Caprichos de Salta: El oráculo

Cultura 15 de febrero de 2018
Salta está llena de caprichos, todos ellos recorren cada uno de los rincones de nuestra ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas una nueva entrega de la ficción de Javier Camps en InformateSalta.
carnaval

Después de la segunda ronda de café, promediando la mañana,  el Ciego Jorge me pide que lo acompañe a hacer unas compras por la Calle Urquiza. Cruzamos la plaza  hasta llegar a la peatonal Florida, calle que remontamos hacia el sur. Jorge me lleva en un recorrido minucioso por las casas de cotillón y disfraces. Después de tanto buscar, en un pequeño lugar atestado de artículos festivos, máscaras y serpentinas, el tipo encuentra lo que anda buscando. Los artículos que necesita son un par de anteojos con unos ojos saltones que se desprenden y quedan colgando de resortes multicolores, una galera y una barba blanca y larga. Mi curiosidad no me avergüenza y le pregunto al respecto:

-¿Es para un nieto, sobrino o algún changuito lustrabotas?

-No. Es para mí. Es mi disfraz. Viste que en todos los carnavales del mundo la gente se disfraza de su contrapartida social o de algo que anhela ser… Bueno, en Salta, la gente se disfraza de lo es realmente y ha ocultado o disimulado todo el año. Yo soy el que todo lo ve y más.

-Y… ¿El resto de los hermanos Radhanitas de que se disfrazan?

-Algunos de ángeles, otros de demonios, claro está, la mayoría se disfrazan de gente común y venden espumas, gaseosas, caretas, comida y papel picado. En carnaval nosotros salimos de las sombras. Dejamos de ser “caprichos de la naturaleza” para ser “gente normal”.

-…Y… su disfraz… ¿Cómo llamaríamos al personaje que encarna con su disfraz?

-Yo soy el Oráculo. Yo dicto el destino.

-Mmmm ¿Dicta? ¿No será que lo ve?

-No entendes nada, chango. La gente no sabe que el futuro no existe… ¡Al menos cuando pregunta por él, todavía no existe! Jajaja. La gente tampoco sabe que lo que hacen es obedecer… lo único que saben hacer bien es eso… obedecer. La obediencia es su pasado, presente y futuro. Por eso preguntan qué hacer o qué va a pasar.

-¿Y si no preguntan?

-¡Es porque ya entendieron la orden! Siryab, en ocasiones  pareces tan inteligente y en otras sos tan opa. El carnaval es un ritual catártico en todo el mundo. Es un acto de desobediencia  a “La Gran Ágora”. Tres días de excesos antes de hundirse en la cuaresma del ayuno, de la reflexión, de la introspección. Tres días de empacho de carne, vino  y locura para no desear durante cuarenta y seis días nada más que silencio, pan y agua.

-Pero usted dice que en Salta es al revés…

-En Salta, la gente juega a ser otra durante todo el año; lo hace  con escasa suerte, por cierto y durante el carnaval se pone una careta de sí misma. Una rareza…

- ¿Usted por qué cree que eso sucede aquí?

- Porque nosotros mandamos acá y nos gusta que sea así. Para qué vamos a andar cambiando por tres días… acá no es necesario.

-Creo que me está jodiendo…

-Ese es tu problema, chango… vos crees demasiado. En pocas cosas… pero demasiado.

-¿Eso está mal?

- Creer es una inversión y como toda inversión hay que elegir bien donde poner ese capital para que sea redituable. Creer en boludeces es como disfrazarse de Drácula y tomar granadina…

No contesto, solo camino callado. Unas cuantas veredas  después, el ciego me pregunta:

-¿Vos no te vas a disfrazar?

-No sé ¿De qué me puedo disfrazar?

-De vieja barriendo la vereda…Esas las viejas que lo ven todo y registran cada dato para el ejercicio del chisme… Eso hacen los cagatintas como vos. Llevan y traen… gente que observa  la felicidad ajena y chupa lo que chorrea en el suelo, de esa felicidad, para sobrevivir.  El día que no tengan nada para ver se les acaba el mundo.

-¿No es una descripción demasiado cruel del oficio?

-Sí.

Se acabaron las veredas, se acabó el diálogo, se acabó la crueldad… pero queda un día más de carnaval…

 

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