Caprichos de Salta: Las flores con perfume siempre traen espinas

Cultura 06/07/2017
Salta está lleno de caprichos salteños, todos ellos recorren cada uno de los rincones del centro de la ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas la cuarta entrega de la ficción de InformateSalta.
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Mientras va desapareciendo la gente de la Plaza 9 de Julio, se empiezan a ver algunos caprichos salteños.  En el extremo oeste de la recova del Cabildo, casi llegando a la plazoleta Cuatro Siglos, Viborita, el lustrabotas  estrella del centro, bate palmas al ritmo de un paso doble que sale de su radio.

Un  extraño sujeto con un sombrero de cuero cruza la plaza al grito de ¡Viva Cristo! ¡Macri gato! ;  un changuito que vende medias y gorros de lana ofrece la mercadería a unas turistas porteñas, que le sacan fotos a todo, mientras gritan como una bandada de loros viejos. Alguien me toca el hombro, giro y encuentro a una niña, vendedora de rosarios y estampitas, que me dice:

- Buenas tardes, Don. Me manda el Jorge a decirle que lo espera en la florería de Urquiza y Pellegrini. Entre y pida “flores con perfume”… ¿Me compra un rosario, Don?...

-Sí, como no… yo te lo pago y se lo das al hombre aquel: El que grita viva Cristo.

Le pago el rosario a la criatura, doblo en la Florida hasta tomar Urquiza y avanzo hasta Pellegrini. Llego y me meto en el primer pasillito vociferando “Necesito flores con perfume”. Entonces, desde el fondo, entre rosas y amapolas,  se escucha al Ciego de Las Rifas contestar “Esas flores siempre traen espinas”.

-Buenas tardes, Siryab, venga al fondo que le quiero presentar a alguien.

Voy  en su busca, atravesando un sendero bordeado por tachos con flores, sufriendo  el ensordecedor volumen de una cumbia santefecina vieja que suena en la radio.  Pateo un tacho, salpica agua, me sobresalto. Llego al final, me ofrecen un banquito para sentarme.

-Sentate, muchacho. Te presento a la Yany.

La Yany sonríe, me da un beso y desliza un simple “Es un gusto”. Ella es una mujer de unos veinticinco  años, caderona, bonita, de rasgos árabes y labios carnosos. Exhibe generosamente un busto ayudado por un corpiño armado y eleva su estatura breve con las botas de Kiss. Usa aros multicolores grandes y de plástico; unas ruidosas pulseras la transforman en un cascabel. Su mirada  es inquieta y amigable.

-Yany, hablá nomás… con confianza… el Sr Siryab es mi secretario. Vos, chango,  andá tomando nota.

Yany  reacomoda sus posaderas en el banquito como si quisiera meter todo  aquello que ya no entra y empieza a hablar.

-Bueno… el viernes… a la noche…  en el estacionamiento de la Legislatura vi a una mujer cambiar de auto…

-Sea específica m´ija, métale con confianza… no va´a anda´ eligiendo las palabras ahora… será de Dios… pue. – El ciego dijo fastidiado, mientras golpeteaba el bastón contra un tacho-

-Bueno, la esposa del Diputado… ese… usted sabe… se metió en la camioneta del chango ese… el de la…. El de la televisión… dejó su coche y se fue en la camioneta…

-Y vos… ¿Qué hacías ahí, nena? –pregunto Jorge como para sumar datos que la mujer no quería dar-

-Bueno… estaba en la camioneta del senador…

-¿El pelado? – Buscó confirmar, el invidente-

-No. –Respondió escuetamente Yany, sin ganas de dar más datos-

-Bien… Espero que no andes regalando nada… Cobrá bien. El trabajo bien hecho se cobra bien… y… decime… a la fulana esa… ¿Te la cruzaste en algún telo… alguna vez?

- Uuuuh! Un montón de veces… siempre con distintos… distintos hombres.

-Listo Yany. Andá yendo… es todo.

La mujer se levanta, se acerca a mí y me besa para despedirse. Me mira fijo a los ojos y me deja un dulce “Fue un gusto”. Devuelvo la mirada y empardo con un “igualmente”.

El ciego Jorge me toca la pierna y me dice, una vez que ella salió por el pasillo:

-Buena china, la Yany. Lástima el perfume que usa… fuerte… muy fuerte. Hediondo como pocos.

Era verdad, nomás… las flores con perfume siempre traen espinas…

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