Cultura25/04/2019

Caprichos de Salta: La salida

Salta está llena de caprichos, todos ellos recorren cada uno de los rincones de nuestra ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas una nueva entrega de la ficción de Javier Camps en InformateSalta.

Una mañana enrarecida por un cielo de nubosidad exuberante a baja altura muestran a una Salta disfrazada de Edimburgo. La garúa todo lo hace dramático. Esa humedad cargada de tristeza que conduce a una desesperación  torpemente disimulada genera choques de apuros en las mínimas veredas del centro. La suerte se transforma en una bala de plata en estos días donde parece celebrarse el desacierto y el desencuentro. Parado en la esquina de Mitre y España trato de encontrarle un rumbo a mis intenciones. No me gustan estos días tan grises. Son días estúpidos, son días difíciles para negociar un andar digno. Los estúpidos no entienden de convenios ni de conveniencias. Un descuido es igual a una dificultad. Hay que estar atento.

No pasa demasiado tiempo cuando una figura conocida se abre camino entre tanta confusión: El Ciego Jorge, gran maestre de la sagrada orden de los comerciantes informales, lustras, putas y afines. Él se para a mi lado y me dice:

-Siryab, querido amigo ¡Cuánto tiempo sin vernos! ¿Ya sabes a dónde vas a ir o te vas a quedar parado ahí?

- ¿Qué cuenta Jorge? ¿Está más delgado o me parece?

-¡Siempre tan perspicaz, Siryab! Si, estuve un poco perjudicado pero ya me estoy poniendo en forma para pelear con los leones.

-Bien ¿Cómo anda la muchachada?

-Todos están  bien. La cosa se puso dura pero, bueno, vos sabes… tenemos algunos recursos para soportarlo. Es factible que emigremos. Ya hemos cumplido un ciclo en este lugar. No es que la venta haya mermado. Solo es que nuestra naturaleza es el de las de las semillas… hay que dejar que el viento y los pájaros hagan su trabajo en este momento, necesitamos volar. Nunca vi tanta gente tirada en la calle. Tanta gente con la mirada llena extravío. Gente que se deja morir y gente que pasa a su lado huyendo de eso que también les va a pasar en algún momento.

-Caramba ¿A dónde se van a ir? Van a dejar la ciudad sin vida.

- No es la crisis ni la proximidad del colapso. Es otra cosa. No soportamos la tristeza. Somos un colectivo alegre. Necesitamos vivir en un lugar donde la gente no atrase trescientos años solo porque le pesa el culo. Ya hace un tiempo que empezamos a desconectarnos de acá. Los caminos están listos para nuestras pisadas deseosas de tierrales nuevos. Los personajes fantásticos que te he presentado ya no pueden hacer su magia en un laberinto que ha ignorado al resto del mundo y se ha constituido en un reino. La importancia del laberinto está en la salida. Este laberinto se ha independizado del mundo, ha creado su propio dios, ha tomado las leyes del medioevo; mixturado todo con la velocidad del siglo veintiuno. Un pastel de mierda que parece sabroso… pero es mierda… Siryab… es mierda.

-Y… ¿usted que siente? Personalmente… digo…

-Ya estoy demasiado viejo. He visto demasiado. He entendido demasiadas  cosas. En realidad, siempre lo supe todo. Solo tuve que asumirlo. También me cansé de la gente que me cuenta quien soy y que hago. Yo estoy parado en el pasillo de gayola, puedo irme cuando quiera. Ellos están en las celdas y desde adentro me cuentan como es ese afuera que jamás van a ver. Un manojo de pelotudos crónicos con pretensiones de iluminados ¡Iluminados por el foquito de un baño público de la terminal de bondis! Ayer escuché a cuatro infelices debatir el concepto del tiempo. Nunca fueron más allá del reloj… Es difícil correr atrás de un pedo, una vez que sale ya es inalcanzable y, lo que es importante saber, no va a ningún lado.

-¿No está viejo para andar escapándose? Supongo que debería quedarse y no irse.

-Es que uno se va cuando ya está viejo… es la única salida.