San Valentín y el amor en los tiempos actuales

Sociedad 14 de febrero
Desde los albores de la humanidad nos hemos preguntado por el amor, por la razón de su existencia, su esencia, y aquellos signos que, como luces en el cielo, nos indiquen que estamos caminando hacia los brazos de aquel ser a quien nos entregaríamos sin siquiera pensarlo en cuerpo y alma.
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Escritores de todos los tiempos, pintores, escultores, fotógrafos, cineastas…han intentado asir en letras, colores y nobles materiales, el torbellino de sensaciones que hipnotizan nuestros sentidos cuando nos sabemos amantes. Sensaciones que se nos escurren como arena fina entre nuestros dedos cuando osamos explicarlas, quizá porque el amor es digno de no ser encadenado en jaulas artificiosas y es mucho más que la suma de todas ellas.

“El amor es el anhelo de salir de uno mismo” dirá Charles Baudelaire, cierto es que nacemos solos, y morimos solos, y ese camino del origen hacia el fin cobra particular sentido cuando caminamos a la par de quien mira en la misma dirección. Ese encuentro de dos almas que con solo mirarse, o al fundirse en un beso, saben todo lo que han callado, supone de algún modo la creación de un tiempo paralelo.

Dirá Borges, en El Amenazado “Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo”. Sabernos amados a pesar de nosotros mismos, necesitados, escuchar nuestro nombre de la boca de ese ser que simplemente atesta nuestro días de instantes de emoción, de plena felicidad… ¿Puede algo tan sublime ser subsumido a una fecha, una celebración rodeada de gestos materialmente fugaces?



Origen de San Valentín y significado actual

Hoy 14 de febrero, las calles serán invadidas por corazones rojos, flores, bombones y tarjetas, gestos masivos que invocan a un cupido, a San Valentín o a dioses de una antigüedad tan lejana en tiempo como sentido. Quizá para algunos resulte insultante pensar en el origen de la festividad, no por los hechos sobre los que no hay total acuerdo, sino por un presente que poco honor hace al amor y sus manifestaciones. Un presente atestado de sociedades que hacen del odio un negocio, del individualismo una religión y de la cosificación del ser humano un arte.

Amar se ha vuelto, en este contexto, un evento revolucionario, un hermoso acto de rebeldía. Sin temor a equivocarme, creo que el mejor tributo para la leyenda en la que elijo situar el origen de la festividad, implica llenar el concepto de necesidad del otro con la inmaterialidad de gestos de compañerismo, de pícara complicidad, pequeñas grandes postales de seres que se animan a trascender la violencia y la corrupción. Solo debemos romper con lo que dictan estos tiempos y confiar en alguien sin miramientos, apostar a que podemos ser mejor persona de lo que somos hoy, sonreír con el aroma perdurable de un perfume en la ropa, y hacerle un guiño al destino comprometiendo nuestras vidas sin pensar en una fecha de vencimiento.


Y es que San Valentín en la Roma del siglo III, época en la que el cristianismo era perseguido, desafío la prohibición del matrimonio desde un altruismo sin medida. Cientos de parejas se juraron amor eterno frente a él, aun cuando el emperador lo consideraba indebido porque daba a sus soldados motivos para desear volver a sus casas. San Valentín fue decapitado el 14 de febrero del 270 d.C… Su cuerpo se conserva actualmente en la Basílica de su mismo nombre, situada en la ciudad italiana de Terni.

Cada 14 de febrero se celebra en este templo un acto de compromiso por parte de diferentes parejas que quieren unirse en matrimonio al año siguiente.

Hoy somos libres de elegir la medida de nuestro tiempo, sin importar lo que dicte el calendario, pero sabiendo que amar es una acción, que requiere trabajo, que habrá momentos que uno querrá bajar los brazos y todo parecerá oscuro, pero sin perder la fé en que al final del día y de la vida, ese otro se sentirá siempre como nuestro hogar.

Como Alvy (Woody Allen) le dijo a Annie (Diane Keaton) en “Annie Hall” “Eran un millón de pequeños detalles, y al sumarlos todos se veía que estábamos hechos el uno para el otro. Y yo lo supe, lo supe la primera vez que la toqué. Fue como llegar a casa, solo que a una casa que nunca había visto. Y fue al darle la mano para ayudarla a bajar de un auto…y lo supe. Fue como…magia”.

Por: Lic. Ma. Florencia Barcos, exclusivo para InformateSalta

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