Política04/01/2026

La Iglesia endurece su postura frente a Milei y marca límites al ajuste y la agenda religiosa del Gobierno

Tras la muerte del papa Francisco, los principales obispos del país profundizan un vínculo distante con el Presidente.

Cuestionan la relación selectiva con otras confesiones y los recortes en áreas sensibles como universidades y discapacidad. Colombo, Rossi, García Cuerva y Carrara concentran las voces más críticas del Episcopado.

La relación entre el presidente Javier Milei y la Iglesia católica atraviesa su momento más frío desde el inicio de la gestión libertaria. Lejos de recomponerse tras el acercamiento inicial con el papa Francisco en el Vaticano, el vínculo con el Episcopado argentino se deterioró de manera sostenida y hoy muestra señales claras de distanciamiento político e institucional.

El fallecimiento de Francisco cerró una etapa singular para la Iglesia local, no solo por haber tenido al primer pontífice argentino de la historia, sino por el fuerte peso político y simbólico que Jorge Bergoglio mantuvo en la escena nacional. Su figura funcionó durante años como un factor de equilibrio —y también de tensión— en la relación entre la Iglesia y los distintos gobiernos. Con su muerte, el escenario cambió: la jerarquía eclesiástica dejó de actuar con cautela y comenzó a expresar con mayor claridad sus diferencias con la Casa Rosada.

Uno de los gestos que más molestia generó entre los obispos fue la falta de respuesta de Milei al pedido de audiencia para el saludo navideño de 2024. La omisión fue interpretada como un desaire político. En 2025, el Episcopado optó por enviar una carta en la que, con el lenguaje diplomático habitual, reclamó garantías para la paz social en medio del ajuste. El Presidente respondió con un mensaje breve, sin abrir el diálogo directo.

En paralelo, la Casa Rosada mostró una apertura activa hacia otros credos. Milei recibió en reiteradas ocasiones a pastores evangélicos, se convirtió en el primer presidente en rezar con ellos en la sede del Gobierno y participó de la inauguración de un mega templo en Chaco, donde dio un discurso de alto voltaje político. También mantuvo encuentros con referentes del evangelismo internacional y con autoridades del judaísmo, en sintonía con su alineamiento estratégico con Israel.

En la Iglesia católica reconocen la sensibilidad religiosa del Presidente, pero cuestionan lo que definen como una apertura “selectiva”, que excluye deliberadamente al culto mayoritario del país. La comparación se vuelve más evidente al contrastar la actitud de Milei con la de la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien inauguró un oratorio católico en el Senado, generando incluso críticas desde sectores evangélicos por el carácter confesional del espacio.

El trasfondo del conflicto, sin embargo, va más allá de lo simbólico. Los obispos y los curas de barrios populares fueron particularmente duros con los recortes presupuestarios en universidades públicas y en políticas destinadas a personas con discapacidad. Desde el Gobierno interpretan esas críticas como una intromisión política y, en algunos despachos oficiales, deslizan que la Iglesia fue indulgente con gestiones anteriores, especialmente peronistas. En el Episcopado rechazan esa acusación y aseguran que seguirán denunciando las consecuencias sociales del ajuste “por mandato evangélico”.

Las voces que incomodan al Gobierno

Cuatro figuras concentran hoy el perfil más crítico dentro de la Iglesia argentina: el presidente de la Conferencia Episcopal y arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo; el vicepresidente primero y arzobispo de Córdoba, Ángel Rossi; el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva; y el arzobispo de La Plata y titular de Cáritas, Gustavo Carrara. Todos llegaron a esos cargos impulsados por Francisco y comparten una mirada social que choca con la lógica libertaria.

Colombo puso en duda públicamente la ayuda económica de Estados Unidos al Gobierno y advirtió sobre posibles “letras chicas”. Rossi fue en la misma línea y expresó sospechas sobre el verdadero interés de las potencias extranjeras en el país. Además, celebró el freno legislativo a los recortes en discapacidad y habló de “inhumanidad” cuando los números desplazan a las personas.

Rossi, único cardenal del grupo, tuvo además un rol clave en la última elección papal que consagró a Robert Prevost como León XIV, un pontífice que mantiene una fuerte continuidad con la línea social de Francisco.

La tensión con la Iglesia no es un dato menor en un año en el que crece la expectativa por una eventual visita del nuevo Papa a la Argentina. El propio León XIV admitió la posibilidad de viajar también a Uruguay, donde ya comenzaron los preparativos. Una relación fría y distante con el Gobierno argentino podría complicar ese desembarco.

Mientras Milei avanza con su agenda económica y redefine alianzas religiosas, la Iglesia católica parece decidida a no replegarse. Con un liderazgo renovado y un discurso social explícito, los obispos se preparan para seguir marcando límites en un escenario político cada vez más polarizado.

Con información Diario Clarín (Foto Colombo, Carrara, Rossi y García Cuerva, las cuatro figuras emergentes de la Iglesia, con vínculo frío y crítico con Milei)