Caprichos de Salta: Disfraces

Cultura 13 de diciembre de 2018
Salta está llena de caprichos, todos ellos recorren cada uno de los rincones de nuestra ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas una nueva entrega de la ficción de Javier Camps en InformateSalta.
disfraz

“Ser y parecer” es una frase común, aparentemente inocente, que envenena las conductas del gentío. La esencia de una persona no se puede ocultar y siempre termina siendo consecuente en la acción de cada vida. Separar lo que somos de lo que tenemos que mostrar es un aberrante ejercicio. A menudo, ciertos sujetos, también se disfrazan  no para ocultarse sino para mostrar lo que son sin inhibiciones ni miedos. “Santa paradoja” le diría Robín a Batman que, por cierto, se disfrazan para laburar de buenos muchachos.

Los roles sociales son pocos y el reparto es injusto. Algunas personas están condenadas a ser protagonistas de historias demasiadas gastadas con guiones que ya no tienen razón de ser interpretados ¿Cuántos abogados son en realidad guitarristas o cuántos contadores nacieron equilibristas? ¿Cuántas mujeres son vendedoras o docentes y en realidad son velocistas o pintoras? ¿Cuántos policías son ladrones y cuántos ladrones son poetas? Injusticias naturalizadas que describen el fracaso de la civilización occidental.

El ciego Jorge siempre dice “El indio que se hace gendarme no sirve ni como indio ni como gendarme”. Una cosa es cagarse de hambre y otra muy distinta es hacer ayuno.

Santiago es un niño inquieto, casi peligroso para los adultos que no entienden el uso adecuado del tiempo y de las emociones. A temprana edad es un empresario exitoso: El changuito tiene una fábrica de disfraces. Pero no tiene en su catálogo trajes de princesas, reyes, superhéroes o personajes cuya popularidad es un error de cálculo en el manejo de anhelos y pretensiones particulares y colectivas. Todos sus disfraces son la ropa de personas que no existen en ningún capítulo de nuestra historia, ni en las sospechas del imaginario popular. Raros animales de colores impensados y ropajes de ciudadanos con extravagantes oficios. Su vida está construía por el relato de una mitología propia que le brota copiosamente y él nunca tuvo la intención de frenar, la deja fluir y la postula a ley sagrada y a acción verdadera.

Santiago se encierra en su taller a pensar cada una de sus creaciones. Bebe un extraño jugo de una fruta infrecuente en las tiendas y las mesas de las casas. Escucha Rush,  Jetro Tull y a Horacio Salgán. Por momentos, tiene serios problemas para hacerse entender porque habla una lengua desconocida que, a decir verdad, no sabemos si es una forma de comunicación, una melodía tarareada o un reproche codificado. Obsesivo con los materiales y los colores suele frustrarse ante las poca posibilidades que les da este mundo pedorro para hacer tangible sus ideas. Teme a las arañas pero reprime el impulso de matarlas. Dicen sus clientes que gracias al uso de sus disfraces han cambiado sus hábitos y han mejorado sus conductas. Es más, hacen fiestas sin una razón particular para disfrazarse y mejorarse. Santiago dice, al respecto, que “todavía son unos caretas” porque no se necesita hacer fiestas para ser uno mismo y agrega “ya lo van a entender… necesitan practicar más”.

Sus padres,  acosados por un cúmulo de incertidumbres, le hacen un seguimiento porque, claro está, una cosa es la lealtad afectiva y la contención y otra es fumarse a un freaky fuera de todo parámetro. Un día de esos que parecen del montón, ven algo determinante en la búsqueda de respuestas. El problema surge porque algunas respuestas no pueden ser entendidas. Nadie entiende lo que nunca ha visto. No hay palabras para nombrar exotismos que ni la imaginación puede alcanzar. Santiago entra a su habitación se quita la remera y busca en su pecho un largo cierre. Lo abre y sale de su propia piel. El niño es totalmente transparente. Lejos de asustarse, los padres se tranquilizan… empiezan a visualizar que hay cosas que se entienden de otra forma… como lo hace Santiago. El niño los mira y les dice “tranquilos, por favor, yo estoy más preocupado por ustedes ¡y con razón! de lo que ustedes pueden estar preocupados por mí. Pero no se inquieten. Todo tiene una razón. Cuando sean niños lo van a entender. Ahora vayan a dormir y no hagan demasiado ruido”.  Dentro del disfraz de Santiago hay más libertad que en toda la faz de tierra.

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