Buzo salva su vida en accidente y queda inflado como un globo

Medios 22 de febrero de 2018
Hace cuatro años le ocurrió un accidente: se le rompió la manguera de la botella de aire comprimido.
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Alejandro Ramos Martínez trabajaba en Perú como buzo artesanal marisquero y, como todos los días, recogía choros en Puerto Viejo, una caleta cercana a Pisco en Ica, donde vive hasta el día de hoy.

Hace cuatro años le ocurrió un accidente: se le rompió la manguera de la botella de aire comprimido. Como no pudo abastecerse de aire tuvo que subir lo más rápido posible a la superficie. Estaba a más de 30 metros de profundidad. 

"No me morí, pero me hinché", dice Ramos. También se conoce como ’narcosis de nitrógeno’ y le ocurre a los buzos cuando llegan a profundidades mayores a los 15 metros y ascienden con rapidez. El cuerpo, sometido a duras condiciones de presión, comienza a producir burbujas de nitrógeno que se pegan a la musculatura.

Este elemento químico se vuelve tan tóxico como un martini, según explican en un video de Discovery Channel. Y a mayor profundidad, mayor toxicidad.

Ramos Martínez tenía entonces 51 años (hoy tiene 55). Al principio, sintió pequeños malestares, pero no les tomó importancia. "Al final, el nitrógeno se fue acumulando en mi cuerpo y empezaron a verse los resultados", aseguró. Su espalda se deformó, sus hombros y sus pechos también. Hoy su apariencia es como la de esos físico-culturistas que se inyectan aceite y terminan inflados. "Pensaba que iba a explotar", agregó.

Según explica el doctor del Hospital San Juan de Dios de Pisco, Miguel Alarcón, también especialista en cirugía hiperbárica, Alejandro tiene 30 kilos de sobrepeso por acumulación de bolsas de nitrógeno en su musculatura. Su cuerpo produjo tanto nitrógeno al ascender de las profundidades que, fuera de todo pronóstico, no murió: en cambio este elemento se introdujo en sus músculos y se alojó en bolsas que no se pueden extraer porque están adheridas a su carne. Su caso, según su experiencia, es único.

Actualmente, este buzo de profesión está cesante y gran parte de su tiempo, durante los últimos dos años, lo ha pasado visitando a los médicos de la Sociedad Peruana de Medicina Hiperbárica, en Pisco. Vive con su hermana, quien le ayuda con lo que puede. Antes de dormir, se toma dos naproxenos para aliviar los dolores de su cuerpo. La intoxicación con nitrógeno y los cambios bruscos de presión derivaron en otras dolencias como hipertensión y una lesión en la cadera.

Por eso, Alejandro Ramos Martínez pide ayuda. Según el médico, necesita al menos 100 sesiones de cámara hiperbárica para desintoxicar la sangre y eliminar las burbujas de nitrógeno. Cada sesión le toma una hora. Para acabar con su problema, necesita operarse. Pero para costearlo todo requiere cerca de 100 mil dólares. Esta suma de dinero es impensable para un buzo artesanal. Si bien la operación es riesgosa, no implica más peligro que el de continuar viviendo en su actual condición.

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