la enfermedad a sus padres, trucos para adelgazar) con otras personas, que quizás están sanas, pero comienzan a identificarse con sus tips y pueden llegar a ser un factor precipitante de estas enfermedades.

De acuerdo a las estadísticas de CEDA (Centro especializado en desórdenes alimentarios), el 90 por ciento de las consultas en su sede son de mujeres, de las cuales el 60 por ciento son adolescentes, coincidiendo con la misma población que hoy maneja su vida social a través de las redes. Estos son datos que deberían hacernos recapacitar y tomar medidas inmediatamente.

Como conclusión podemos retomar las palabras de la Agencia de Calidad de Internet (IQUA) que señala sobre las redes sociales se han convertido en un mundo de “desinformación incontrolada, con falsos mitos y datos incorrectos altamente peligrosos para la salud y para un correcto desarrollo físico y emocional” y que “promueve auténticas actitudes de riesgo para nuestros adolescentes”

El problema de las regulaciones sobre las redes sociales, es una temática aún pendiente en el siglo XXI, que preocupa a los especialistas, siendo tema de jornadas y congresos en búsqueda de una posibilidad de limitar compartir éste tipo de experiencias patológicas públicamente. Aún no hemos podido acercarnos a una solución real más que generar difusión y educación sobre el tema, transmitiendo el mensaje de que moderar las porciones y aprender a comer alimentos de todos los grupos, es la única manera sana de cuidarnos. Además de aconsejar a los adolescentes a ignorar la rigidez en cuanto a la comida para no sacar el foco de disfrutar la vida y ser feliz.”

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