Caprichos de Salta: La Escondida

Cultura 10 de agosto
Salta está lleno de caprichos salteños, todos ellos recorren cada uno de los rincones del centro de la ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas la sexta entrega de la ficción de InformateSalta.
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Necesito creer en algo, dice, mientras se acomoda los lentes, la bella morocha que reparte volantes en la esquina de Alberdi y Alvarado. Sonríe y entrega volantes con implacable eficacia. Todos los agarran, los agradecen y los leen. Ella es “ese algo” que necesita, la gente cree en ella y toman lo que ofrece sin dudar. Ella es lo único que necesita: Su verdad… y  la lleva escondida en el corazón… ya se va a dar cuenta, pienso mientras me alejo con el volante en la mano y su sonrisa en la mía.

Camino hacia el sur por la peatonal y dobló en la calle Urquiza. Me dirijo al mercado San Miguel, voy por una de mis pasiones: El queso de cabra. Lo compro en el puesto de Betty, uno de esos que dan a la vereda. El sol alumbra maravillosamente la mañana. Salta por las mañanas es una niña bella que se hará mujer al atardecer y morirá de amor por la noche.

-¡Hola Betty! Vengo por mi dosis.

-¡Hola Chango! Mirá, justo me acordaba de vos. Acá, abajito  te tengo escondido un quesito como a vos te gusta… cremosito.

-¡Hermoso, Betty! Gracias, nos vemos la semana entrante, cuando venga  a buscar  otro “cremosito escondido”.

-¡Meta, Chango! ¡Que andés bien!

-Pórtese bien, Betty, deje de putear a la gente.

-¡No puedo pue! Es mi estilo.

Camino hacia la esquina, hacia la 20 de Febrero, un taxi me intercepta y una voz me ordena “Suba, Siryab, métale que el tránsito no espera”. Subo, obedezco sin pensar. Miro al conductor; el conductor me mira por el espejito retrovisor ¡El ciego Jorge es el que maneja! Sin los lentes negros y haciendo pleno uso de su único ojo bueno…

-¡Jorge! ¿Qué hace manejando? ¡Y sin los lentes! ¡Todos se van a dar cuenta de su farsa!

-¡Puta que sos opa, Siryab! ¡No ves que estoy de incógnito! Estoy haciendo como que veo… jajaja. ¡Estoy escondido detrás de un ojo! Jajaja. Te voy a llevar a ver a la Escondida ¡La santa Escondida! Vas a ver que linda es.

-¿De qué me está hablando?

- Mientras viajamos te voy contando, vamos a salir de la ciudad… un rato.

Salimos de Salta Capital  y nos vamos a La Merced. Mientras manejaba, Jorge me contaba la historia de La Escondida.

-Vamos a ver a “La escondida”.  Ella es la Protectora de las mujeres rebeldes, las postergadas y las negadas. Antes… a las mujeres que se embarazaban antes de casarse, las escondían. A las mujeres que dejaban a sus maridos, las negaban, eran invisibilizadas. Las mujeres que amaban a otras mujeres eran desterradas.  A las mujeres infieles, las mataban. A las ateas las expulsaban y a las mujeres que se entristecían por no poder escapar de sus vidas miserables,  las encerraban en hospicios. A las  chinas bravas había que esconderlas vivas o muertas. Así se hizo esta historia que es mucha historia para la historia misma…una vida que vive y no termina de nacer en el interior de nuestras vidas.

Llegamos a una casa de adobe muy vieja, rodeada de árboles y flores, en el borde de un barrio pobre. Entramos a la casa. Todas las habitaciones están vacías y a oscuras, el piso es de tierra.   Cruzamos toda la vivienda hasta la última pieza. Ahí, en ese lugar, hay  un hoyo en el suelo que  está rodeado de velas. Dentro de ese hoyo hay una figura de madera de una mujer en cuclillas; está abrazándose a sí misma, tiene el cabello muy largo sobre sus espaldas, está desnuda y mirando desafiante hacia el frente. La imagen es delicada y bella, muy india. La madera es oscura. El silencio es dulcemente doloroso… aquí las chinas bravas se enorgullecen de su derrota y se comprometen a sostener la lucha hasta que la luna deje de morir de amor por el sol y vuelva a ser el ojo de Sejmeth, de Mama Ocllo… de Diana.

El ciego me dice en voz baja

-Esta es una fe oculta, una tristeza chúcara que aún no ha buscado venganza… Es como la sabiduría… es para poca gente. Los rencores, las injusticias, las tristezas de Salta son un capricho colectivo callado penosamente. Dicen que cuando queden saldadas esas deudas, La Escondida se va poner de pie y va a salir caminando hasta llegar a la Catedral; allí, los mismísimos Virgen  y Señor del Milagro la llevaran al Altar junto a ellos. Dicen, también, que la Pachamama guio la mano de la mujer que la talló. Esa mujer maltratada  mató a su marido y se escondió en una cueva durante siete años y más. No sólo no se dejó atrapar sino que dejó su legado de orgullo y libertad… dejó el venenito… ahicito nomás…

-Usted no puede creer eso… o ¿sí?

- La gente tiene el vicio de creer en algo siempre, Siryab… Es el método del Señor… mientras  crean en algo  y lo veneren…  no sucederá jamás… la ilusión es una celda confortable… La desilusión, en cambio,  es un viento demasiado fresco para quien se ha acostumbrado a estar bajo las cobijas. La rebeldía a pequeñas dosis evita la ardiente revolución.

-¿Usted de qué lado está, Jorge?

-Yo no estoy de ningún lado, yo trabajo de observador… algo parcial, en ocasiones… No se olvide que solo tengo un ojo y, a decir verdad, puesto a elegir veo lo que más me conviene… debo administrar mi energía… Mi campo visual está restringido.

Salimos de ahí, el día se fue en un abrir y cerrar de ojos, cae el sol y Salta se hace mujer;  volvemos sin hablar… ocultando todas nuestras palabras en nuestros corazones… lo hacemos para buscar nuestra verdad escondida…

 

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