Caprichos de Salta: Lunes por la noche

Cultura 19 de julio de 2018
Salta está llena de caprichos, todos ellos recorren cada uno de los rincones de nuestra ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas una nueva entrega de la ficción de Javier Camps en InformateSalta.
mandinga

La noche del lunes es ideal para esa gente que no tiene referencias claras o las niega rotundamente. Esa noche llega y se va sin estridencias, es un poco triste pero no lo suficiente como para temerle a la soledad; cosa que si sucede con la de los días viernes, sábado y domingo. El lunes es el primer día laboral, es el día de los que se rinden; el día de los que aceptan los latigazos sin chistar, el día en que los sueños no sirven ni alcanzan para planear una huida.

El lunes es un día de mierda pero su noche es calmadamente fantástica. Cuando esas noches se ponen cálidas, hay que caminarlas; de lo contrario hay que encerrarse en algunos de esos lugares donde la gente se reúne a contar historias y botellas de vino vacías para después inventariarlas como las verdaderas existencias del boliche. Dicen por ahí que ese proceder tiene algunas peculiaridades en el Restobar “Cosa e´Mandinga”, allí por “El Paseo de los Poetas”… Los lunes se cuentan historias.

No necesariamente deben ser verídicas, pero si deben ser grandes historias; incluso, pueden ser historias que aún no han sucedido pero se las cuenta para tenerlas, ahí, a mano por si se las necesita. Los relatores beben con el mismo entusiasmo que cuentan y una vez terminado el vino y el relato, guardan las historias en esas botellas que han vaciado y las tapan. Las etiquetan con el título pertinente, día, hora y año de la cosecha. Esas botellas se guardan y cada tanto se abre alguna para que las palabras salgan y vuelvan a recrear esa historia que supo cautivar aquella primera vez. En una ocasión, cayeron varias de ellas al suelo y se rompieron. Las historias hicieron bastante desorden en el local. Golpearon furiosamente la puerta, la abrieron y saltaron a la calle en busca de protagonistas a quienes poseer; necesitaban volver a formar parte de la realidad y aquellas que aún no conocían la vida se apoderaron de todas las personas que pudieron tomar para existir de una buena vez.

Una noche, hace ya algunos años, hubo una extraña presencia. Un forastero se sentó a un costado del círculo que formaron los relatores para escuchar cada historia. Lo hizo en respetuoso silencio, casi no articuló palabra y se ofreció a pagar las botellas de vino que consumieron los muchachos. Cuando todos se levantaron para salir, al final del consabido ritual, el sujeto fingió irse pero se quedó escondido en uno de los baños. Parece que el tipo, en soledad destapó un vino, lo bebió y contó una larga historia que luego embotelló y etiquetó con el título “Cosa e´Mandinga, créase o no”. Nunca nadie se animó a destaparla hasta ahora. La botella es cuidadosamente guardada para que no se rompa ni se destape. Es por la dudas… y las certezas.

 

 

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