De “Gasoleros” a trabajar en una estación de servicio: la nueva vida de una reconocida actriz

Medios 03 de mayo de 2022
sandra

Sandra Ballesteros trabajó en varias producciones de renombre, como Gasoleros, Verano del 98, Lalola y Guapas. Sin embargo, hace tiempo que no pisa un set de grabación, y eso se debe al rotundo cambio de vida al que apostó. Dejó Buenos Aires y volvió a su querido Villaguay -Entre Ríos-, donde se hizo cargo de una estación de servicio que heredó de su papá.

“Internamente sentía que necesitaba otra forma de vida, y que esa otra forma de vida estaba pidiendo desarrollarse. Fue algo tan definitivo que cuando mi papá me contó que había puesto en venta la estación de servicio de Villaguay, le dije, casi sin pensarlo que no la vendiera, que yo me iba a hacer cargo”, explicó a La Nación.

 Sandra reconoció que le costó adaptarse, pero poco a poco lo logró y hoy tiene todo calculado. “Durante unos años tuve una forma de vida que no me había llevado a los mejores lugares, pero había podido cambiar el chip para tener hábitos más saludables. Y ya no tenía ganas de trabajar como actriz”, señaló.

Sandra Ballesteros y un viaje espiritual que marcó su destino

 En 2008, Sandra se fue a la India y fue un antes y después. “Buscaba trabajar con mi interior. Siempre me interesó hacer servicio, me gusta dar una mano con amor, pero de eso no se vive. Guiaba grupos de meditación y no me daba un peso porque no me cerraba cobrar”, dijo.

En Villaguay el llamado espiritual fue a través de la música: “Dirijo un coro, monté un vía crucis viviente y un pentecostés con gente del lugar, que no son actores. Hace años que formo parte de un grupo de oración que se llama Abba Padre en la Iglesia Santa Rosa de Lima, y pertenece a la Renovación Católica Carismática, que es una corriente de la iglesia católica que invoca al Espíritu Santo”.

A los 60, Ballesteros sigue soñando con convertirse en mamá: “Siempre quise serlo, pero no se daban las condiciones para ‘ahijar’. Ahora tengo un proyecto que me hace muy feliz: quiero adoptar un nene o una nena de entre 10 y 15 años”. Y concluyó: “Siempre tuve ganas de ser mamá, pero no podía porque mi estado espiritual y emocional no estaban en sintonía. Ahora estoy haciendo talleres de capacitación que da el Registro Único de aspirantes a Guarda con fines de Adopción, donde me anoté hace dos años como familia monoparental postulante. Es un proyecto maravilloso”. (TN)

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