Caprichos de Salta: El Gallo

Cultura 14 de junio de 2018
Salta está llena de caprichos, todos ellos recorren cada uno de los rincones de nuestra ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas una nueva entrega de la ficción de Javier Camps en InformateSalta.
gallito

-Vi morir la suerte de mucha gente a manos de la ausencia de sospechas y dudas. La certeza es un veneno de composición simple, de venta libre y de fácil ingesta. Tengan bien en cuenta que cuando hablo de suerte, hablo de toda la suerte, la buena y la mala.

El ciego les habla a sus contertulios; esos que se sientan a su mesa y lo escuchan con tanta atención que solo sorben café cuando él se detiene y hace lo propio.

-Si alguna persona se rinde ante algún deseo o idea demasiado fuerte elige renunciar a demasiadas cosas, una de ellas es la verdad. Eso se vuelve dramático cuando alguien inescrupuloso lo sabe y puede vender la dosis de veneno necesaria para abrazar la peor de las creencias: la certeza.

Nadie se atreve a romper el silencio ni a dibujar un gesto, todos están pendientes de las palabras de Jorge. Cuando calla se genera una tensión inofensiva, producto de la ansiedad. El Ciego, como siempre, toma aire, se echa hacia atrás para tomar impulso y vuelve hacia adelante para agarrar a la historia por el cuello y hacerla confesar solo con una mirada fría… esas miradas que asustan, las de los ojos muertos. Porque la muerte asusta en todas sus formas y nadie la abraza a causa de la casi invencible certeza  de que la vida es mejor. Jorge comienza con el relato:

-A Pedro Rodríguez le regalaron un pollito que, Dios mediante, debería transformarse en una gallina ponedora con destino de campeona en cualquier granja del mundo… pero parece que Dios tenía algunos problemas más importantes que atender o eligió otras boludeces más interesantes para demostrar su bondad infinita. La cuestión es que del pollito diminuto y tierno surgió un  extraordinario gallo de riña.

-Quizá haya sido una prueba – opina uno de los muchachos que es observado con rigor de tarjeta amarilla casi roja-

-El pollito se transformó en gallo y vos, chango, te convertiste en pavo. –Respondió el ciego- Bien, continuemos… Pedrito tuvo un tiempo de desconcierto pero no de duda. Si su tía le había dicho que le regalaba una futura gallina ponedora, no había razón alguna para desacreditarla… ¡Ni siquiera la realidad! Ustedes saben bien que si hay un bicho feo, ese es el gallo de riña. Flaco, feo, malo. El almanaque se deshizo de algunas hojas y el gallo entró en su momento de esplendor físico, volviéndose territorial y sanguinario; tomó la casa casi por completo. Pedrito estuvo viviendo encerrado en la cocina durante un año; Entraba y salía corriendo de su sitiado reducto de resistencia. Ni al baño podía ir; tuvo que comprarse una chata y orinaba en una botella; se bañaba parado en una palangana y con un tachito agujereado había improvisado una ducha. Eso sí, Pedro seguía dándole de comer a la feroz ave de corral y, también, seguía esperando que ponga, aunque más no sea, ¡un puto huevo!

-Nadie le hizo saber que la gallina no era gallina… -Pregunté casi con desesperación-

-Un día llegó su tía. La tía Irma, la que le había regalado el pollito con fallido destino de gallina y le dijo “Pedrito, los gallos no ponen huevos” y él contestó “obvio, Tía, todos lo sabemos. Pero esta es una gallina… un poco fea pero es una gallina… ya va a poner su primer huevo…”. Tres veces negó la realidad. El gallo cantó tres veces, Pedro negó tres veces. Lastimosamente, el final es casi como si tratara de un cuento de Edgar Allan Poe. Después de muchos días de ausencia en los lugares donde solía transcurrir su vida, sus allegados decidieron entrar a su casa, con un policía, para ver de qué se trataba todo aquello…el cuadro fue horroroso: Pedro estaba tendido en el suelo con los brazos abiertos, entregado a su destino. Tenía la cara cubierta de sangre seca y las orbitas de los ojos estaban desiertas, llenas de oscuridad. Estaba muerto. El gallo intenta un ataque furibundo a los visitantes; el policía  se asusta, saca su arma reglamentaria y dispara cinco veces. El gallo reparte su cuerpo sobre el de Pedro. El policía dice “Que gallina de mierda”, le contestan “No es una gallina, es un gallo”… El cana encoge los hombros y concluye con un “Es lo mismo”.

El ciego Jorge hace el último silencio y dice:

-Las certezas conducen a la peor versión del destino. A Pedro no le alcanzaron los ojos para ver la realidad, entonces la vida se los quitó… y después se fue, dejándolo tirado ahí mismo, en el lugar donde la certeza lo envenenó…

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