Caprichos de Salta: El ciego de las rifas

Cultura 15 de junio
“Caprichos de Salta” es un romance fraccionado en capítulos que muestra el origen fantástico, sobrenatural del funcionamiento de la sociedad salteña. Todos los jueves no te pierdas cada capítulo.
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Salta, esquina de Buenos Aires y Caseros. Faltaban diez minutos para las tres de la tarde. El calor era sofocante, hacía mucho tiempo que no se daba un enero tan seco y ardiente. No tenía nada que hacer por obligación o compromiso, libre de responsabilidades me entregué a la empalagosa dimensión de lo indefinido cortándola  con un café amargo. Descansé la vista, liberándola a la acción de ver sin mirar; la dejé vagabundear a través de la vidriera para que se dé un baño de nada, de vacío, del abismo inmediato de la vereda. Era, hasta ese momento, un día colmado de malas decisiones y  resultados desgraciados. Una lágrima más en el lago no hacía la diferencia y no llegaba a inundación… estaba a punto de tomar otra mala decisión. En la vereda opuesta había un sujeto que atrapaba mi atención: un hombre con un bastón blanco, lentes oscuros, un diario y un libro bajo el brazo izquierdo. Un ciego. No voy a abundar en detalles al describirlo por razones que ustedes sabrán entender a medida que avance el relato. El invidente levantó su rostro al cielo como lo hacen los perros  cuando buscan un aroma seductor a la hora que las tripas hacen ruido;  buscó orientación, giró e inició su marcha por Caseros hacia el levante. Decidí que necesitaba saber quién era ese tipo y que hacía. Salí y lo seguí. Caminó unas seis cuadras y entró en un lugar que, obviamente, no voy a precisar. Mi vuelta fue  invadida por una inquietud urgente, tanto fue así que asfixiaba tanto como el calor de la siesta.

Durante tres semanas le hice la guardia al ciego; a las tres de la tarde; en la esquina de Buenos Aires y Caseros y lo siguiéndolo por esas seis cuadras, de su habitual recorrido, hasta el lugar donde ingresaba casi furtivamente. Recolecté algunos datos y amplié el circuito de la investigación Las tres semanas siguientes también lo seguí por los bares y restaurantes que frecuentaba. El tipo vendía rifas, billetes de lotería y otras modalidades de juegos de azar. Un  día, mientras lo seguía de cerca, casi a la par, con más audacia que de costumbre, lo vi piropear a una mujer en una encrucijada desierta. Le dijo “¡Si pudiera verla, cuánto más linda sería la vida, tan linda como usted!”. Por cierto, no iba a ser esa la única mujer halagada. No fue asombroso, sólo fue un elemento más, entre tantos otros, que hacía a mi sospecha mutar a certeza;  pero el origen de mi curiosidad era que nunca dejaba de hacer su último trayecto del día sin llevar, bajo el brazo, el diario que compraba en la esquina del Hotel Colonial.

Un día decido abordarlo, después de seguirlo en su recorrido por los bares y cafés donde iba a vender los juegos de azar, me siento a la mesa donde tomaba un café con leche con un “sangüi de miga”. Me acerco y le digo al oído:

-¿Me vende una rifa?

-¡Cómo no, changuito! Lo estaba esperando… jeje. Hace más de un mes que me sigue y parece que no se ha aminao a comprarme antes. ¿Es tímido usted o medita mucho sus decisiones? Raro, che ¿Usted se hace el opa por algo en especial?

- Sospecho que usted ve más de lo que se supone y se hace el opa mejor que yo.

-¡Bueno, si usted se hace el opa y yo también, entonces hagamos una sociedad, pué y engañemos al resto de la gente! ¿Qué le parece? Dígame por qué me sigue ¿está enamorado de mí?

-Me llena de curiosidad un ciego que lleva siempre un diario bajo el brazo y piropea mujeres por la calle.

-¡Eso no significa que lea diarios o vea mujeres! El diario se lo llevo a alguien y a las mujeres las detecto por el perfume.

- Lo del diario es posible pero lo de las mujeres no. He observado que todas las elige rubias, de mediana edad, caderonas y clase media. Hay un patrón…

-Ha visto como son las mujeres de hoy ¡Se pone de moda algo y lo usan todas! ¡Qué culpa tengo si las rubias usan el mismo perfume!

-¡Usted es un timador!

-¡Usted un metido! Dígame ¿A qué se dedica joven?

-Soy periodista

-Vigilante sin gorra. Jeje. Dígame ¿Va a publicar este incidente?

-Probablemente

- Usted y yo podemos ser socios, sabe .Hagamos un trato. Yo conozco mucha gente, muchas… digamos… cosas… yo puedo proporcionarle algún material… y usted, a cambio, me puede asistir en algunas cuestiones…

- ¿Por ejemplo?

-Algún material de lectura… digamos… específico… no es para mí, claro está… es para un amigo al que ayudo en su desgracia…

-¡Hecho! ¿Qué libro quiere que le consiga?

-Die Chymische  Hochzeit  Des Christian Rosencreutz 

- Su amigo es picante… eh!

-“Un Miracielo”

Supe al instante que me había metido en problemas serios… por opa

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