Mató a su marido y se entregó: “quería que yo esté cuando él violara a mi hija”

Nacional 01 de octubre de 2018
Él tenía 38 años, ella 37 y su hija 14. Él se habría obsesionado con la adolescente. La mujer está presa y la familia del fallecido pide justicia.
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Soledad Magdalena está presa desde el 2 de septiembre, cuando entró a la comisaría 4ª de Berazategui y le anunció al policía que la recibió en la mesa de entradas: "Maté a mi marido, vengo a entregarme". Y podría seguir detenida si finalmente la Justicia define la prisión preventiva, pedida por el fiscal Carlos Riera. La mujer, sin embargo, se defiende de la acusación de homicidio: dice que mató a Cristian Senra porque intentó violar a su hija de 14 años delante de ella.

Magdalena relató ante Riera el calvario que vivió durante los últimos nueve meses con su marido, antes de pasarle un cordón por el cuello y apretar hasta matarlo. En su declaración indagatoria, la acusada contó detalles de cómo Senra manipulaba la relación y explicó que la pareja se fue deformando como consecuencia de los celos del hombre, hasta que un día su marido le confesó: "Estoy obsesionado con tu hija".

"En ese momento me quedé turbada, congelada, no lo podía creer, también me confiesa que quería que yo esté presente en el momento en que él abusara de mi hija. La noche que me confiesa eso me da a elegir entre mi hija o yo", dijo Magdalena delante del fiscal.

Aquello fue en marzo o abril de este año. Hasta ese momento, según contó Soledad (37), la pareja vivía bien económicamente gracias al trabajo como electricista de Senra. "Viajábamos, salíamos, pero con el tiempo las discusiones comenzaron a agravarse, empezó a celarme demasiado", contó la mujer, y dijo que él la había obligado a dejar el trabajo.

Magdalena asegura que su propio cuerpo era el centro de la descarga de la obsesión de su marido por su hija adolescente. Los abusos del hombre, de 38 años, sobre su esposa eran físicos y también psicológicos: "Me amordaza, me ata de manos hacia atrás, fue algo muy brusco, me obligaba a que diga el nombre de mi hija, como si yo fuese ella,y él repetía una y otra vez como si yo fuese ella".

Todo pasaba en su cuarto, dijo Soledad. Afuera de allí, la apariencia de la familia era la normal. Pero Senra, según su esposa, estaba obsesionado con la chica, la controlaba, se fijaba en su manera de vestir, la perseguía con la mirada.

En las últimas 48 horas de su vida, Senra se desbordó en su obsesión. El viernes, dos días antes de que Magdalena lo asesinara, el hombre le sacó el celular a la adolescente por la fuerza y se mandó a su propio teléfono fotos de ella. Esa noche, él le dijo a su esposa: "Qué linda está tu hija, qué linda cola, qué lindo cuerpo, ya lo voy a tener, ya lo voy a agarrar".

Más tarde llevó a Magdalena al baño y la abusó de manera brutal: "Me tira hacia el inodoro y me empieza a violar y me dice que mi cuerpo ya no era como el de mi hija, me dice 'esta no es la cola ni los pechos de ella, vos no sos ella, yo la quiero a ella".

De acuerdo con el relato que Magdalena hizo delante del fiscal Riera, Senra iba a abandonar el hogar el sábado, 24 horas antes de morir. La relación estaba terminada. El hombre le pidió a su esposa que le preparara la ropa para irse, ya que había encontrado un lugar para alquilar. Cuando llegó, empezó a beber alcohol y le volvió a preguntar por su hija. La madre le mintió, le dijo que no sabía dónde estaba.

Senra se enojó, agarró sus cosas y se fue en su camioneta. Antes de despedirse, le dijo a su esposa que "entregara" a la hija. Pero a los 10 minutos el hombre llamó al celular de Magdalena y le pidió que saliera a la vereda. La mujer subió al coche de su marido y él le repitió que necesitaba hablar con la adolescente y la amenazó con que si no hablaba con ella la iba a "destruir" y a "dejar en la ruina", que "iba a matar a mis padres y mis hijos".

Soledad se bajó del auto. Cristian se fue. Ella volvió a su casa y al rato llegó su hija. Minutos después, Senra llamó otra vez e insistió en hablar con la chica y le pidió que salieran las dos mujeres. Entonces la madre habló con su hija y le preguntó si estaba dispuesta a hablar con su marido.

Finalmente, el hombre llegó a la casa. Según Magdalena, él estaba ebrio. Las hizo subir a la camioneta y le pidió a la chica que ella se sentara adelante y la madre atrás. "La empezó a amenazar y a echarle la culpa de todo, le decía que ella tenía la culpa de destruir el matrimonio, que ella había entrado en su cabeza, y era repetitivo, yo le dije ya está, es esto lo que tenés que decir, entonces acelera y nos lleva a 300 metros de casa. Estaciona y ahí vuelve otra vez a lo mismo, le empezó a decir que quería estar con ella y que yo tenía que estar presente".

Toda historia tiene una escena de quiebre, de giro. En este caso, el momento en que Senra apagó la camioneta, a tres cuadras de la casa donde hasta ese día había vivido con su esposa y los hijos de ella, fue el que cambió el curso de las cosas.

