Caprichos de Salta: La puerta del fondo

Cultura 12 de julio de 2018
Salta está llena de caprichos, todos ellos recorren cada uno de los rincones de nuestra ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas una nueva entrega de la ficción de Javier Camps en InformateSalta.
PUERTA VERDE

En el mítico Bar Madrid paraban algunos muchachos bravos, de esos que masticaban desventuras y contratiempos sufriendo el gusto amargo que les quedaba dando vuelta en la boca; intentaban, todos, lavarse el paladar tomando whisky barato o esos vinos más parecidos al querosene que a la buena voluntad de Dionisio para alegrar el corazón. Cuando la noche se iba poniendo vieja y poco amable, caían todos esos sujetos en busca de todo aquello que ya era imposible encontrar y, de hacerlo, ya no era remedio para curar esos antiguos daños que les habían marcado cada gesto y palabra que usaban. Más allá de las mesas de billar había un territorio exclusivo de los soldados más experimentados en batallas perdidas y en la clandestinidad. Allí el ciego Jorge, según sé, gambeteó al alcoholismo y las sustancias tóxicas, no sin dificultad, y al borde del fracaso.

Una puerta verde al fondo daba a un mundo paralelo. Allí, grandes músicos abandonados a pasiones equivocadas y poetas que escribían versos de sudosa calidad con  sangre diluida en vino, orejeaban naipes y contaban lo poco que podían contar con escasas palabras y exagerando pérdidas y ganancias. Los momentos más tristes siempre fueron cuando se inventariaban los sueños perdidos de la infancia y las frustraciones que se marchitaron antes de la adultez.

En una ocasión fue traído al ruedo un hombre que se dedicaba al estudio de árboles genealógicos y la onomástica antropológica. Un borracho que sabía de donde venía su linaje pero no sabía dónde lo iba a dejar tirado. Le explicaba, el fulano, a los changos que significaban sus apellidos y, según lo que sabía de su familia, especulaba acerca de su origen. Un cúmulo de sospechas que, si bien resultaba entretenido, tenía como destino la duda eterna o el fracaso sin importancia. Decía, entonces:

-La dificultad que no puedo sortear es la del apellido fraguado, prestado… o sea… si usted lleva el apellido del marido de su madre pero no el de su padre… o si su madre lo regaló… ahí no tengo chances de algún análisis inmediato certero… tendría que rastrear documentos y testimonios.

Los muchachos escuchaban atentamente y sugirieron, como todos los borrachos, aportes insensatos y hasta graciosos. Pero lo más interesante se gestó cuando se habló acerca de los apellidos que referían a oficios. Entre los presentes había un Cantero, un Molinero, un Escudero, un Barbieri (barbero) y un Savater (Zapatero). El de apellido Cantero había tenido a su abuelo y padre albañil. Escudero fue caddie de un famoso golfista durante muchos años. Un tío de Barbieri fue peluquero y el bisabuelo de Savater fue un zapatero catalán.

-La memoria genética surge con potencia en los casos de las actividades de los hombres. Hubo gente que cambió su trabajo por un impulso interior que lo arrastraba a desarrollar actividades que les resultaban con asombrosa facilidad. Cada uno de nosotros es la suma de todos los ancestros. Es difícil escapar a la información interna. Las costumbres ancestrales han forjado un molde del que es difícil huir. Se puede… pero es difícil. Aunque…re escribir la historia del linaje es realmente loable.

Los changos escuchaban atentamente sin articular palabra ni arriesgar gesto. Más allá, un sujeto pequeño intentaba prender fuego en un brasero de hierro. El frío ya empezaba a reclamar territorio en esos cuerpos calientes a fuerza de alcohol.

-Y… ¿Usted cómo se llama, maestro? –Preguntó uno de los más jovencitos, el apellidado Cantero-

El hombre se acercó al brasero y puso sus manos sobre el carbón y la champa que no lograban arder. Inmediatamente se encendió un fuego intenso y muy caliente.

-Mi nombre es Ignacio Tito. Nacido del fuego… significa. Mi padre fue herrero, mi abuelo foguista, mi tío trabajaba en un crematorio, mis ancestros trabajaron el vidrio en Venecia, cocieron ánforas en Grecia y fundieron metales preciosos la China. Pero han sido famosos por quemar Cartago, Roma y la biblioteca de Alejandría. Nuestro antiquísimo linaje empezó con quien fue el mayor conocedor del corazón del ser humano… el que lo sabía asar en el fuego de las más ardientes pasiones… el que inventó lo que ustedes toman, lo que ustedes sienten y piensan… esas cosas por las que matan, lloran y se pelean… todo aquello que arde…

El tipo pidió permiso, abrió la puerta y se fue. Ya empezaba a despuntar el sol. Los muchachos sirvieron otra vuelta…  

 

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