Funexpo: la inédita muestra funeraria realizada en Mendoza

Nacional 07/09/2017
Por primera vez se realiza en Mendoza una muestra que reúne a los distintos sectores de la actividad funeraria del país.
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Una disposición casi simétrica de ataúdes y herrajes, urnas funerarias prolijamente acomodadas, imponentes hornos crematorios, carrozas estacionadas en el centro, una barra de comidas y bebidas -con su correspondiente heladera- ambientadas como dos cajones y un incesante intercambio de tarjetas personales y teléfonos.

Por primera vez, Mendoza es sede la Funexpo, un encuentro internacional del que participan más de 280 empresarios y trabajadores vinculados al rubro del país y del extranjero, quienes aprovechan no sólo para mostrar los frutos de su trabajo sino también para estrechar vínculos con las empresas complementarias a su especialidad.

“Es una feria de exposición de arte funerario y afines, donde se exhiben los distintos servicios. Uno de los que más fuerza tiene actualmente es la digitalización, ya que hoy se utiliza mucho la cartelería digital en las salas funerarias en reemplazo de toda la cartelería que antes era tradicional”, indica el empresario Jorge Guzzo, del grupo Flores San Miguel, uno de los organizadores de la feria.   

Más allá del difícil contexto económico nacional y global, la industria funeraria no parece ser un sector golpeado. “La actividad ha aumentado notablemente durante los últimos años. Se trata de una cuestión lógica, porque la población crece con mayor rapidez y también sube la cantidad de muertes”, destaca Guillermo Calderón, de la fábrica de herrajes para ataúdes Calinyet.



“Durante los últimos años ha crecido mucho la demanda. Cada juego de aluminio incluye 8 piezas y un crucifijo para los ataúdes, y esto cuesta cerca de 1.000 pesos. Pero si antes vendíamos unos 1.000 juegos, hoy estamos en el orden de los 3.000 en el mismo lapso”, resume este trabajador que lleva ya 50 años en una de las empresas referentes del oeste argentino. 

En la misma sintonía, Juan Spinelli -de la fábrica de ataúdes que lleva su apellido- coincide en que la crisis tampoco se siente en el rubro de los cajones.

“Hay como ciclos que evidencian que cada 4 años se registra un aumento o un descenso de la mortalidad. No hay una explicación científica, pero es lo que demuestra la experiencia”, resaltó el experimentado fabricante, quien destaca que los ataúdes fabricados con madera de pino son los que más se venden.

Tanto Calderón como Spinelli reforzaron la tradicional teoría de que en invierno hay más muertes. “Entre mayo y noviembre es el período en que más gente muere, y en esto tienen que ver mucho las neumonías u otras enfermedades respiratorias. Con el calor se calma un poco, y de ahí viene la frase que dice que si pasás agosto, pasás el año”, sintetiza Spinelli, y agrega que en verano “también la muerte se toma vacaciones”.  

Desde hace años hay un debate instalado para ese momento en que la vida llega a su fin, y que tiene que ver con el “destino final” de los restos de un fallecido.

Por un lado, está la tradicional sepultura en cementerios o parques de descanso, que permite incluso visitar periódicamente la tumba del ser querido y acarrea también la necesidad de contar con una parcela en estos predios y mantenerla. Por el otro -y que ha tomado mayor protagonismo en los últimos años-, está la alternativa de la cremación.

Desde su experiencia como fabricante de ataúdes, Spinelli observa que esta última cada vez tiene más adeptos: “Van decreciendo los velorios tradicionales. Incluso, con el crecimiento de la cantidad de crematorios cada vez es más común que la gente vele a sus familiares por unas horas y luego los cremen. Principalmente porque no tiene los costos de mantenimiento que tienen los cementerios. Claro que todavía están aquellos que prefieren seguir con la tradición y velar al familiar durante todo un día, para luego darle sepultura”. 

La empresa Shengtai también participa de la Funexpo y su rubro está estrechamente vinculado a la incineración. “Hay una tendencia mundial de inclinarse por la cremación. Porque es económico -la tierra tiene altos valores- y es ecológico. De hecho, hoy la mayoría de las personas de 30 ó 40 años ya tienen en claro que quieren ser cremadas”, destaca el representante de la firma, Ricardo López de la Calle.

No obstante, considera que la cremación no va a sustituir el ritual de despedir a los muertos. “La pompa y el servicio fúnebre no van a desaparecer, lo que cambia es el destino de los restos. La cremación es una alternativa a la sepultura”, indica el empresario, quien resalta que la tendencia es que de aquí a dentro de 10 años, 80% de los fallecidos tengan destino de cremación.

Más allá de la tendencia que parece inevitable hacia la cremación, en el rubro funerario no todos coinciden en que este procedimiento reemplazará a la tradicional sepultura. O no lo hará en el corto plazo, al menos.

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