Redescubrí los sabores del Design Restó

Sociedad 07 de diciembre de 2019
Ciudad de Salta. Avenida Belgrano esquina Pasaje Castro. Hay por los rincones aromas del mundo, de mar, de tierra, de cielo. Desde la vereda se perciben síntomas de felicidad plena. Es que allí está anclado el paraíso terrenal. Design Restó, el corazón del magnífico Hotel Design.
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Las paredes parecen sonreír. El suelo vibra, las ventanas laten. Es una experiencia inolvidable. La recepción es elegante, cordial. Tienen sus paredes arte, belleza, simpleza. Se mezclan la madera, con el hierro, el cemento  y el buen gusto. La iluminación es cálida, muy precisa. El piso de pinotea es un deleite. Mobiliario blanco en general, destacan por su pulcritud, resaltan y dan amplitud los impecables espejos. Ambientes altos, confortables. Recomiendo mesa al lado del ventanal.

Ni bien subo las escaleras, Rita nos atiende en el salón con absoluto respeto, con una increíble y natural simpatía. Como apetizzer, nos ofrece pan casero recién horneado, con un queso blanco con hierbas acompañado de grisines especiados que parecieran ser adictivos de tan intenso sabor. La carta es ideal.


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Variedad de platos sin caer en la trampa del exceso ni de lo escaso.  Carta de vinos corta y puntual. La limonada es suprema y obligatoria. Como entrada es inevitable dejar de lado los langostinos acompañados de un mini risotto que parece venir del brazo de Dios. Como principal, la carne de cerdo y la trucha con almendras, llevan menciones de honor.


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Tomo respiro. No solo por una cuestión de digestión. Es que todo parece celestial. Sigo alucinado. Es un milagro sentir tantos placeres conjuntos, uniformes, exaltados. El paladar siente inmensa gratitud. Siento la necesidad de que el tiempo se detenga, que las imágenes queden grabadas de forma permanente. Es que no es un sitio cualquiera. Tiene mística, historia, tiene alma, y muchas vidas.

Estaba esperando el yerro, el desliz, el lógico y natural defecto. Pero nunca llegó. Mucho menos con el postre. Es allí, donde uno elige el lugar para vivir y yo quisiera vivir aquí. El suspiro limeño es lo más maravilloso que se pueda ingerir con azúcar en este universo. Leche condensada con merengue al fuego tan delicado como letal. Es orgásmico. Es determinante. Sobrenatural. Tengo ganas de abrazar y besar las manos del Chef Bruno Macoritto. ¡Bendito su ser!


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Añoro un té digestivo pero prefiero caminar. Luego de semejante vivencia, recomiendo una vuelta por la plaza Belgrano de enfrente, siempre focalizando el lugar, su fachada, su hall, sus ladrillos, y entre luces, pieles, venas  y arterias, “Design”. También llamado diseño. Diseño con detalles, con perfección, con pasión, con amor.
 

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