Historias que emocionan: Estudiantes rurales de Guachipas hallan restos arqueológicos y arman su propio museo

Cultura 08 de agosto de 2018
Diego jugaba a la pelota cuando vio, en un enorme montículo de tierra, algo que capturó su atención: era una pequeña ollita con dibujos. Sin pensarlo, la recogió y la llevó a la escuela donde asiste y así comenzó un emocionante proyecto que hoy lleva el nombre de Museo Itinerante.
Guachipas

Todos los días suena el despertador, los niños se arropan a medio dormir, van por el colectivo y en unos pocos minutos llegan a la escuela: edificios amplios, a veces de dos pisos y patios enormes coronados por los mástiles y banderas. En cada aula, una biblioteca; en cada grado, más de 20 pupitres alineados. Así viven su escolaridad gran parte de los niños salteños. Sin embargo, una realidad distinta se esconde en los recónditos parajes de nuestra provincia. Entre cerros y ríos, en medio de la espesa naturaleza, desafiando todas las vías de acceso, existen otras escuelas, las escuelas rurales.

En este caso, nuestra labor periodística nos acerca a la Escuela Rural N° 5213, un colegio que tiene sus aulas dispersas en el pueblo de Guachipas y a sus alrededores. ¿Aulas dispersas? Así es. Mientras que en el pueblo guachipeño hay un aula, las otras se distribuyen en los parajes de Las Juntas, Pampa Grande y Los Sauces. A pesar de los cientos de kilómetros que las separan, todas ellas pertenecen a un mismo colegio. 

Se estima que la matricula actual entre todas las aulas es de aproximadamente de 120 niños y jóvenes que asisten a diario a la escuela. Completan el equipo aquellos docentes que se debaten entre la itinerancia y el albergue. Entre ellos, se encuentra Marcia Nieva, una docente del Ciclo Orientado que gestó, junto a sus alumnos, un emocionante proyecto arqueológico de impacto social.

Sin querer queriendo 

La historia que vamos a contar comienza en el 2017 y tiene como protagonista a Diego, uno de los jóvenes guachipeños que asiste a la escuela rural donde enseña Marcia. Una tarde como cualquier otra, Diego se encontraba jugando al fútbol con sus amigos, cuando en un acto fortuito –o al menos curioso- la pelota se le fue a un montículo de tierra que codeaba una construcción. Al agacharse para recuperar el balón, su mirada se fue detrás de algo más: ahí, en medio de la tierra, sobresalía parte de lo que parecía una vasija. Diego no lo pensó y recogió su valioso tesoro para mostrárselo a su profesora. En ese momento, probablemente el joven no sabía que la ollita pintada que tenía en sus manos, había sido moldeada por lo menos hace dos mil años.

A partir de este hallazgo, se abrieron las puertas de la percepción hacia algo que siempre había estado frente a sus ojos. “Cuando uno camina por ciertas calles de Guachipas, se pueden encontrar puntas de flecha, pedacitos de cerámica y vasijas antiquísimas. Si bien la gente sabe que Guachipas cuenta con hallazgos arqueológicos, no hay una orientación real y consciente del valor del legado cultural que hay, desde nuestros pueblos originarios”, afirma Marcia, una de las docentes de la Escuela Rural N° 5213. 

A la ollita de Diego, se sumó una urna funeraria que encontró Lucas, y otras piezas que fueron llegando de la mano de otros alumnos que se vieron interesados por este proyecto. Las familias que llevan años asentadas en Guachipas, también se contagiaron y donaron algunas piezas que tenían, sin saber el  verdadero valor que escondían. Así, llegaron a recolectar más de 10 ejemplares que ya fueron clasificados por la Licenciada Jimena Villaroel y que hoy por hoy conforman el Museo Itinerante de la Escuela. 

Instancias motivadoras 

Desde los primeros hallazgos, hasta la confección del Museo, pasaron diferentes instancias de trabajo donde los alumnos, que van de los 14 a los 24 años, tuvieron que poner a prueba diferentes destrezas y metodologías. “Buscamos especialistas, buscamos material para leer, recurrimos a las fuentes históricas, hicimos encuestas y gráficas, hablamos con los abuelos del Club de Día para conocer las voces de la población envejecida. Fuimos al Museo de Antropología, al MAAM y ni siquiera los especialistas tienen todas las respuestas”, explica Marcia Nieva en torno al extensivo trabajo que significó el proyecto. 

