Caprichos de Salta: El dibujo

Cultura 11 de abril de 2019
Salta está llena de caprichos, todos ellos recorren cada uno de los rincones de nuestra ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas una nueva entrega de la ficción de Javier Camps en InformateSalta.
sol

Hay pequeños mensajes, tejidos por prodigios, que nos involucran a todos y están guardados en nuestras mentes. Esos mensajes afloran cada tanto. Algunos de ellos, se sueñan; otros se cuelan, como capítulos o fugas,  en algún relato o aparecen en imágenes fortuitas que alguien garabatea en un papel en un momento cualquiera. Podemos decir que esos momentos de lucidez, no convocados ni pedidos, son actos desesperados de la naturaleza  por llamar a la reflexión. Como un llamado interior que advierte acerca de la realidad. Porque la realidad es la vida misma y poco tiene que ver con la civilización y ese entramado de costumbres insanas que cultivamos desde hace más de cinco mil años sin éxito ni destino.

Los niños son, con frecuencia, los vehículos más importantes para abrir esas puertas que nadie encuentra y busca desde tiempos inmemoriales. Desde su simpleza y su poca voluntad de poder, la changada puede cruzar umbrales y volver con alguna respuesta que, obviamente, no es tomada muy en serio porque, se supone,  son los adultos los que deben buscarlas, producto de su extravío… extravío ya casi irreversible.

El mundo de Danielito  es un mundo bastante particular, su vida pasa por el papel y el lápiz.  Casi no habla, no sale de su casa. Solo la contemplación y el dibujo lo cautivan.  Nunca tuvo grandes expectativas,solo el ejercicio de reproducir cada cosa que ve, tal cual como es o, tal vez, algo más.

Danielito lo dibuja todo. Cada cosa que ve, la lleva al papel. Es la mañana del jueves, después de desayunar, cuando, de repente, le llama la atención la forma en la que cae la luz en la galería de su casa. La forma en que las cosas van mutandosu importancia en el espacio que ocupan de acuerdo a como son iluminadas. Se le ocurrió que la luz es la que atrae a la mirada. La luz con su acción acaricia los objetos mostrándolos en su versión más descarnada, en su máxima expresión.

El niño toma una hoja de papel y un lápiz. Dibuja todo lo que tiene delante de sus ojos y trabaja la luz como si fuese la reencarnación de Edward Hopper. Recrea la inmovilidad con maestría y la baña con la luz que aprecia. Lo hace con extrema concentración. Detalla los objetos con una precisión extraordinaria. La mesa, las sillas, los objetos tirados en el piso, el tender y la hamaca. De fondo el campo con los caballos pastando y los cerros, todavía verdes, le dan un contraste maravilloso. Trabaja el cielo con los cirros que lo blanquean y le dedica especial atención al sol.

Se sirve una taza de café con leche, mira la obra y cavila acerca de la luz. Se siente satisfecho. Sonríe y vuelve a mirar el paisaje. Ve que la luz que recreó ya no es la misma. Levanta la hoja y la pone a contraluz del sol. La hoja se prende fuego. Se le hace cenizas entre las manos. Danielito ha encontrado el secreto del fuego sagrado. El secreto de la luz. Ya puede dibujar el alma de la gente si se lo propusiera. Llegó al sol. Ahora puede iluminar los rincones más oscuros y quemar las penas más pesadas.  Tiene la llave que abre el cielo.

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