El conmovedor relato del salteño Roly Serrano: "Mis tíos me ataban para pegarme y me tenían de criado"

Medios 05 de agosto de 2018
Una parte dura de su infancia salió a la luz con extrema sensibilidad en PH, podemos hablar, el programa que conduce Andy Kusnetzoff en Telefe.
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La larga trayectoria de Roly Serrano como actor hizo que algunas aristas de su vida sean públicas. Sin embargo, una parte dura de su infancia salió a la luz con extrema sensibilidad en PH, podemos hablar, el programa que conduce Andy Kusnetzoff en Telefe. 

Evocando el pasado con entereza, el actor de El marginal 2 comenzó a relatar su dura infancia: "Yo nací en un pueblito de Salta. Mi papá era jefe de correo y se casó con mi mamá, cuando era muy jovencita. Tenían problemas. Mis tíos eran terroríficos, no la querían y le hicieron la vida imposible hasta que lograron quitarle los hijos. Yo no la conocí. Mi mamá se tuvo que ir de Salta. Entonces, se quedó mi papá solo con nosotros, conmigo y con mis dos hermanas. Él quería que tengamos una buena educación y nos dio a nuestros tíos, que eran tremendos. Nos castigaban mucho, nos usaban como criados. Ellos eran gente de mucha plata y nos usaban a nosotros como si fuésemos empleados de la casa. Me levantaba temprano y tenía tareas que hacer... Después nos trajeron a Buenos Aires y fue peor”, contó Roly, angustiando con su relato a los presentes. 

Y continuó: "A mí me pegaban mucho. Me ataban para pegarme con un látigo. Entonces, era un chico muy rebelde, muy malo, y vivía cometiendo actos de rebeldía: lastimaba a los perros y a las plantas, como venganza". 

En la misma línea, Serrano recordó un entredicho con una prima que lo hizo vivir una situación límite con su tío: "Un día, a los trece años, tuve un entredicho con mi prima. Ella vino a pegarme, le quité el látigo y le pegué. Ella empezó a los gritos, mi tío, que estaba durmiendo la siesta, vino a pegarme. Cuando lo vi cruzar el patio, sentí un acto de rebeldía, rompí una botella, lo esperé con una botella en la mano, y le dije: ’Si vos me toca, te mato’. Mi tío bajó el látigo y se fue. Desde ese momento nunca más tuve un plato en la mesa y nadie me hablaba… Es más, cuando se iban los fines de semana a mí me encerraban... Ellos me dijeron que mi mamá había muerto”. 

Sin embargo, la última parte de su historia salió de la sombra, con el feliz reencuentro con su mamá, Marcela: "A los 15 años me reencontré con mi papá y él me confesó que mi mamá vivía. La empecé a buscar. Nos reencontramos hace 12 años… Mi mamá se llama Marcela, no me buscó por miedo al rechazo. Ahora tenemos un idilio hermoso". 

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