El hombre, que tomaba una cerveza en lata, prendió un cigarrillo y le dijo a la chica que iba a poder superarlo como su madre había podido superar el abuso que sufrió de chica. Magdalena le respondió que ninguna mujer podía superar un abuso. Entonces, según el relato de la imputada por el crimen, Senra se tira encima de la chica. "Empezó a tocarla en medio de las piernas, yo lo conozco, y me di cuenta que estaba excitado por los gestos, la mirada, la manera de hablar, de balbucear, la manera de expresarse", dijo Soledad.

"Te va a gustar", le dijo el hombre a la menor. "Te va a a gustar mi pija", agregó, y le dijo que estaba muy caliente con ella, que le gustaba todo su cuerpo, su cola y, según Magdalena, en ese momento Senra volvió a meter la mano entre las piernas de la chica.

Soledad dijo que intentó defenderla. El instante siguiente marca el fin de la vida de Senra, pero no el fin del calvario. Magdalena se sacó el cordón de la capucha de su buzo y lo pasó por el cuello de su marido. Apretó hasta matar. "Solo recuerdo que le puse el cordón e hice un giro como para apartarlo de mi hija. Ahí pensé que nos iba a matar a las dos", explicó al fiscal la mujer, y argumentó que minutos antes él había sugerido: "No sé si se vuelven caminando".

Las dudas de los investigadores

A pesar del relato detallado de Soledad Magdalena, el fiscal Riera duda de su versión. Para el investigador no está claro que se haya tratado de una legítima defensa, y por eso le pidió al juez de Garantías Damián Vendola que dicte la prisión preventiva por el delito de homicidio agravado por el vínculo (ya que estaban casados legalmente), aunque -dado que la propia mujer se entregó- en principio no existirían motivos: ni riesgo de fuga ni de entorpecimiento de la causa.

Vendola deberá decidir esta semana. Fuentes judiciales adelantaron que una decisión probable es que, efectivamente, el juez dicte la preventiva, pero con domiciliaria, dado que, además de la chica de 14, Magdalena tiene una hija de 4 años y un varón de 18.

Un dato generó sospecha en los investigadores: según la autopsia hecha sobre el cuerpo de Senra, las marcas en su cuello delatan una doble vuelta del cordón con que Magdalena lo asfixió hasta matarlo. Dudan si no hubo premeditación, ya que no entienden por qué ella dejó que su hija se sentara en el asiento delantero. "¿Si sabés que está amenazando a tu hija te sentás atrás?", comentó a este medio uno de los investigadores.

Magdalena tiene el respaldo de diversas organizaciones feministas. Desde el colectivo Futura respondieron a esa suposición. "Ellas vivían en un contexto de violencia. El fiscal le pregunta en la indagatoria por qué no se bajaron del auto. Pero estaban amenazadas de muerte por una persona que violaba sistemáticamente. Tenían miedo de que las pasara por arriba", explicaron.

La familia de Senra tiene otra hipótesis. Asegura que la mujer lo mató "por plata". "Nosotros presenciamos peleas, él se quería separar y le había dicho que la relación no daba para más. Fue por plata", dijeron familiares.

Desde Futura califican de absurda la versión: "Es ridículo matar a alguien por un seguro. Él era electricista. Ella refiere que vivían bien, cómodos, como una familia clase media baja pero bien".

El panorama sobre la situación de Magdalena no es claro aún. Su hija declaró en cámara Gesell que Senra la acosaba, pero, según fuentes del caso, nunca dijo que en la camioneta él la tocó. "Además la mujer nunca lo había denunciado y no hay testigos presenciales", agregaron.

Para los investigadores, la doble vuelta de cordón sobre el cuello no indicaría una "reacción instintiva". Para el colectivo que apoya a la mujer, Soledad tuvo una "defensa racionalmente necesaria" ante una "agresión ilegítima" y consideraron que la postura del fiscal Riera es "machista" y tiene un "sesgo de género".

Fuentes judiciales explicaron que el cuerpo de Senra no tiene signos de haberse defendido, lo que les resulta sospechoso. Por eso Riera mandó a pedir pericias toxicológicas sobre su sangre y sus vísceras con el fin de determinar si el hombre había tomado (consciente o no) algún tipo de droga sedante.

"Es una chica de contextura livianita", comentaron, sugerentes, los investigadores, quienes admitieron que es un caso difícil para investigar. "Tenemos a una mujer presa, sus hijos esperándola, y por otro lado, la familia de un muerto que quiere justicia. Necesitamos juntar todas las pruebas y se definirá en un juicio", argumentaron.

Lo llamativo es que Magdalena no intentó ocultar el crimen. Todo lo contrario. Después de ahorcarlo y comprobar que el hombre estaba muerto, Soledad llevó a su hija a la casa y le dijo que se quedara tranquila, que se iba a entregar.

Al fiscal Riera le admitió: "En ningún momento quise hacerle daño a Cristian. Él sabía muy bien que jamás le hubiese hecho daño, me sorprendió el resultado, con mi hija me veía tirada en un descampado, su amenaza era tan severa y creíble que él lo iba a cumplir".

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