Cosecha con creces

El Museo Itinerante de los alumnos de la Escuela Rural N° 5213 fue tomando forma hasta convertirse en un ambicioso proyecto. Con él, los jóvenes ganaron la Feria de Ciencias zonal, local y regional, accediendo a la posibilidad de viajar a Buenos Aires con sus conocimientos. Éste fue probablemente el punto más emocionante de la historia, ya que desde la inmensidad de los cerros y páramos, los alumnos delegados, viajaron hasta la enorme Capital Federal.

Actualmente continúan trabajando sobre los hallazgos: “Este año retomamos el proyecto con la segunda parte, que involucra las tareas de difusión. Todo esto se va haciendo más grande y va incluyendo a la comunidad. Anduvimos por la Escuela Bernardo Frías, recorrimos las aulas dispersas llegando a Las Juntas, otro desafío fue presentarse en la Escuela de Educación Especial de La Viña…”, recuerda sus pasos Marcia Nieva.

En primera persona

“Soy Diego, tengo 24 años y soy el alumno que encontró la vasija jugando al futbol. Se me fue la pelota al montón de tierra y cuando la fui a buscarla se me apareció la ollita. Siempre tuve esa curiosidad, de chico también encontraba cosas y me daban curiosidad. Me crié con un familiar porque mi mamá y mi papá fallecieron y me quedé al cuidado de mi tío y, de chico él, ya tenía una colección… si encontraba puntas de flecha o pedacitos de hacha, los iba guardando en un mueble de la casa. Mi tío me decía que eran cosas de nuestros antepasados, pero en la escuela nunca nos habían enseñado esos temas. Fue algo lindo. La mayoría de las personas sabe que había pueblos originarios pero no saben mucho más y rechazan a la cultura, no se sienten parte. No tienen conocimiento previo y se sienten ajenos a ese legado”, relata Diego ante InformateSalta, en torno al Museo Itinerante. Él fue uno de los delegados encargados de ir a Buenos Aires con el proyecto y así lo recuerda: “Conocía Buenos Aires por fotos nomás y de golpe estaba frente al Obelisco, representando a Guachipas, dejando en alto el nombre del colegio. Fue una experiencia muy linda”. 

Diego se debate en estos momentos entre seguir la voluntad de su familia y continuar en alguna fuerza armada, o alimentar su deseo de ser guía turístico: “Yo por mi parte no sé si tendré en el árbol genealógico de mi familia alguna descendencia originaria pero por dentro me siento parte y estoy orgulloso de ser guachipeño y tratar de llevar adelante este proyecto y poner en valor la riqueza de los pueblos originales. Me enamoré del proyecto y por eso quiero ser guía de turismo”, finaliza. 

La voz de Lucas 

Lucas tiene 19 años y también forma parte de este proyecto. En diálogo con InformateSalta, el alumno también dio su punto de vista en torno a lo que desencadenó este proyecto a nivel personal: “Todo comenzó con el programa que nos dio la profesora cuando Diego encontró la ollita. Me atrajo y quería saber qué significaba lo que encontrábamos. Comencé a inquietarme, quería saber más del tema, me interesó muchísimo. En ese momento, estábamos ampliando la casa, entonces mi papá empezó a cavar y vi un pedazo de ollita que mi papá estaba por romper. Lo frené, comencé a limpiar y apareció la urna funeraria. Fue algo muy emocionante para mí. La urna estaba casi enterita y tenía dibujitos de un hombre escudo. Mi mamá también tenía objetos pero ella no le daba mucha importancia. Con este proyecto empecé a rescatar cosas que tenía ella. La profe nos explicó que era de nuestros antepasados, que podíamos tener la misma sangre y ahí le di otro valor”, explica Lucas. Él, al igual que su compañero, se sintió atraído por continuar su vida como guía turístico. 

Una reflexión final

Más allá de las dificultades propias que reviste la educación en la ruralidad, el país atraviesa un momento  de recortes y ajustes que atemorizan a quienes asisten a esta clase de instituciones. Esa preocupación llega a Marcia, quien afirma: “Es muy importante demostrar que el colegio puede ser transformador de mentalidades más cerradas y estructuradas y abrirnos a otras visiones y hay que respetarlas, difundirlas y transmitirlas. Este conocimiento fue un proceso y una construcción y creemos que es muy importante exponerlo y hacerlo llegar a la comunidad, para que sepan cómo trabajamos y no cierren estos espacios por tener pocos alumnos. Siempre trabajé en colegios privados hasta que la vida me trajo acá, donde conocí los desafíos que tengo como docente. Uno no tiene todas las respuestas, tenemos que ser incentivadores de buscar conocimientos emancipadores”, finaliza Marcia.  

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