Caprichos de Salta: El lustrabotas de Dios

Cultura 14/09/2017
Salta está lleno de caprichos, todos ellos recorren cada uno de los rincones de nuestra ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas la décimo tercera entrega de la ficción de InformateSalta.
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-¿Qué es un misterio? -Le pregunta el Ciego Jorge a Mingo Lima, un lustrabotas entrado en años con el porte de un aristócrata renegado-

-No es otra cosa que un grupo de personas hablando de algo que la mayoría ignora o no entiende –responde con extraordinaria precisión, el viejo-

Nadie espera escuchar un diálogo así entre dos sujetos pobremente vestidos y dedicados a trabajos informales; dos pobres ciudadanos que, suponemos, apenas  subsisten y desconocen las artes clásicas y la angustia existencial de los intelectuales. Bueno, señores y señoras, este dúo es un perfecto misterio para ustedes y para mí. Ellos saben demasiadas cosas que todos nosotros ignoramos o no entendemos. Ellos, por estar fuera de nuestras ridículas convenciones, transitan  demasiados lugares que nosotros ni imaginamos. Ellos son algo más que usted y yo, por mucho.

Continúa el diálogo…

-¿Qué es un milagro?

-Un suceso que no tiene explicación. Algo naturalmente imposible.

-Un grupo de dioses que haciendo boludeces que los hombres no entienden…

-jajaja Algo así.

-Cuéntele, Don Mingo, al compañero Siryab la historia del Lustrabotas de Dios.

-Meta.

El viejo junta las manos como para una plegaria y pierde la mirada, en quién sabe dónde, buscando las palabras justas y perfectas para armar un bonito relato:

“El Dionisio Chuchuy supo ser un chango respetado en Salta. Raro, muy leído, un perro verde, audaz para su época… cruzaba límites con facilidad. Estamos hablando de… antes del año 1930, en Salta para esa época no existían ni las novedades ni la vanguardia; le digo más: el sol todavía giraba alrededor de la tierra.  Algunos han dicho, y lo han dicho durante mucho tiempo, que el ñaño era salamanquero… no sabría decirle eso… Mi tata lo sabía ir a ver seguido, se hacía lustrar al pedo nomás… para charlar durante horas de no sabemos qué. Dicen que  Dionisio era bueno para los consejos y muy sabio para tomar decisiones… pero… usted bien sabe, la vida se ensaña malamente con quienes mejor se entienden con las desgracias ajenas… La vida se lleva lejos al que sabe ayudar; lo hace para que los cristianos sigamos pagando algo que ya no sabemos qué es y el precio es alto, mi amigo. El precio es entregar gran cantidad de felicidad sin murmurar un quejido ni hacer una mueca de descontento.

Fue durante un Milagro… Entre unos peregrinos vallistos venía una chinita hermosa… ¡Hermosa!  Cruzada con turcos, parecía… con unos ojos negros como pedazos de noche sin luna… una locura de mujer… y fue su locura nomás…

Lo tuvo loco durante dos años, la esperaba para cada Milagro ¡Bobo lo tenía! ¡Qué bicho opa es el cristiano alzado!...Hasta que al tercer año, la china no vino ¡Hubiera visto como estaba el Dionisio!

Mientras iban llegando los peregrinos de los Valles, el Dionisio la buscaba y peguntaba por ella… Nadie la conocía, che. Nadie nunca la había visto… ni por nombre ni por descripción… nada…

Triste andaba el chango, hasta que dos días después del Milagro del año ´30 se fue a buscarla. Antes de salir, dejó su cajón de lustrar a los compañeros del rubro con sus cositas… unas pocas…les dijo que  lo escondan en algún lugar de la plaza y que para el próximo Milagro lo saquen… porque iba a volver. Nunca volvió. Los compañeros, tiempo después, recorrieron los valles buscando tanto al Dionisio como a la mujercita… y nada… nadie nunca los hubo visto ¡ni en sueño!… como si jamás hubieran existido…

Ahora, cada Milagro, por las noches, los lustrabotas sacan de su escondite el cajón de Dionisio, esperando que aparezca… Salta nunca volvió a ser la misma sin sus consejos y sus bendiciones. Dicen que el Señor se lo llevó… para que le charle y le aconseje cuando no entiende que puta pasa por la cabeza de la gente… que estamos tan idiotas… tan mezquinos. Dicen que si el Tata no nos ha hecho cagar todavía es porque el Dionisio lo habla y lo calma…”

Pocas historias, de las tantas que me han contado, me han dado ganas de creerlas como a esta.

 

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