Caprichos de Salta: La caja de hueso

Cultura 03/08/2017
Salta está lleno de caprichos salteños, todos ellos recorren cada uno de los rincones del centro de la ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas la sexta entrega de la ficción de InformateSalta.
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Es raro. Nunca me pasa… nunca me apetece desayunar algo dulce… pero hoy tuve ganas de comer chocolate. Atravesé la mañana con los mismos fastidios de todos los días y salí a la calle. Me metí en la confitería del Hotel Victoria Plaza; abrí la máquina y me puse a escribir todo el material que tenía amontonado en la cabeza. Después de un rato aparecen por mi mesa Héctor y Pedro; charlamos a las corridas apurando un café negro, fuerte y peronista para volver a nuestros compromisos cotidianos. Sigo tecleando relatos  y  ordenando datos para más historias. Después de atravesar el cenit que parte al día en “temprano y tarde”, cierro la computadora y salgo a la calle. Camino por Zuviría hacia la calle Caseros, cruzo en diagonal para ir al kiosco de diarios de mi amigo Jorge… y me encuentro con el otro Jorge, el ciego. Parecen tener un diálogo íntimo. Sin levantar sospechas me acerco a los dos y digo:

-¡Suerte es la mía! Dos Jorges de un solo tiro…

Los dos lanzan un alarido con mi nombre:

-¡Siryab!

- ¡Dos Jorges tejiendo en plena calle! ¿Qué trenza están haciendo?

Jorge, el canillita, me mira con cara de incomodidad y desconcierto pero no pronuncia palabra alguna; el otro Jorge, el ciego, toma la delantera y lanza la primera bola:

-¡Qué casualidad que cuando lo necesito… lo encuentro, querido amigo cagatintas! No se enoje… es una broma ¡Usted sí que tiene olfato periodístico!

- Gracias Jorge, usted sí que tiene buen ojo para descubrir talentos… ¡No me diga que mi amigo “El Jorge” es de su  selecto club de mercaderes mágicos!

-¡Le ha atinado, mi buen Siryab!

-¡Le dije que no me dijera!

-Bueno, che, dejen de cascotearse que no son ningunos palomas… - intervino el Jorge de los diarios con algo de fastidio-

-Tiene razón tocayo. Vayamos a lo nuestro. Mire Siryab, acá tenemos algo para mostrarle. Es algo muy valioso.

Entonces del fondo de diarios, libros y revistas surge de la mano del canillita, una caja  negra de unos cuarenta y cinco centímetros por treinta, aproximadamente. Algo parecido a una de esas que guardan óleos, paletas y pinceles. El ciego la toma y la guarda en una bolsa negra con un bordado que parece una planta desraizada, aunque también  sugiere una letra hebrea. Entonces subimos a un taxi y salimos de la plaza por Zuviría hasta Güemes y bajamos en la esquina de 25 de Mayo. El ciego golpea en una puerta vieja con un cartel que reza “El Trueque”. Desde adentro preguntan en clave: “¿Cuántos viajes has hecho y que has traído para vender?”; a lo que  Jorge contesta  “tres viajes y traigo sal, oro y mandarinas”

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Entramos entonces y nos recibe un sujeto alto de nombre Hugo. Nos presentamos y el ciego se quita los lentes para mirarme con el único ojo que aún le sirve a tal fin. Me impresionó. Me pareció ciclópeo. Saca la caja del saco y la golpea tres veces mientras me dice:

-Setim, buena madera… y adentro es toda de hueso… pequeñas láminas de huesos humanos. La caja de hueso.

Le hace un ademán a Hugo y éste le da una pequeña llave dorada. Jorge abre la caja y toma un hermoso y maltratado libro con una inscripción en hebreo y otra en árabe antiguo y el pictograma de una llave. Su traducción, me dicen, es:

“¿Cuál es la lleve que abre los misterios de este libro? Una lengua bien puesta ¿Dónde está esa lengua? En la caja de hueso… y en la memoria del Rebis”

-¡Mierda! ¿Qué carajo es esto?

-“El Libro de las rutas y los reinos”, el libro más antiguo de geografía administrativa. El libro de los Radhanitas.  Es información que empezó a registrarse en el siglo III a. C. y acabó en siglo IX d.C. EL RECOPILADOR FUE EL GLORIOSO HERMANO IBN KHORDADBEH! –Grita el ciego, con un entusiasmo muy parecido a la locura-

-El libro es imposible de leer, está en clave. Esa clave está basada en el árabe antiguo. Algunos pasajes están en arameo pero escritos con una lógica que ignoramos. –Aclara Hugo destruyendo sueños y profundizando el misterio-

Me dan de beber té y me confiesan que me han traído hasta ahí para iniciarme. El ritual es sencillo: me venden tres mandarinas por mil pesos. Les digo que eso no es otra cosa que una estafa. Se ríen y asienten. Entonces el Ciego me dice:

-Siryab no sea boludo! ¿Cómo se piensa que comenzó la civilización, las creencias y el mercado? ¡CON UNA ESTAFA! La estafa lo explica todo… ni siquiera es necesario saber que dice el libro. El setim o shitim traducido del hebreo es un verbo que significa Engañar. Métaselo en la caja de hueso… no lo olvide.

Menos mal que desayuné dulce… porque el sabor amargo de la tarde ha sido demasiado…espero, también,  que las mandarinas no estén agusanadas o demasiado agrias.

 

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