Caprichos de Salta: Las mil y una puerta

Cultura 11 de octubre de 2018
Salta está llena de caprichos, todos ellos recorren cada uno de los rincones de nuestra ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas una nueva entrega de la ficción de Javier Camps en InformateSalta.
puertitas

Sentado sobre un tronco seco al costado de la ruta, cerca de Alemanía, el  flaco de los Caschis mira hacia los cerros del oeste y dice a sus, más de diez, canes:

-Va a ponerse fresco. Menos mal.

Los perros lo miran y giran la cabeza hacia el oeste para certificar los dichos del hombre. Acto seguido, se paran y empiezan a rumbear hacia Cafayate. A poco de andar, una camioneta para y el conductor  le ofrece, al flaco, acercarlo a donde vaya. Él sonríe y le dice:

-Gracias. Pero sospecho que no cabemos todos en su chata.

-Claro que sí.

El sujeto abre la puerta trasera de la caja y, ante una seña del flaco, suben todos los perros. Todos sentaditos y sin hacer ruido… tranquilos y contentos. Los hombres suben al vehículo y empieza este diálogo:

-¿Puedo saber su nombre?

-Me dicen el Flaco. El Flaco de los Caschis.

-Mucho gusto, Flaco. Yo soy Abdul Eblis.

-Mucho gusto.

-¿A qué se dedica? Perdón… no sé si es indiscreta mi pregunta…

- Busco historias que están a punto de ser olvidadas o son desconocidas para, después, replicarlas y, así,  mantener viva la memoria de la gente.

-Interesante. Yo conozco algunas…

-Lo escucho, entonces.

-¿Conoce la historia de la Casa de las mil y una puertas?

-No. Soy todo orejas… cuente…

-Vea, hay casas que son construidas en lugares bastante peculiares. Sitios que en el pasado han tenido alguna significación de relevancia para los ancestros. El mundo está lleno de lugares fantásticos que hoy no son tenidos en cuenta. Claro, no son tenidos en cuenta hasta que pasa algo que es no es fácil de entender. En la calle Ituzaingo, a dos cuadras de la calle San Martín, hay un edificio que, según decía mi abuelo, fue levantado sobre el lugar donde yace la cabeza de un gigante. Un gigante que enloqueció y fue decapitado. La cabeza es un laberinto. La suya, la mía, la de todos. Ese edificio tiene un departamento que tiene más puertas que todas las que se puedan contar en el resto de las moradas. Decía mi abuelo, que en ese lugar se puede entrar y salir de todas las emociones; incluso de la salud y de la enfermedad. Se puede acceder a la sabiduría; a la libertad y a la cautividad. Depende de la puerta que se abra o se cierre. Ese departamento es el sitio donde vive, aún,  la mente del gigante. Hay un lugar donde se puede descansar y ser feliz y otro donde se enloquece. Mientras usted transita los pasillos y las habitaciones,  puede verse a sí mismo y si se acepta tal cual es, se mejora; de lo contrario,  se empeora. Me dijo mi abuelo que el que entra allí puede encontrar su camino o seguir perdido… ¡La vida es paradojal… y es sagrada.

- ¿Su abuelo estuvo allí?

-Mi abuelo siempre dijo que nosotros descendemos de ese gigante…esas puertas son nuestras puertas…mucha gente, se sospecha, ha visto a dios en ese lugar. Su dios… que es su mejor parte… su original virtud. En todas las cuevas sagradas del mundo hay una cabeza de gigante enterrada… un pedazo de esa gran mente que es la matriz de todas nuestras pequeñas cabezas… nuestras pequeñas mentes. Buda se iluminó bajo un árbol; Abraham vio a dios en una zarza y Mahoma debió subir a una montaña para encontrarlo. Hoy  el confort ha hecho que las cosas sean más fáciles: subiendo las escaleras de ese edificio y buscando el departamento 11, está todo casi resuelto.

-Dígame ¿ha sucedido algo peculiar allí, algo que nos traiga esta historia hasta nosotros?

-Sí. Sucedió un milagro… y todavía sigue sucediendo… y va a suceder por mucho tiempo. Usted lo va a poder ver…

 Se acabó la historia, se acabó el camino. El Flaco y los Caschis bajaron en la entrada de Cafayate. Se despidieron de Abdul y siguieron su travesía… con una historia más a cuesta… una historia más para contar.

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