Caprichos de Salta: La prueba del pájaro

Cultura 13 de septiembre de 2018
Salta está llena de caprichos, todos ellos recorren cada uno de los rincones de nuestra ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas una nueva entrega de la ficción de Javier Camps en InformateSalta.
pájaro

El Ciego Jorge, mientras desenvuelve un caramelo y se lo echa a la boca, levanta su voz para decir:

-El júbilo popular normalizado a instancias de misterios de dudoso origen e intención me está fastidiando… ¡en este momento!  

-¿A qué se refiere?

-  A que, aquí, hay demasiado quilombo,  salgamos hacia un lugar menos hostil a los cinco sentidos, al buen gusto y al  don de la convivencia.

Salimos de la plaza y caminamos hacia el sur por la calle Buenos Aires. Jorge avanza por las estrechas veredas con la impunidad irreprochable del ciego, que es análoga a la de la ambulancia con la sirena prendida a rosca completa metiéndose a contra mano del tránsito. Me lleva del brazo como si yo fuera el que tuviese dificultades para andar. Entonces pienso que, tal vez, así sea; que no me alcanzan los ojos para saber ver por dónde y cómo voy. Nunca he tenido problemas para aceptar el consejo y la guía de quien ha demostrado credenciales para mejorarme… así que me dejo llevar, gustoso, del brazo y de la generosidad del invidente.

-Mirá, Siryab, la gente se divide en dos grupos: Los buscadores de dioses y los que huyen de ellos… huyen de los dioses y de sí mismos.

-¿A dónde van?

-¡Qué importa! Los que huyen no van a ningún lado… ¡huyen! Los que huyen sólo saben que hay que salir. Hay que sacar la cabeza del balde…

-¿Nosotros estamos huyendo?

-Huir no es correr como un boludo por las rutas hasta caer exhauto y sentirse más boludo y cansado que nunca. Porque  el que huye así, termina volviendo vencido por la inmensidad de la libertad y el hambre. Entonces, en su triste regreso, firma su reclutamiento al ejército por dos porciones de pizza fría, una botellita de gaseosa con poco gas y una caricia de un policía solterón que vive con un caniche sin dientes. Se huye con menos movimiento. En la no acción.

- O sea… ¿No hay que hacer nada?

-Hay que aceptar la propia inhabilidad, la ineficacia para resolver el escape. Hay que saber aceptar la incapacidad para interpretar el vacío y el poder indómito de la vida. Cuando la suerte está echada, una nueva suerte es la clave. Las suertes conocidas son inútiles. Es la calma en la derrota coyuntural, la que construye el éxito necesario.

 -¿Se huye para buscar esa nueva suerte?

-No. Huir es un estado en sí. No es una acción; y esa suerte nueva no va y viene, está siempre ahí. El tema son los ojos… confiamos demasiado en los ojos y los ojos no tienen neuronas ni corazón, son ventanitas.

Nos detenemos frente a una casa vieja con las ventanas cerradas, Jorge empuja la puerta y entra. Abre todo. La luz entra por doquier. Nos sentamos sobre unos cajones. El ciego saca su botellita de grapa y me pide, mientras fumamos, esperar por algo. De repente, entra a la habitación, donde estamos, un pájaro pequeño. Da vueltas y vueltas. No sabe salir. No encuentra la forma de  salir a pesar de que todas las puertas y ventanas están abiertas. Pasan las horas.  El pájaro se asusta y se cansa. Se queda quieto en un rincón muy cerca del techo. Intentamos hacerlo salir. Es  peor, se asusta más y se cansa más. Jorge cierra todas las ventanas y las puertas. Salimos de ahí y dejamos al ave encerrada.

-Mañana, a la mañana, volvemos.

Pasada la noche y la mañana casi en su totalidad, volvemos al lugar. El ciego Jorge está exultante y me dice:

-Fijate, chango, lo que vas a ver y nunca lo olvides. Que sea, esta, la lección más importante de tu vida.

Jorge abre la puerta de doble hoja de par en par y, a la cuenta de cinco, el pájaro sale de la habitación. Se posa sobre un cable, saluda y se va.

-Todas las ventanas y las puertas abiertas no alcanzan para salir, cuando no se las ve. Una noche oscura le alcanzó, al pájaro,  para desarrollar la capacidad de reconocer la salida.  La inmensa mayoría está presa en medio de un desierto abierto y luminoso. Hay una minoría que se encierra en el lugar  más oscuro de su corazón para saber por dónde se sale a redescubrir la vida y cambiar la suerte. Esa es la prueba del pájaro. Nunca falla.

Hay que saber cómo es adentro para saber andar por afuera.

 

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