Maternidad subrogada: Sobre las necesidades de unos y los miedos de otros

Opinión 15 de julio
Los diarios se atestaron de casos, instancias judiciales en proceso, opiniones de especialistas en fertilización asistida, y de abogados que intentaban explicar el nuevo Código Civil. Los dilemas éticos y jurídicos.
alquiler de vientres

En el verano del ´75, la revista Gente reunió, a dos grandes de los más eximios exponentes de la literatura argentina. Según cuentan las crónicas de la época, no fue fácil, pues Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato, amigos alguna vez, llevaban dos décadas no sólo sin hablarse: dos décadas de franca enemistad por razones políticas. A lo largo de una mañana inolvidable, en el devenir de un dialogo por momentos heterodoxo, pusieron sobre la mesa un tema hasta hoy mencionado al pasar, en contextos de resistencia solitaria o minoritaria a la fugacidad; tan poco situado y debatido. 

Conversando sobre el pasado, y las charlas que emergían de aquellas tertulias, de las cuestiones que los preocupaban y ocupaban, Sábato afirmó: “Sí. Tocábamos temas permanentes. La noticia cotidiana se la lleva el viento. Lo más nuevo que hay es el diario, y es lo más viejo al día siguiente.” Borges, con su sarcasmo nato, dictaminó; “Claro, eso está escrito para ser olvidado. Nadie piensa que deba recordarse lo que está escrito en un diario. Ellos mismos se encargan de borrarlo al día siguiente. Eso no puede ser muy importante, ¿no? Un diario, digo, se escribe para el olvido, deliberadamente para el olvido.”

Pasaron 4 días, de aquella noticia que emergió para recordarnos las necesidades de unos y los miedos de otros. En un fallo que tildaron de inédito, la jueza de Familia de Viedma, María Laura Dumpé, autorizó que una mujer, amiga de la pareja, sea la portante de los embriones logrados a través de técnicas de reproducción asistida -in vitro- y a partir de óvulos de una donante anónima y del esperma aportado por uno de los integrantes de una pareja homosexual. Los diarios se atestaron de casos similares que corrieron con mejor o peor suerte, instancias judiciales en proceso, opiniones de especialistas en fertilización asistida, y de abogados que entre líneas intentaban dar cuenta de los motivos por los cuales los diferentes proyectos gestados en el marco de la conformación del nuevo Código Civil fueron abortados por dilemas éticos y jurídicos.

Al vacío legal existente, que se menciona de soslayo, a sus causas que se omiten especificar, como si el límite de los dilemas fueran tan inasibles que se tornaran innombrables, se le sumó la ausencia consciente o inconsciente de debate. La jueza Dumpé decidió en este caso que "corresponde aplicar el principio de legalidad en virtud del cual todo lo que no está prohibido está permitido", y esa es la respuesta lógica al camino que abrieron los legisladores al intentar obturar el tema simplemente con borrarlo del Nuevo Código. Este es el mejor de los caminos, el de la legalidad, la presentación de un deseo ante la justicia, para que ella dirima y vehiculice su concreción en un contexto de vacío legal que multiplica las víctimas y es caldo de cultivo para la reproducción de victimarios. Y nos quedamos allí, en el umbral de un universo que inspira miedos, esos que son la antesala cómoda y perfecta de los prejuicios que paralizan. Hablamos de turbaciones que enceguecen y enmudecen, alteran la posibilidad de un pensar crítico, y que se desvanecen como por arte de magia cuando el titular del diario del día siguiente habla del costo de vida, o de algún otro acto de corrupción en el mundillo político. La distancia irreal ante uno y otro tema, resulta abrumadora con solo pensarla; la conversión de la sociedad lectora en mera espectadora claramente aberrante.

Perdemos con el diario de mañana volver sobre el sentido de lo humano, sobre cómo las palabras crean mundos, y de qué manera habitamos en ellos. Derramamos en el fango puritano, la posibilidad de aprehender en sociedad lo que queremos para el futuro, y lo que no es materia de negociación. Dónde empiezan y dónde terminan los derechos de las parejas que ante la imposibilidad natural de ser padres, buscan en las nuevas técnicas de reproducción asistida un salvoconducto; cuáles son los derechos de ese niño por nacer, cómo se define su derecho a la identidad y de qué manera la sociedad toda creará las herramientas para resguardarlo. Cómo el concepto de maternidad subrogada, palabras que amenizan el coloquial “alquiler de vientres” no logra escapar al inaceptable riesgo de la cosificación de la mujer y del bebé al circunscribirlos a celdas semánticas como “madre portante” y “embrión portado”. La idea misma de “gestar a préstamo” abre la puerta a mucho más que el altruismo, sellando un sentido de intercambio donde en principio, resulta inevitable caer en la objetivación de los sujetos de derechos.

Les debemos el debate, a ellos, a los niños por nacer y a los nacidos que hoy pelean por su identidad, que vinieron al mundo inmersos en el círculo vicioso entre el deseo irrefrenable de sus padres, el vació legal, y las consecuencias de, pese a ello, haber decidido concretar su sueño cueste lo que cueste en el sentido más complejo del término. En el mundo se está hablando sobre los condicionantes, cómo afectan si es que puede demostrarse afectación alguna ya no solo del niño y de la madre que lo llevará en su seno, sino también la de los entornos familiares de uno y otro lado, hijos, esposos, etc.

Claramente la realidad hoy desborda lo pensado y, para algunos sectores, lo deseado, si creemos que el correr de las noticias hará desvanecerla, como la simple omisión del tema en la legislación, seguiremos viviendo en un mundo paralelo acechados ya no por riesgos potenciales sino reales, como la explotación de mujeres, la mercantilización de los sujetos, y todo el universo de prácticas ilegales que suelen emerger, con una velocidad inusitada en contextos de vacío como éste.

Debatir, poner sobre la mesa sin tapujos, chicanas, ni prejuicios las diferentes aristas de un tema complejo, que hoy el mundo entero debate en mesa de expertos, es la única noticia que quizá logre realmente perdurar, pues se trata de uno de esos temas que el autor de Apologías y Rechazos (1979) llamaba permanentes. Los fallos, y sus críticas mendaces, son solo la respuesta inmadura de una sociedad que sigue viendo su futuro y el de sus hijos como espectadores, frente a la fugacidad de la noticia, y la creencia en la irrealidad de aquello sobre lo que no se habla.

Por Lic. María Florencia Barcos para InformateSalta

 

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