Una realidad que duele, la carta de un tarijeño a los salteños sobre xenofobia

Opinión 08 de marzo de 2018
El locutor graduado en Salta contó su experiencia tras la firma del gobernador Juan Manuel Urtubey con su par Adrián Oliva Alcázar, de un convenio de reciprocidad en la atención de salud.
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Salta y Tarija hermanas son, así manda la tradición”, es una frase que han escuchados los tarijeños desde su nacimiento. Así transmitían las creencias las abuelas a los nietos, además de la devoción por el Señor y la Virgen del Milagro.

En las escuelas aprendimos que fuimos parte de Salta hasta 1826, donde pasamos a ser parte de Bolivia. Estudiamos la historia de los Gauchos y  Montoneros, sobre Juana Azurduy y Belgrano, en las noches de guitarra en Tarija suenan las zambas carperas, la cerrillana, zamba para olvidar y la infaltable Balderrama a orillitas del canal. El “churo” y el “meta”, son tan tarijeños como salteños, ambos hablamos cantadito, amamos el vino y la tradición.

En Bolivia nos crían agradeciendo al pueblo argentino, inclusive en Tarija sintiéndonos parte de ellos. Tan orgullosos de Bolívar como de San Martín. Veíamos Chiquititas, catábamos cebollitas subcampeón y en los almuerzos se sigue hablando de Tinelli.

Desde chico cuando un salteño amigo de mis padres llegaba a Tarija, era tratado como alguien más de la familia y cuando tuve 18 años mi sueño se cumplió. Llené las maletas de sueños e ilusiones para estudiar en La Linda, viviría en la tierra de los Chalchaleros, del Chaqueño Palavecino y del Cuchi Leguizamón.

En la universidad comenzaron los insultos, los malos tratos, las “forreadas”, me llamaban boliviano de manera despectiva, lo que ellos ignoraban, era que no podía ofenderme por mis orígenes, al contrario me sentía embajador y los llevaba con orgullo, pese a que muchos me creían el verdulero de la esquina. Con el tiempo dejaron de llamarme “el boliviano” y pasé a ser “el Tari” por tarijeño, porque ellos mismos aseguraban que no era igual a los otros bolivianos que habían conocido; “porque no conocen Tarija” agregué.

El boliviano fue el primero de toda la generación en recibirse, a pesar de dormirse en clase porque llegaba cansado de trabajar. En Argentina nada es gratis como muchos lo piensan, pero sí hay más posibilidades para los que se esfuerzan y son perseverantes.

Un día “el Tari” llegó a la radiofonía salteña y se enamoró del aire, aunque no faltó el oyente que dijo que el nuevo locutor parecía vendedor de pizzas del mercado San Martín, poco a poco fue conquistando a los oyentes y se convirtió en Ernesto Prado Díaz, el locutor que habla como mexicano en La Estación Fm.

En lo personal me enamoré de los valles calchaquíes, de la vista del cerro San Bernardo, de las empanadas, de las nueces confitadas, del locro y el vino, sintiéndome un salteño más. Y aunque me siento muy querido por muchos, tu círculo de amigos te valorará, pero para el resto seguirás siendo un bolita de mierda.

Con el reciente acuerdo que firmaron el gobernador Juan Manuel Urtubey y su homólogo tarijeño Adrián Oliva Alcázar, que asegura la prestación de servicios gratuitos de salud en ambas regiones para todos los ciudadanos, salieron cientos de comentarios hirientes y despectivos, sin saber que un gentilicio de nacionalidad, no te hará mejor o peor persona.

La xenofobia existe y duele.

Lic. Ernesto Prado Díaz

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