Fue campeón con Independiente en el Maracaná, pasó por Racing, por México y hoy vive en la selva

Deportes 14 de septiembre de 2020
El Nuno Molina pasó por Ferro, Rosario Central, Independiente y Racing: hoy vive en la selva de Tulum
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Roberto “Nuno” Molina, el ex futbolista argentino, se instaló en la selva de Tulum en México para llevar adelante un proyecto que pretende asentar la primera ciudad autosustentable solar en esta zona turística.

El campeón con Independiente en el Maracaná, que pasó por Racing y brilló en México, contó que los escorpiones negros que se puede cruzar por la selva no son “tan venenosos” como los que hay en el estado de Sonora. También que nadando en el mar se cruzó con cinco mantarrayas y que las mariposas, las lagartijas y los monos salvajes andan por doquier.

“Estoy en Tulum. Le decimos la selva, pero no es que estoy metido en la selva amazónica porque no estoy preparado ni es algo que siento. Pero este es un lugar maravilloso. A ocho minutos de la playa, del caribe mexicano. Me asenté en un sector de selva, porque acá hay mucha selva. Es un lugar maravilloso energéticamente. Todavía hasta hoy hay selva, aunque lógicamente la ha destruido el avance del hombre", explicó el ex mediocampista en una entrevista a Infobae. 

Esta vida la comenzó a construir hace 7 años. “Estoy sobre la carretera, entre la pirámide de Tulum y la pirámide de Cobá. Estas tierras todavía son ejidales, que no han sido habitadas o trabajadas por el avance del sistema, de los humanos. No han sido trituradas”, contó.

 
Y aclaró: “Ojo, tampoco es que estoy sumergido en la selva como Tarzán eh...”, dijo y disparó las carcajadas mientras le mostraba al periodista imágenes de su paraíso a través de una videollamada.

Nuno tiene que recorrer más de 45 kilómetros para poder comprar en uno de esos hipermercados.

“Llevo casi nueve años entre Tulum y Playa del Carmen. Con períodos por ahí de seis meses que estuve trabajando en el fútbol, porque más allá de toda la conexión que tengo acá, cuando siento que pica una pelota se me pone la piel de gallina. El fútbol es el 50% de la vida. El otro 50% incluye todo esto. Queremos hacer tipo una ciudad con la proyección de que sea autosustentable, pero por el momento es sostenible. Tratamos de volver a conectarnos un poquito con la tierra, con la naturaleza. Tomar conciencia real de que los chicos hoy por hoy están conectados a un cable. Están con el celular, la Play; salen de la Play y van al televisor. Les sacás el celular y se deprimen. Esto es real, no es broma. Pasa en todas partes del mundo”, reflexionó a sus 48 años y a 16 de haber pisado por última vez una cancha como profesional.

Molina hizo base en México, donde fue parte del América, Atlante, Toros Neza, Puebla y los Tiburones Rojos de Veracruz. También estuvo como asistente del entrenador Francisco Ramírez en los Cafetaleros durante el 2017.

 
“Muchas veces me dicen que este es el Lado B, pero en realidad siempre digo que sería el Lado A y lo que se ve en la TV es el Lado B. Uno es producto del sistema, del exitismo, de lo vulnerable que puede ser una persona con referencia al sistema que nos obliga a triunfar; un triunfar que está mal interpretado porque a veces pensamos que es ganar dinero. Esa es una de las cosas que siempre me quedó de la educación de mis padres: el triunfo no pasa por el dinero, si no por una felicidad interna”.

El proyecto que lo empujó a instalarse en la selva mexicana se inició con una cabaña en Tulum. Hoy tiene otras cinco cabañas con “800 metros cuadrados de jardín selva”, un sitio que en los últimos tiempos se transformó en cobijo pasajero para gente de la zona que vio cómo la pandemia pulverizó sus puestos de trabajo en el turismo.

“Estamos pre habitando con un montón de gente, amigos y personas que hacen ceremonias ancestrales. Queremos que la gente venga a buscar algo diferente”, retrata. Allí convive con su hermano y la familia de él. Tras la separación de su pareja, sus hijos se quedaron en Necochea. “Estamos con la incertidumbre de ver qué va a pasar. Si vienen para acá o voy para allá. Trato de mantenerme ocupado en generar una energía de esperanza, de ayudar. Cuando hablo de ayudar no es hacerse el Tarzán, es ayudar con lo que a uno lo haga feliz. Quizás un plato de comida, al menos uno, para un niño. Acá hay muchos pibes que están pasando hambre porque los padres perdieron el trabajo”.

Además, hizo hincapié en que “la plata importa el valor que le dé cada uno. Observo que en todas las actividades se les está dando valores fundamentales al éxito a cualquier precio. No es un éxito a partir del que podés generar una enseñanza, ayudar, ser solidario en función de los que vienen. Definitivamente estamos descuidando mucho a los pibes, que hoy en día no sabés cómo sacarlos de la casa. ¡La mayoría no te mira a los ojos! Una de las cosas más importantes que tenemos los seres humanos es el contacto visual. La mirada es nuestro centro energético más grande. Por eso los boxeadores cuando van a pelear se miran”.

Molina está convencido de su mensaje. Del nuevo paradigma que atravesó su vida el día que el fútbol lo “jubiló” cuando todavía tenía todo por delante. “Ojo, cuando yo digo energía no sé qué interpreta la gente. Digo energía porque a veces te encontrás con determinadas personas y sentís como una identidad que te llevás bien y con otra no pegaste ninguna onda. Llamalo educación, intuición, sensación... Somos una máquina perfecta y debemos tener alguna vibración que generamos, algo que hemos ido apagando durante el último tiempo, pero porque el sistema lo apagó. Por ejemplo: llega alguien con su Lamborghini, lo estaciona y ya metió su energía. Pero esa es la energía que produce el dinero en nuestras vidas. Llega uno con una bicicleta rota y esa energía te llega de distinta manera o no te llega porque no la identificamos, pero es por la información que nos metieron desde chicos”.

 
Fuente: Infobae

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