La pandemia que hace un siglo dejó a 4 millones de personas como estatuas durmientes

Medios 28 de febrero de 2021
durmientes

Desde que terminó la Primera Guerra Mundial en el año 1917 hasta 1927, una extraña epidemia se comenzó a extender por todo el mundo. Millones de personas contrajeron la enfermedad. Quienes la padecían mostraban los ojos y los miembros completamente paralizados, sufrían fantasías y delirios, así como una tremenda necesidad de dormir.

Así describió el psiquiatra y neurólogo austríaco Constantin von Economo la enfermedad en el diario clínico de Viena en mayo de 1917: “Una muchacha de veintiséis años es trasladada desde una comisaría de policía al hospital psiquiátrico. Durante dos días, se muestra desorientada, parece deambular dormida. En los corredores de la clínica se pasea con los dos ojos cerrados, como una sonámbula, y delira evocando toda clase de cosas de colores. Por la noche, bruscamente, padece un edema pulmonar, y muere”.

En un breve período de tiempo, numerosas personas comenzaron a presentar estas dolencias. Fue entonces cuando el neurólogo austríaco, von Economo, intuyó que se trataba de una “pequeña epidemia” de una enfermedad a la que terminó denominando ‘encefalitis letárgica’ aunque muchos la denominaron ‘enfermedad del sueño’. Él comenzó a identificar los primeros casos en su clínica de Viena a finales del año 1916, señala la BBC

No obstante, desde el año 1917, comenzó a propagarse por toda Europa y desde mediados de los años veinte, lo hizo por el mundo entero hasta el punto de acabar con la vida de alrededor un millón de personas y contagió a otros cuatro millones de personas más tras dejarlos en un estado catatónico durante años, que los impedía hablar o moverse de forma independiente.

“Hemos tenido la oportunidad de observar una serie de casos en la clínica de psiquiatría que no satisfacen los criterios de nuestros diagnósticos habituales. A pesar de ello, muestran una similitud en la forma de inicio y su sintomatología que nos fuerzan a agruparlos en una sola entidad clínica”, escribió el neurólogo.

Quienes sufrieron la enfermedad permanecieron en aquel estado de adormecimiento e inmovilidad durante décadas hasta mediados de los años 60, cuando el neurólogo británico, Oliver Sacks, llegó al Hospital Beth Abraham en el Bronx, en Nueva York, donde había ingresados decenas de pacientes con la enfermedad.

“Nunca había visto algo así: tantos de esos extraños pacientes inmóviles, a veces aparentemente congelados en posiciones raras, y uno se preguntaba: ¿qué está pasando? ¿Habrá alguien vivo adentro?”, dijo en 1970 el neurólogo británico en declaraciones a la BBC.

Varias estadísticas, especialmente de Estados Unidos, calculan que un tercio de los enfermos de la enfermedad consiguieron recuperarse, otros consiguieron despertar pero con secuelas similares a las del párkinson. El resto de personas que contrajeron la enfermedad fallecieron.


 


Tras un breve período de estudio, Sacks descubrió que todas aquellas personas en un estado de adormecimiento profundo aún mostraban signos de conciencia, especialmente cuando un ayudante en el centro hospitalario tocaba el piano para los residentes.

En 1970, la doctora Concetta Tomaino, directora y cofundadora del Instituto de Música y Función Neurológica de Nueva York fue consciente, al igual que el británico Sacks, que la música era capaz “de estimular el sistema motor hasta el punto de ponerse en acción”. Fue así como Tomaino comenzó a indagar en la musicoterapia, que por aquel entonces no era más que un área de investigación nueva. La doctora neoyorquina recibió una carta de Oliver Sacks que decía que “cada enfermedad es un problema musical, cada cura, una solución musical”.

Fue así como Tomaino y Sacks comenzaron a trabajar hombro con hombro en descubrir los auténticos efectos que tenía la música sobre el cerebro. La musicoterapia, en conjunto con el uso de un medicamento que servía para tratar a las personas con párkinson sirvieron para que la ‘encefalitis letárgica’ desapareciera en muchos de aquellos pacientes.

No obstante, la medicación contra el párkinson, la L-Dopa, perdió su efecto en diversos casos. Las personas que habían enfermado comenzaron a perder funciones de nuevo, unos más que otros, pero lo cierto es que ninguno se pudo recuperar del todo. Sin embargo, a pesar de que la medicación no fue el milagro que los científicos esperaban, la música aún perduraba como una solución, ya que posteriormente se demostró científicamente que la música podía mejorar e incluso reparar el daño cerebral.

Oliver Sacks publicó varios libros sobre aquellos extraños episodios, uno de ellos se llamó ‘Los Despertares’, que posteriormente se convertiría en una película interpretada por los actores Robert De Niro y Robin Wiliams. El investigador británico falleció en el año 2015. Connie Tomaino, por su parte, se convirtió en un ejemplo mundial y líder internacional de la ‘musicoterapia’ como solución a muchos problemas neurológicos.
 


Aún a día de hoy se desconoce con certeza la causa de la ‘encefalitis letárgica’. Varias investigaciones apuntan que podría deberse a una enfermedad autoinmune. Otras, por su parte, sugieren que podría ser una mutación de una bacteria de los estreptococos. Es decir, la variante común tan solo produciría diversas molestias en la garganta, la mutación podría ser capaz de afectar al sistema inmune y reaccionando frente al sistema nervioso.

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