Caprichos de Salta: El Ordenador

Cultura 16 de agosto de 2018
Salta está llena de caprichos, todos ellos recorren cada uno de los rincones de nuestra ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas una nueva entrega de la ficción de Javier Camps en InformateSalta.
cajón

Los mercados son la vida misma. El Ciego y yo andamos y desandamos el laberinto del Mercado San Miguel muchas mañanas y varias tardes. Un mundo lleno de cosas esperando por un dueño;  cientos de comerciantes esperando por dinero para comprar otras cosas en otro lugar; miles de personas que van por algo que necesitan y  no necesitan; personas que cambian dinero una y otra vez por satisfacción inmediata o necesidad básica. Cosas que van y cosas que vienen. Cosas que se rompen y hay que reemplazar; cosas que se pierden o son robadas y hay que reponer. Cosas que no se usan y hay que vender. La necesidad es un lugar y las cosas son anhelos cumplidos en algún lugar de la estupidez o de las urgencias, depende de cada persona… cada cosa en su lugar.

-Todo lo que tenemos y todo lo que nos rodea habla de nosotros. Ese universo de objetos útiles e inútiles: herramientas, adornos, artefactos, edificios, alimentos y boludeces varias dicen que somos y que hacemos con nosotros y por nosotros. Los objetos nos describen como cuerpo social y como individuos. El material de esos objetos, la forma y el lugar que ocupan en la casa o en la calle nos mandan en cana con nuestras emociones y nuestras posibilidades, nuestros deseos y nuestras zonas más oscuras. –Dice el Ciego mientras contempla la nada y disfruta de un contrabandeado habano cubano-

-¿Está seguro, Jorge?

-¡Jamás! El día que esté seguro… seguro voy a estar muerto. Te lo aseguro, Siryab. Pero he tomado nota de algunas “cosas” que pasan al alrededor de mí. Fijate, las cosas son inmóviles pero van de un lado a otro; hacen girar a la gente. La gente es esclava de las cosas; las mueve, las cuida, las roba, las rompe; las olvida y las sufre; las busca, las encuentra y las vuelve a olvidar. Hay un sujeto para cada labor en esta dictadura de cosas que no viven pero desviven a los vivos.

-Interesante

-Sí. Hay gente que compra y junta; esa gente sufre de una insatisfacción enorme y constante. Hay gente pierde cosas o las olvida; esos están a la deriva, pierden las referencias y se desorientan con facilidad. Los que las roban son frágiles ante las tentaciones. Los que las rompen son torpes o ansiosos. Hay gente que tira cosas; son quienes necesitan olvidar. Las cosas saben de las debilidades de las personas y las usan según les convengan. Los individuos más importantes quizá sean los que las fabrican y las saben vender… pero hay un sujeto que es bastante peculiar y muy valorado por su escasez en este gran cambalache llamado civilización: El ordenador; el individuo que acomoda, y ordena todo. El que encuentra el equilibrio perfecto entre “los espacios y los objetos”.

-Sospecho que usted conoce a esa persona.

-Sí. Yo conozco al chango más prolijo jamás conocido… ¡y es salteño! El Dr. Flavio Sebastián.

-Cuénteme, por favor ¡quién es ese muchacho!

- Mirá chango. No es algo para tomarse a la ligera. Flavio puede parecer alguien agradable y muy útil a la sociedad… pero también se puede transformar en un sujeto peligrosísimo. Se comenta que cada vez que la Municipalidad de Salta entra en crisis con los archivos y registros lo llaman con algún pretexto pavo y lo dejan, solo, encerrado entre las estanterías llenas de pilas y pilas de documentos; en unas cuatro o cinco horas queda todo ordenado por orden alfabético, fecha y tamaño. Los invitan a tomar mate en los bazares del centro y mientras charla, acomoda todo el depósito y el salón. Va a comer a los restaurantes y cuando termina  lava toda la vajilla y la acomoda. Va al canchón municipal donde están todos los vehículos infraccionados, los acomoda por color y modelo y si tienen algo en la guantera o bajo los asientos; los clasifica, los pone en una bolsita y los guarda. Les pega bien los stickers a las motos y les endereza los espejitos. Pero lo que más le apasiona es acomodar los cajoncitos de las ferreterías y mercerías. Miles de clavos, arandelas, tornillitos, botones, alfileres, agujas o cualquier pelotudez chiquitita en cantidad son su debilidad; los cuenta y los acomoda. Se te mete en tu casa y cuando te descuidas te acomoda el cajón de las medias, los zapatos  y ni hablar de la heladera. Se ha trepado a muchas terrazas para ordenar la ropa tendida por color y calidad de tela o tejido; en ocasiones espera a que se seque, la plancha, la dobla y la guarda. Una vez fue de campamento y ordenó todo un camping según el color de cada bolsa de dormir y el pijama; más de un matrimonio tuvo quilombo. Duerme sin moverse para no arrugar la ropa de cama y se lava los dientes despacito para no despeinar las cerdas del cepillo. Una vez se puso a barrer la peatonal Alberdi y juntó todos los papelitos tirados en bolsas del mismo color de los cestos. Más de una vez le ha pungueado  la billetera a todo el pasaje de un colectivo, solo para acomodarle la guita y ordenarle las tarjetas de crédito.

- ¡Un loco!

-No. Es Psicólogo…

-Ahora entiendo todo…

No. Nunca se termina de entender todo. Hay que acomodar demasiadas cosas para entenderlo todo. En eso anda el Dr. Flavio Sebastián… tratando de entender un poco más cada vez que acomoda algo.

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