Hijo de la calle

Sociedad 07 de agosto de 2018
Hijo de la calle, si hubieses sido un vino serías de los buenos, sin mezcla de varietales, con roble, fuerte. Y tinto. Así no más. Como nace el talento, del aire, del agua, del suelo, del viento. ¡Pero que pedazo de personalidad en tan poco frasco! Una chispa para encender mil bujías.
Federico “Chacha” Apaza (4)

Lo conocí con cinco años en el ex Salta Club. Campeonato de fútbol infantil. Carusucias de Castañares, la leyenda, el equipo de los sueños, el multi campeón provincial empezaba a formar el rompecabezas. En el centro de todo, estaba él, Federico “Chacha” Apaza, la estrella de la clase 82´.

Piernas delgadas, estatura baja, cabeza grande, ojos abiertos, lengua filosa. Diestro, muy hábil, cambios de marchas constantes, pase corto muy preciso. Fue conexión inmediata. Cinta de capitán bien marcada, lenguaje verbal intenso, agresivo, maduro. Mucha vereda y cordón, mucho barrio, y barro. Picardía, astucia, atrevimiento. Pelota muy cerca del pie, posición de liderazgo, necesidad de protagonismo constante. No le molesta ser la atención. Se alimenta del moño, se agranda ante el chiche, la golosina. Pura chacha y pura pasta. Es ganador, es impulsivo, apasionado, travieso, atorrante.

Federico “Chacha” Apaza (2)

Seguramente la carta más preciada del club. Cual sino, Club Atlético Central Norte. Octava división. De entre los niños marginales, allí estaba la selección. Mayoría de Castañares, por no decir todos Carasucias, y algún otro refuerzo de la zona o el interior. Bajo el mando de Eusebio Álvarez. Allí tocaba la orquesta y su director. Gambeteaba con tanta facilidad que parecía el balón una extensión de su ser. Cada tanto una caída. Era mucha tentación para la gente torpe derribar tanta habilidad. Personal bruto diría él mismo.

En un principio provocaba inhibición. Muy demandante en sus palabras, en sus órdenes, gran tramposo y mejor sacador de ventajas, detalles que disentía. En el campo siempre atento. Listo para una pared, para dejarla pasar, para un caño o un sombrero. Para hablar con el árbitro o desacreditar a un rival. Desfachatado, constante, inquieto. Con mucho de Bochini, de Aimar, de Iniesta. Era la esperanza del cuervo, de Salta, del Norte. Todos hablaban y preguntaban por el niño prodigio.

Siempre supe que sería su profesión. Se desvivía por la pelota. Despertaba y dormía con las vendas, las canilleras, los botines. Solo le importaba el fútbol y que la pantalla del televisor tenga color del verde césped. Verde que poco y nada veíamos porque nos tocaba mucha tierra, o asfalto o mosaico. Simpatizaba por River, pero luego todo Central Norte. Hasta que se fue. Newells, Chacarita, Laferrere, San Telmo, Lutgardis Riveros de Córdoba, Talleres de Perico. En el medio Central Norte, San Antonio, Pellegrini.

Después de tantos años, dejó la formalidad de la competencia. Fue padre de dos hijas. Trabajo de oficina. Vestimenta de civil. Pero huele mandarinas, percibe un balón, siente pasto y allá va. El hombre siente el fútbol como muchos pero juega como pocos.

Federico “Chacha” Apaza (1)


Sigue siendo su padre “Ramonera” un referente, Maradona su ídolo, Silvia su madre y amor incondicional, sus hijas Juana y Violeta sus ángeles y Rocío su compañera de vida. Camina más calmo, con más razón que rebeldía, pero quiere más. Es ambicioso y no se detiene. Juega con amigos del poder y cada tanto con los amigos del corazón. Sabe relacionarse, baja y sube, elige, distingue. Disfruta, sufre, llora la distancia de sus amadas. Vuelve a vivir. Pase gol o gol. Está intacto. Habla mucho, de más para mi gusto, pero atrae, conquista. Bromea, imita y relata anécdotas y aventuras como nadie. Tiene labia y no se calla. Cuando puede dirige. “Chacha” Apaza tiene tanta bohemia que me gusta, recuerda a “Garrafa” Sánchez con nostalgia, piensa en Kurt Lutman, permanece en contacto con “Burrito” Riveros, agradece a su entorno familiar y futbolero, nombra a sus hermanos y hermana, y muy seguido vuelve al barrio Castañares, a casa.

Mira el tanque de agua y brota su raíz. Pudo haber sido Diego, pero qué se yo. Para mí fue mi mejor aliado, un rato de 9 y otro de 10 y así rotando ambos, amasándola hasta el pase a la red. Un pendejo travieso, atrevido, reo, que vive a su manera. Que siendo un niño se subió al ring, y se puso a bailar entre cuerdas al lado del obelisco. Solo, sin monedas en el bolsillo y con un poco de yogur se supo dar de comer y al hambre lisiar. Federico “Chacha” Apaza, personaje futbolero y leyenda urbana de mi Salta.

Federico “Chacha” Apaza (3)

Por: Nicolás Cortés para InformateSalta

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