Caprichos de Salta: La Rotonda

Cultura 07 de diciembre
Salta está llena de caprichos, todos ellos recorren cada uno de los rincones de nuestra ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas la vigésima quinta entrega de la ficción de Javier Camps en InformateSalta.
abuelas - amparo

“La tristeza asumida mejora a la gente. La tristeza de adentro, no la de afuera. La que viene de afuera ofende y subleva… es hija de la injusticia y la mezquindad. La tristeza propia es la melancolía; la  del ángel caído; la del artista, la del mago que ve su dolor antes del golpe; la del dios que reniega de la eternidad… ¡Cuánta tristeza sentimos al dejar el cálido y nutritivo útero! Ese hecho es el big bang de la tristeza. No recordamos ese momento, sólo estamos sentenciados a sufrir la amargura de sus réplicas durante toda la vida. Quienes logran  interpretar esto, son capaces de domar tormentas y de acariciar jaguares y yararás” Esta es una consideración con rango de verdad que me deja una mujer pequeña, huesuda, de cabello gris,  zapatillas de invierno marrones con pompones  y delantal con pechera; abrazando el mate contra el pecho, clavando la mirada en algún lugar que yo no puedo ver, sentada sobre una piedra blanca y grande. Ella es la Abuela Amparo, la abuela de todos.

Esta venerable anciana de piel curtida y ojos de color violeta cuida de “la gente triste de adentro”, los melancólicos. Los cuida para que no se vayan demasiado temprano. Esta mujer les pone señuelos  para mantenerlos entretenidos en la vida… una obra de arte, un proyecto urbano, la construcción de una idea, un amor… o  lo que sea para que estén ocupados. También recurre a la estrategia de ponerlos en una rotonda y obligarlos a dar vueltas hasta decidir entre cuatro salidas. Esta última opción es la más usada por Amparo, ya que son pocos los artistas prolíficos, los magos eficaces y los ángeles con alas rotas. Una simple encrucijada conlleva una quietud peligrosa, una rigidez demasiado dolorosa e insoportable que apura el nacimiento de una decisión equivocada; en cambio, la rotonda implica un movimiento y, por consiguiente, una acción que involucra al cuerpo en el arte de la flexibilidad, un ritual que calma la angustia congénita. La Rotonda no es más que un círculo del que se desprenden cuatro caminos curvos; si se viese desde el cielo nos parecería ver cuatro números  seis  compartiendo la circunferencia que les da el cuerpo. A la rotonda se accede por una camino recto. La combinación de esa recta más la rotonda con los caminos curvos da un geoglifo, como los de Nazca,  similar a una flor gigante cuyos pétalos  parecen girar en sentido de las agujas del reloj formando un remolino que la vista no puede abarcar. La rotonda está en el centro de un pequeño valle escondido al que se llega en compañía de Amparo o no se llega nunca.

Sentencia Amparo: “los melancólicos si se quedan quietos agonizan, se secan o, lo que es peor, enferman y hacen daño. Yo los hago caminar y los hago buscar un rumbo. Caminan por adentro y caminan por afuera. No todos pueden mirar por la ventana de su casa y ver el mundo. Algunos necesitan andar… y andar…  Ellos necesitan cansarse sin darse cuenta. Cualquier camino que elijan da lo mismo… los lleva a una rotonda más grande y… a otra más grande y así… hasta que dan la vuelta al mundo en las infinitas rotondas y sus infinitos cuatro caminos. Mientras están ocupados en el viaje mueren en paz; cansados de buscar, caen en un sueño profundo y se duermen con una sonrisa en los labios.” Le pregunto que buscan mientras caminan y, entre carcajadas, me dice: “¡No tienen ni la más puta idea! Yo sí, pero no se los puedo decir. No corresponde. Yo los ayudo a que hagan su camino sin la necesidad de entenderlo… pues, entenderlo no es posible, nunca podrán. La verdad es que sólo mueren tranquilos  cuando logran acariciar a la yarará que llevan enroscada en el estómago y al jaguar que cargan en el pecho sin ser mordidos. El colibrí que les revolotea en la cabeza no jode nunca, es lo único puro que tienen de principio a fin”

Amparo anda por los valles acompañada por un pichón de suri que cuando va a la ciudad se convierte en gato y cuando sube a los cerros se hace cóndor. Los días que llueve, ella es rodeada por sapos y cuando aprieta el calor se enrosca en su cuerpo una serpiente. Ella es la abuela de todos; la que te cuida cuando estás triste y te lleva a la rotonda de la vida para hacerte creer que elegís un camino… pero sólo estas ocupado cansando las tabas para irte a dormir tranquilo. Más no se puede  hacer… sólo sos un animalito más. Me pasa a mí todo el tiempo, después de usar todas las palabras que conozco para hablar o para escribir… caigo en la realidad: Nada es más valioso que el silencio original o el olvido sanador.

Este Capricho está dedicado a mi entrañable amigo Daniel Paganetti, “El Colo”.

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