Un salteño contrajo Coronavirus en Buenos Aires y se recuperó con un tratamiento de plasma

Coronavirus 02 de junio de 2020
Se trata de Carlos Arapa, un hombre oriundo de Payogasta, quien sospecha que contrajo el virus luego de compartir un plato de comida con su padre. “Es un estado espantoso, no se lo deseo ni a mi peor enemigo”, contó.
Carlos Arapa

El Coronavirus contado desde la piel de un salteño, Carlos Arapa, un hombre de 59 años, criado en Payogasta y que contrajo el virus en Buenos Aires, donde vive actualmente. Él pudo reponerse rápidamente gracias a un tratamiento de plasma de pacientes recuperados.

Según consignó Clarín, Carlos está convencido que se contagió luego haber compartido un plato de comida con su padre. “El viejo tenía una gripecita, no parecía nada complicado, pero finalmente él estaba infectado. Todavía la está peleando, internado, pero en vías de recuperación”.

Para él transitar la enfermedad no fue nada sencillo. El sábado 2 de mayo sintió unas líneas de fiebre. “Empecé a cranear, a sentir mentalmente que estaba enfermo, no sé. La fiebre no aflojó, me fui a dormir, me levanté en medio de la noche empapado. Pese a que no me podía sacar el COVID-19 de la cabeza, me di una ducha y me fui tempranito, el domingo, al hospital.”

Arapa explicó su sintomatología a los médicos, que lo revisaron, le hicieron análisis, un hisopado y lo medicaron para bajarle la fiebre. Se encontraba mejor y volvió a su casa. “Me fui del hospital convencido de que tenía un estado gripal”. Pasaron 48 horas y le avisan del hospital que había dado positivo.

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Como vivo solo, les dije que me quedaría en casa, aislado.” Pero con el transcurrir de los días, el cuadro clínico se complicó producto de mucha tos y falta de aire. “A las 9 de la mañana del lunes 11 la ambulancia estaba en la puerta de mi casa. Sentía que me moría.”

Volvió al hospital adonde había estado la semana anterior, “pero ahora la situación era grave, aunque yo pensaba que tenía neumonía. Me sentía con falta de oxígeno y después de unas placas que me tomaron tenía los pulmones en muy mal estado. Me dijeron que estaba complicado y al otro día me trasladaron a terapia intensiva.”

Es un estado espantoso, no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Yo estaba sin fuerzas, casi entregado, hasta que uno de los médicos me pidió autorización para hacerme un tratamiento con plasma de un paciente recuperado. Obvio que le dije que sí, y por suerte mi organismo no lo rechazó.

Una expresión de alivio seguida de una sonrisa transmitió cuando dijo que “la recuperación fue rapidísima, recuerdo que ya al día siguiente estaba con más fuerza, con mayor capacidad respiratoria, de hecho el oxígeno que me aplicaban vía nasal sentía que no lo necesitaba. Y así pasaron unos días, me mandaron a una habitación común y el 22 me dieron el alta. Ya estaba volviendo a ser, quería moverme, caminar, no aguantaba estar en la cama.”

Si bien sabe que el plasma se utilizó para neutralizar el virus, para él fue como la cura milagrosa, fue como el remedio para aliviar el terrible malestar. Sabe que no está del todo curado definitivamente, está esperando hacer nuevos hisopados para que le dé el bendito ‘negativo’.

 

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