Efecto coronavirus: “Extraño a mi novia y la quiero ver, ¿voy preso?”

Medios 05 de abril de 2020
Desde que arrancó la cuarentena obligatoria por el coronavirus uno viene fantaseando, y Alberto lo sabe, con romperla.
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Desde que arrancó la cuarentena obligatoria por el coronavirus uno viene fantaseando, y Alberto lo sabe, con romperla. Pst… ¿dónde cree usted que va? “A comprar un jabón exfoliante”. Imaginamos diálogos imposibles con desarrollos irracionales, absurdos. “El jabón exfoliante no es primera necesidad. Regrese a su casa inmediatamente”.

La palabra “inflexible”, dicha por el Presidente, dio autoridad a militares y a fuerzas de seguridad, a quien Alberto Fernández agradeció muy especialmente en su último discurso del fin de semana pasado. También les dio potestad a vecinos que se asoman por la mirilla de la puerta para saber quién es el que se atreve a tomar el ascensor.

Escenario: Comisaría 31, ubicada en Cabildo al 200. Un cartel ahora la retoca formalmente como “14 B”. No hay nadie esperando. Entramos y vamos directo al mostrador. Una mujer policía escucha nuestra pregunta, se levanta y va a buscar a una persona equis que está del otro lado de una pared. La persona equis tarda un minuto en venir y se presenta como “inspector”. Es un tipo joven, macanudísimo, muy bien dispuesto a cumplir con su deber.

Le decimos primero que el coronavirus nos tiene preocupados a todos, aunque pareciera haber dos tipos de Covid-19: el que aterra a media humanidad, y el de Dybala y Oriana Sabatini. El policía sonríe y ganamos confianza para completar la idea: el corona que nos deja bien muertos como Raid, y el de la popular pareja de infectados más rozagante y saludable de toda esta plaga.

-Bueno, le decía a la señorita que estoy extrañando mucho a mi novia y necesitaría verla aunque sea un rato. ¿Voy preso si me paran?

-Sí.

-¿Sí?

-Sí, técnicamente usted estaría violando el DNU de la cuarentena obligatoria.

-¿”Técnicamente” quiere decir que puedo verla?

-No, no quiere decir eso. No puede.

-Pero hace como dos semanas que no nos vemos...

-Entiendo su posición, pero no se puede.

El inspector nos alcanza una hoja para que vayamos anotando el diálogo. Papel y birome. Somos de esos argentinos que salimos un rato con la bolsita del súper. Hasta nos han ofrecido la guarda de un cachorro para tener más posibilidades de tomar aire y caminar. La ciudad de los perros permite paseos y saludos. Los vecinos que tienen mascota se hablan como nunca antes. De a ratos, son casi los únicos que vemos transitar por este barrio.

Que no. Que nos exponemos. Que si nos para un policía -un milico, un gendarme, un vecino- nos pueden iniciar “una causa penal”. Demasiada gente preparada para que uno tome el riesgo de pretender encontrarse con su novia.

Leemos que hubo más de 33 mil detenciones en 10 días por violar la cuarentena. Fernández arrancó su última cadena nacional hablando de coches secuestrados y detenidos. Tenemos pánico por partida doble.

-La extraño mucho, oficial.

-Es comprensible su reclamo, de verdad se lo digo, pero esto es para cuidarnos entre todos. Debemos guardar cuarentena obligatoria. Es por nuestro bien.

-¿Y si soy un periodista, uno que quiere ir a ver a su novia...?

-No. El argumento que me está dando habla de un abuso. Usted es periodista para moverse en el contexto de la pandemia. Para circular por trabajo, no para ir a la casa de su novia. Puede ir y venir por decreto, pero sin forzar los alcances del permiso obtenido.

-¿Son muchas las fuerzas de seguridad que nos están controlando?

-Hasta las fuerzas de seguridad de Migraciones.

-Es que la extraño…

-Entiendo que es una situación compleja la suya, pero no puedo hacer nada al respecto.

Este diario publicó que un hombre inventó una madre en la playa y contó también la historia del “aburrido”, entre otras “excusas insólitas” para violar la cuarentena dispuesta por el coronavirus. En la Argentina de hoy, el Ministerio del Interior de la Nación, básicamente, se dedica a monitorear gente que sale a dar una vuelta.

Nunca tuvo tanta épica ser vigilante. La cajera del supermercado se empoderó y quiso saber qué estábamos haciendo en la fila con un nene de ocho años. Habrá que explicar en voz alta que uno es padre separado y que al pibito no le gusta quedarse solo, y menos ahora que tenemos la obligación de sentir miedo.

Ese orden paranoico es el que nos hace entrar a la seccional de Cabildo al 200.

-¿Y qué pasa si me detienen por ir a lo de mi novia?

-En el 50, 60 % de los casos, un agente lo puede acompañar a su casa o labrarle un acta, o ambas cosas.

Entra una persona a la comisaría. Bah, afila la cabeza a través de la puerta que da sobre la avenida. Un tipo grandote, barbudo que interrumpe para saber algo. Parece Slavoj Zizek: “Perdón, tengo que ir a la farmacia de Lacroze, ¿puedo ir en auto?”. El inspector duda y le responde: “Si es necesario, sí. Ir a la farmacia en auto o caminando es exactamente lo mismo. No se interroga sólo a los que van en auto”.

El hombre agradece y se sube al coche.

-¿Si me detienen voy a un calabozo?

-Lo remitimos a la alcaidía.

-¿No quedo detenido acá?

-No.

-¿Qué es una alcaidía?

-Un organismo dependiente del Gobierno de la Ciudad.

-¿Organismo con calabozo?

-Sí.

-¿Y no se tiene miedo del hacinamiento ahí?

-Existen más estructuras comprometidas para trasladar a los infractores. Como alcaidías descentralizadas son. Se habilitaron varios lugares justamente para que nadie se amontone.

-¿Me abrirían una causa por lo de mi novia?

-No depende de nosotros eso –dice el inspector-. El DNU lo tiene que interpretar el juzgado que está de turno en cada detención.

-¿Y usted lo molestaría al  juez por un caso así?

-Es mi obligación.

-Discúlpeme la ignorancia: ¿le diría que intervenga por el caso de un señor que extraña a la novia?

-Sí, ya le dije: es mi obligación.

-¿Y no se puede hacer la vista gorda?

-Los controles son muy estrictos. No puedo hacer la vista gorda. Esto es una pandemia y yo tengo un criterio laboral que debo cumplir y obedecer. No puedo... Sí puedo escucharte y hasta comprenderte –ya nos tutea, ya nos intuye sensibles-. A ver: supongamos que vos no vas a ver a tu novia y que en realidad recién llegás al país y estas moviéndote por la calle...

-¿Que me harían?

-La resolución de cada caso en particular depende del juzgado interviniente.

-¿Si voy preso cuánto tiempo me tienen encerrado?

-En principio, lo que se tarda en hacer la averiguación de antecedentes. Seis horas mínimo.

-¿Podrían llamarme a indagatoria por tratar de visitar a mi novia?

-Eso depende de la Justicia.

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