Ahora que lo pienso: porqué no te lees un librito de vez en cuando

Lic. María Florencia Barcos 11 de febrero de 2019 Por
17.726.535 visualizaciones, 384 mil likes, 85 mil dislikes y un sinfín de comentarios dentro y fuera de las redes sociales, es el resultado del video "Lindo pero bruto" que, el pasado 29 de enero,  lanzaron oficialmente en YouTube, la cantante mexicana Thalía y la intérprete argentina Lali Espósito.
lali y thalia lindo pero bruto

Convertidas en 'barbies' y apelando a una estética de videoclip similar a la de Barbie Girl de Aqua (1997), no salen de los estereotipos que ponen en coma patriarcal al feminismo de los últimos tiempos.  Más aún, las lecturas literales que brotaron a diestra y siniestra en los medios de comunicación, y que recuperan igual interpretación de los seguidores y detractores, dan cuenta del mal originario que insistimos eludir: la eterna deuda educativa y su correlato pragmático más evidente, la incapacidad de la mitad más uno de los egresados argentinos de comprender textos.

Doce años pasa una persona en la escuela en Argentina, eso sin sumarle el nivel inicial, y solo la mitad de los que transcurren por esos derroteros llega a comprender el sentido de un texto. A poco menos de un mes de comenzar las clases, a nadie parece preocuparle si este año continuará o pondrá fin a la nefasta tradición de no cumplirse el ciclo lectivo de 180 días de clases. Si bien dicha cantidad de días se fijó en 2003 (por la ley 25.864), históricamente se consideró un objetivo digno de cumplir en las aulas del país. El país que estructuralmente engrosa las filas de los analfabetos con título, no sólo es incapaz de alcanzar la meta, sino que incluso no hace uso de su derecho, ni caso al deber, de sumar de manera progresiva 10 jornadas al calendario escolar según lo acordara la Nación con las provincias por medio de la resolución 165 del Consejo Federal de Educación (CFE) (2011). 

Año tras año, la opereta de los gremios, contribuye a añadir paros, posponer inicios, acortar ciclos, en pos de mejoras salariales que se diluyen en la gravedad de las realidades áulicas, que gritan la falta de un proyecto educativo serio por parte de un Estado que oscila entre la fascinación de la ignorancia en términos electorales, y la praxis de corrección política hacia una masa de padres que soltaron la mano de las instituciones en las que depositan a sus hijos con la esperanza de, cuanto menos, no ser molestados. En esta red de intereses cruzados, unos y otros funcionales, naufragan las nuevas generaciones que observan en los escaparates de moda, un horizonte que se vanagloria de tener el cuerpo duro, la billetera abultada, y la inmediatez de una fama tan efímera y relativa como el tiempo. Tres minutos sin sustento, que nos interpelan desde la vacuidad a una serie de debates de los que claramente las “artistas” no se dan por enteradas. Parece que burlarse de los hombres en tiempos de “emponderamiento femenino” no es reprochable, pues reproduce lo que aquellos no han cesado de hacer con las mujeres. Lectura autocomplaciente si las hay, pero entendible en el contexto de un emisor que intenta por todos los medios, incongruentes incluso, de salvaguardar su producto. No importan las lágrimas derramadas, o las diatribas vomitadas,  Lindo pero bruto pisotea la lucha de un feminismo que tiene por horizonte poner fin a la cosificación de la mujer, la búsqueda de la igualdad en la diferencia, el respeto que ciertos preconceptos culturales mancillo en nombre de una autoproclamada superioridad, sentido de pertenencia, objetivación del ser.

La simplificación del relato siempre atenta contra el relato mismo. La imposibilidad de visualizar el concepto machista de la mujer, más aún, una mujer ejerciendo sobre el hombre la misma violencia simbólica que “dice” combatir, habla de la complejidad de un fenómeno que año a año suma víctimas. Como sujetos de derechos, somos objetivados por un sistema educativo  “inclusivo” que excluye al ignorar las capacidades y deficiencias,  por una cultura que banaliza la sexualidad y ansía atomizar los cerebros, por seudo colectivos que borran con el codo lo que escriben con la mano, esa misma que usan para tirar la piedra que niegan rotundamente conocer. Ahora que lo pienso…..ya lo dijo Thalia, “Y si no me acuerdo, no pasó, no pasó”. 

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