Familias: La psicología comienza por casa

Lic. Ricardo Sarain 25 de agosto de 2015
En otro artículo ya he provisto de estadísticas poco alentadora del aumento de divorcios en nuestro país. El concepto de familia ha cambiado mucho en los últimos años, un poco para bien, un poco para mal. El fenómeno de las parejas que se casan y no tienen hijos hoy crece en muchos países, incluido el nuestro bajo el nombre anglosajón de DINK, que significa Doble Ingreso Sin Niños y que une a dos personas que no quieren ser padres.

Lo cierto es que la familia de la que provenimos dice mucho de nosotros mismos y, de muchas maneras, nos predispone hacia la elección de ciertas conductas, hábitos, valores y creencias en detrimento de otras.

¿Hay familias normales?. No lo creo y, por otro lado, el concepto de normalidad es demasiado multivalente. Sin embargo, según Keitner, Heru y Glick en su libro Manual Clínico de Parejas y Terapia Familiar, una familia entra dentro del terreno de lo normal cuando en la misma existe ausencia de enfermedad o patologías y es capaz de satisfacer las necesidades de seguridad y mantenimiento y las necesidades psicológicas y sociales de sus miembros.

Siguiendo con el libro citado, una familia es saludable cuando puede cumplir las siguientes funciones de manera efectiva:

  • Resolución de problemas: Tener fortaleza para resolver problemas y tener pocos problemas sin solucionar.
  • Comunicación efectiva: Comunicación clara versus comunicación oculta y comunicación directa versus comunicación indirecta.
  • Adecuada asignación de roles: Adecuada adjudicación de roles y cumplimiento de las tareas de acuerdo al rol y ausencia de conflictos.
  • Sensibilidad con los afectos: Para el manejo de las emociones relacionadas con el bienestar (calidez, ternura, apoyo, amor, alegría) y las emociones negativas (odio, temor, tristeza, decepción).
  • Implicación en los afectos de sus miembros: Interés por lo que sienten cada uno de los miembros de la familia.
  • Control de las conductas: Para poder resolver conflictos sin herir a los demás y poder comportarse de manera adecuado estos casos.

La salud de una familia depende de todos los miembros. Los padres han de pensar que no alcanza con el mantenimiento económico de los hijos, sino que hace falta demás preocuparse por el sostén psicológico de los hijos. Los hijos han de aprender que buena parte de lo que son deriva de cosas aprendidas de sus mismos padres y que muchas veces cuando los critican se critican a ellos mismos. En este camino la flexibilidad, una vez más, colabora a la salud de la familia. Y la agresión o violencia (verbal o física) quedan fuera del planteo.

Según los autores citados, las investigaciones arrojan el dato de que las relaciones e interacciones que tienen en la familia pueden interactuar de manera negativa con los factores biológicos y provocar enfermedades médicas por el ambiente y las condiciones a las que se someten los miembros. Esto incluye discordia en las relaciones, exceso de emociones intensas y poco apoyo.

La salud de un individuo es BioPsicoSocial, esto es: depende de la adecuada interacción de tres factores clave. Por un lado la parte Biológica, provista por nuestros genes, por otra la parte Psicológica, provista de nuestra personalidad y por último la Social, provista por nuestra familia y las relaciones fuera de la familia.

Volviendo a la familia, podemos concluir que lo que hace que una familia sea disfuncional no es los problemas que tiene, sino la forma que tiene de abordarlos. Ningún problema podrá ser resuelto por la familia si sus miembros no colaboran en el proceso, adaptándose a las contingencias y logrando mayores niveles de integración. Y por supuesto, buscando orientación profesional cuando las acciones implementadas no logran las soluciones esperadas.

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