Caprichos de Salta: La taza

Cultura 05 de abril de 2018
Salta está llena de caprichos, todos ellos recorren cada uno de los rincones de nuestra ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas una nueva entrega de la ficción de Javier Camps en InformateSalta.
TAZA

Del final de un corredor, entre otros, que se abre entre enormes estanterías llenas de vajilla,  coladores chinos, moldes, ollas y utensilios varios que, intuyo, mejoran la vida de algunas personas  delicadas a labores de repostería y llenan de inquietudes al resto, me llega la voz antes que la figura de Khalil Eblis…

-Durante muchos años he sido un imbécil. Un auténtico imbécil. Mi gran logro ha sido mejorarme como persona e intentar dejar de ser un imbécil. Sepa que no lo he logrado. Pero me controlo. Soy un portador sano del virus de la imbecilidad. No hay nada más catastrófico que un elefante en un bazar…no hay rincón que se salve de su capacidad de destrucción. Eso es ser un imbécil ¿Por qué se asocia al imbécil con el elefante?... bueno… es injusto para el elefante… pero su enormidad es la que se toma prestada para simbolizar al imbécil… ¡porque el imbécil se cree enorme! ¡Se cree grande, lindo, inteligente, blanco, anglosajón y protestante! Un boludo puede desatar una guerra… pero sepa, mi amigo, que esa guerra es menos dañina que la existencia de ese boludo. El boludo es un ser hermafrodita que vive pariendo desgracias.

Llego al final del pasillo y doblando a la izquierda puedo verlo. Khalil es un hombre robusto de ojos grandes y abundantes cejas. Su voz es potente, pero sabe usarla; la suaviza y dándole el ritmo adecuado, parece modularla para emitir mantras… Es hipnótica. Está detrás de un mostrador repleto de papeles y carpetas. Una computadora y dos tazas de café que humean e inundan el lugar de delicioso aroma, completan la escenografía. Su interlocutor es el Ciego Jorge.

-¡Siryab! ¡Qué alegría! ¿Qué andas buscando? – Me recibe el ciego simulando asombro-

-¡Jorge, una casualidad más que no lo es! Vine a buscar una bombilla pero creo que acabo de encontrarle el agujero al mate…

-¿Lo conoce a Khalil?

- Sí, por supuesto ¿Cómo le va Khalil?

-Bien, Siryab, gracias. No sabía que eras amigo de Jorge ¡Gran y agradable sorpresa! –Me dice, mientras sonríe a todo diente,  el viejo Khalil- ¿Te sirvo café?

-Sí, gracias.

-El café  ha sido ignorado, por la humanidad, durante mucho más tiempo que el que se ha empleado para disfrutarlo y valorarlo. Sólo las aves sabían de su magia y poder. Por eso, cuando asocian la inteligencia a nuestro pobre alcance para entender de qué se trata la vida, me río con ganas -Expresa Khalil su devoción por el café y sus dudas acerca de la humanidad-

-Incluso, se dice que hubo quien lo despreció. Dicen que fue un monje cuyo recogimiento y plegarias no le alcanzaron para iluminar su vida. Fue entonces que, para demostrar su poco interés, arrojó los granos al fuego y, en ese momento, la magia del aroma anunció al mundo que los dioses, una vez más, mostraban sus ganas de ayudar al bichito más tonto. Jajaja –Comenta el ciego-

-Decime, Siryab ¿Qué es lo más importante de una taza de café? –Pregunta el árabe-

-Supongo que el sabor del café… el aroma…

-Lo más importante es eso que nadie tiene en cuenta… porque sin “eso” no hay forma de juntar la taza y el café en un mismo momento y lugar: eso es el vacío. Una taza de café es la santísima trinidad. Cuerpo, alma y obra. La taza es el cuerpo contenedor; el alma es el vacío interior; la obra es el café. El alma pura no obra, no cree, no hace nada. El alma es un vacío… es pureza absoluta. No hace daño. Nuestro cuerpo contiene un vacío sagrado que nosotros llenamos de imbecilidad… ¡Ojalá fuera café! jajaja.  Una vez que el vacío ha sido llenado de estupidez, aunque se vuelva a vaciar,  el interior de la taza queda manchado… esas son las costumbres, las creencias… en fin… la imbecilidad. 

-¿Usted lee la borra del café? –pregunté-

-Yo leo las marcas del alma. Cuando tomas café, tu aliento llena el interior de la taza y la borra toma la forma de tu dolor y tus deseos. Por eso hay que lavar bien las tazas usadas. Para que nadie pueda leerte las marcas del alma. Un alma sin marcas es un pedazo de divinidad. Algo tan infrecuente como un elefante en un bazar.

-Y… ¿Qué dice mi borra?

- Que necesitas una bombilla nueva y que tenés el mate listo para escribir otra historia.

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