Historias de vida: De jamón y queso

Sociedad 10 de febrero de 2018
Era una mañana de invierno en la ciudad de Salta. Entre el descontrol del tráfico y el clima desfavorable para terminar trámites personales, decido conocer una de las tantas cuevas gastronómicas de la zona.
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El lugar era un mono ambiente. Lo sigue siendo. Me llamó notablemente la limpieza extrema. Dos mesadas tipo pizzería Guerín , cuatro banquetas de barra en cada una. Un mostrador. Una máquina de café de hogar.

Unos cuadros conmemorativos de The Beatles y  Mick Jagger junto a John Lennon. Una puerta que me imaginaba ser el baño. En la pared, detrás del mostrador una lengua de los Rolling Stone, una frase del Indio Solari. Y mucho rock.

El hombre, cada dos movimientos retocaba con un repasador la zona buscando el brillo perfecto. Delgado, de estatura baja, bigote, rasgos italianos, nariz pronunciada, ojos despiertos, cabello corto y muy escaso.

Vestimenta sobria y junto a ella, colgando un delantal de cocinero. En el escenario principal, unos sándwich con una pinta de fuera de series. Precios moderados por no decir, antiguos. Todos ordenados a la perfección.

En el ventanal del lugar, decía “Joan”. Deduje que se llamaría Juan. O tal vez sea un español, quizás catalán y su nombre sea el mismo del lugar. Las primeras veces de encuentro, el saludo fue muy formal, un tanto frío. Más aún sabiendo que sentía una energía mutua que nos conectaba. Solo había que esperar el momento indicado.

A la tercera vez, me ofreció leer el diario. Allí fue que acepte respondiendo que los emparedados que ofrecía eran adictivos. Que sobre mi obesidad, tendría mucha responsabilidad. Logro sonreír. Visualicé en su rostro, que había pasado por situaciones difíciles, que su vida nunca fue cómoda ni rosada. Pero que tenía mucho carácter, mucha bondad, esa picardía de tipo de calle sin abusar del exceso. Bonachón. Cuando sonaba algún tema movido miraba el cielo como intentando querer volver el tiempo atrás. Bailaba. Bandeja en mano, cantaba y bailaba.

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Sin recetas mágicas

Escribo en pasado pero hoy todo sigue igual. Los productos no son nada complejos, no hay fiambres importados ni panes exóticos,  el vaso de coca cola es el mismo, el café, simple, artesanal, siempre caliente, con la espuma justa, los de jamón y queso un vicio, los de roquefort y jamón crudo, inolvidables. Esta más relajado, eso sí. Después de tantas madrugadas, de rezar y sufrir, de raspar la olla en la cena, cuando no alcanzaba para comer, su hija un día, supo sacar la mejor de sus sonrisas. Ese día me escribió, me citó al lugar. Nunca lo había visto así. Parecía que estaba en el aire, su sonrisa cubría su rostro. No le importó si había producción, si las migas quedaron en el suelo. Me abrazó sin mediar palabras. Sus ojos en charcos me miraron. Solo dijo en voz tenue: ¡Melisa! ¡Melisa!

Su única hija, razón de su vida y de su esfuerzo, se había recibido de Abogada en la ciudad de Córdoba. Cada gota de sudor fue para allí. Hasta su delgadez, su soledad, los dolores de la fatiga tuvieron sentido afectivo. ¿Qué cosas puede llegar a hacer un hombre por amor? ¿Tan así como renunciar a su vida, a sus propios sueños?  

El viejo “Joan” o “Michi” o Juan Rossi, me enseñó de la paternidad. Del amor verdadero. Eso de resaltar la modestia, de subrayar la humildad. De evitar la deslealtad, de perseguir las convicciones para no desviarse. Del ejemple con acciones más que presencia y palabras. Está en la etapa del disfrute. Después de cincuenta años trabajando, el hombre puede comenzar a saborear el gustito de la fruta cosechada.

Siempre anda por la vereda, bandeja en mano pero varonil, o sino en su cueva, de Alvarado 521, con su vicio de trabajar. Por supuesto, sus ojos nunca dejaron de apreciar todo tipo de belleza femenina,como tampoco nunca supo ni pudo dejar la cacería. Pues, después de todo es de carne y hueso, con sus debilidades, sus travesuras. Quizás, en su vida, supo ser, el otro combustible. Brindo por su bondad eterna, por el café cocido a mano, por su energía, por su música, por la amistad, por la soda en sifón y por el jamón y queso, con roquefort. 

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