Bolivianos en las Malvinas: 25.000 voluntarios quisieron luchar por Argentina

Medios 02 de abril de 2020
A casi 40 años de la Guerra de las Malvinas (1982) es poco conocido que 25.000 bolivianos radicados en el norte argentino se ofrecieron como voluntarios para colaborar en diferentes tareas durante el conflicto bélico.
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A casi 40 años de la Guerra de las Malvinas (1982) es poco conocido que 25.000 bolivianos radicados en el norte argentino se ofrecieron como voluntarios para colaborar en diferentes tareas durante el conflicto bélico.  

La de 1982 no fue la primera vez que Bolivia se mostraba a favor de Argentina en su reclamo. La invasión inglesa a las islas en 1833 provocó la inmediata reacción del Mariscal Santa Cruz, por entonces presidente de Bolivia quien, enterado del caso, mandó una carta de protesta, dejando en claro que Bolivia solo reconocía a la República Argentina como unidad territorial sobre las Malvinas. Fue el primer país en reclamar por la invasión. La carta fue dirigida a la reina de Inglaterra y a su primer ministro, con copia a Buenos Aires. El resto es historia conocida.

Todo comenzó con la “Operación Rosario”, bautizada así en honor a la Virgen del Rosario, el 28 de marzo de 1982, cuando en la base Naval de Puerto Belgrano se embarcaron fuerzas militares argentinas con la misión de recuperar las islas del Atlántico Sur. La historia cuenta que en la madrugada del 2 de abril, ya en suelo malvinense, el destacamento se dividió en dos grupos: el más numeroso al mando del capitán Guillermo Sánchez Sabarots, el cual comenzó una larga marcha hacia el cuartel de los británicos en Moody Brook; el segundo liderado por el capitán Pedro Giachino, que buscó la casa del gobernador Rex Hunt.

El equipo de Sánchez Sabarots llegó a Moody Brook y confirmó que el mismo estaba desocupado. Poco después, comenzaron los disparos en Puerto Argentino y tras algunas escaramuzas, la “Operación Rosario” había terminado con éxito cesando la usurpación de 150 años. Posteriormente empezó la “verdadera” guerra, que se inició el 1 de mayo con un bombardeo aéreo inglés al aeropuerto de Puerto Argentino y la inmediata réplica de la Fuerza Aérea Argentina, que hacía su histórico bautismo de fuego.

La guerra les costó la vida a 649 personas —entre ellos oficiales, suboficiales y jóvenes de 18 años que cumplían el servicio militar— y mutilaciones y heridas a casi 1.300, además de secuelas psicológicas que llevaron al suicidio a más de 350 excombatientes.
Al poco tiempo, el 26 de mayo, una solicitada del periódico bonaerense La Razón reportó desde Salta, provincia limítrofe con Bolivia, que el gobernador de facto Roberto Augusto Ulloa, el Centro Boliviano de Salta y la Federación de Excombatientes de la Guerra del Chaco informaban sobre 25.000 bolivianos que se habían ofrecido para sumarse como voluntarios en el conflicto. Lo cierto es que 74 días después de aquel 2 de abril, en medio de hostilidades y combates en el frente externo, y de la crueldad del clima de las islas, del hambre, de la violencia de buena parte de los mandos, de la imprevisión y de los obsoletos recursos armamentísticos en el frente interno, las tropas argentinas se rindieron ante las británicas.

 

Pilotos peruanos que trajeron los Mirage y se ofrecieron como voluntarios para entrar en combate

Posteriormente se supo que Perú, uno de los pocos aliados efectivos de Argentina, no solo la apoyó militarmente, con acciones de inteligencia y mediante el envío de una docena de aviones Mirage M5-P, en ese entonces casi nuevos eludiendo radares chilenos que actuaban apoyando la inteligencia británica, sino también con pilotos, instructores, pertrechos militares, misiles y medicinas. Venezuela también ofreció su ayuda desde el primer momento.

Perú fue uno de los pocos leales a Argentina a la que apoyó abiertamente durante el conflicto (hoy en día se habla de un apoyo extra de pilotos y de más misiles Exocet por parte de Perú), y también es un hecho que los peruanos movilizaron su Fuerza Naval hacia el sur de su frontera ante una eventual intromisión de Chile en favor de los europeos.
 

El informe Rattenbach

El 25 de enero de 2012, a 30 años de la guerra, la presidenta argentina de aquel entonces, Cristina Fernández de Kirchner, anunció la conformación de una comisión para la reapertura y el conocimiento público del “Informe Rattenbach”, un documento confeccionado en 1982 cuya finalidad era analizar y evaluar el desempeño de las Fuerzas Armadas argentinas en el conflicto bélico. En una parte de dicho informe se encuentra escrito cómo los comandantes argentinos maltrataban a sus propios soldados, especialmente a los oriundos del norte argentino.

El 26 de mayo de 1982, una solicitada del periódico bonaerense La Razón reportó desde Salta, provincia limítrofe con Bolivia, que 25.000 bolivianos se habían ofrecido como voluntarios en el conflicto.

Mediante aquel escrito se supo que en esa época, muchos bolivianos o hijos de bolivianos radicaban y cumplían su servicio militar en Salta y Jujuy, esta última también limítrofe con Bolivia, los cuales con solo 17 y 18 años fueron obligados como muchos otros jóvenes a ir a la guerra con Gran Bretaña. El periodista y escritor Daniel Kon, autor del libro Los chicos de la guerra, si bien no hace referencia y diferencia a los jóvenes por nacionalidad, es quien deja entrever que muchos conscriptos de origen boliviano fueron maltratados y lucharon por las islas reclamadas.

Así, el país, al igual que muchos otros latinoamericanos, también había entrado en la retórica de envío de soldados para apoyar a la Argentina en el conflicto; el (ex) embajador boliviano en Buenos Aires, Liborio Flores Enríquez, por ejemplo, era piloto de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) y uno de los primeros en presentarse como voluntario para ir a Malvinas. Pero el caos que se vivía bajo la presidencia del general Celso Torrelio Villa, que había sido previamente ministro de Luis García Meza, vinculado al narcotráfico, tampoco dio pie a nada muy notable.

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