Torturas, jeringas y hambre: el calvario de la modelo argentina que estuvo presa un mes en una cárcel de China

Internacionales 04 de mayo de 2022
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Florencia Cassola nunca olvidará su paso por China en 2014. Estuvo presa durante casi un mes junto a otras 30 modelos internacionales a raíz de una redada migratoria. La experiencia fue tan traumática que poco después dejó el modelaje

Durante años, el caso fue mantenido en reserva para preservar la seguridad y el bienestar de las jóvenes, pero ahora Cassola decidió contar todo. “Es importante que todos sepan lo que nos pasó”, afirmó.

El viaje de Florencia Cassola a China

Cassola comenzó su carrera de modelo en 2010 en la agencia Muse Management de Gastón Stati. El exmanager de Pampita le encontró trabajos en el mercado asiático, donde “su estilo iba mejor”.

En 2014 apareció lo que parecía una buena oportunidad en Beijing: Rising Star, una agencia china nueva, “ofrecía buenas condiciones” por un trabajo. Le pagaban el pasaje, el departamento y le daban algo de dinero para vivir, dijo Stati.

 
Florencia Cassola, la modelo argentina wue estuvo presa casi un mes en China. (Foto: gentileza Muse Management).

Pero según la agencia china, era imposible conseguir una visa de trabajo, por lo que le pedían que viaje como turista.

“Aunque nos hacía un poco de ruido, la verdad es que en muchos países funciona así. En Europa, por ejemplo, es habitual que las primeras veces las modelos trabajen como turistas porque generalmente van por tres meses o menos. No suele ser un problema”, explicó Stati.

Finalmente, en marzo, Cassola viajó a China. Las primeras cinco semanas fueron “fabulosas”: la joven compartía un departamento con tres chicas y disfrutaba de la cultura china.


 
Florencia Cassalo en China.

Del casting a la cárcel

Pero todo cambió el 8 de mayo. Ese día, Florencia y otras 30 chicas llegaron a un departamento para reunirse con un supuesto cliente. Jamás apareció. En su lugar, llegaron varios policías que les sacaron fotos. Al principio, se lo tomaron a la lígera. “No entendíamos nada”, recordó Florencia.

Las risas no duraron mucho. Pronto, los policías separaron a las jóvenes modelos de sus representantes y las trasladaron a una comisaría cercana, donde fueron interrogadas una por una durante más de seis horas. Les preguntaban qué estaban haciendo en el país y qué tipo de visa tenían.

No las dejaron llamar a un abogado, “una práctica común en China”, según indicó Yaqiu Wang, principal investigadora de Human Rights Watch (HRW) sobre China.

Los oficiales las amenazaron con que “la iban a pagar” y pronto comenzaron los malos tratos. “Una policía agarró a una de las chicas de los pelos y la zamarreó. Esa fue la primera situación que realmente nos asustó a todas”, indicó.


 
Los primeros días de Cassola en China.

Las modelos aún tenían sus celulares y se pudieron comunicar con sus agentes chinos, que les aseguraban que todo se resolvería rápidamente. Florencia le envió un mensaje a Stati, que estaba en Buenos Aires, para mantenerlo al tanto de lo que ocurría. “Me dijo que las habían detenido, que le quedaba poca batería y que quería que esté informado por si acaso, pero que por favor no le dijera nada a su familia porque no quería preocuparlos”, dijo el empresario argentino.

Este mensaje fue el último que pudo mandar Florencia durante casi un mes. Después de varias horas y “sin dar ningún tipo de explicación”, los oficiales las obligaron a subirse a un gran micro. El viaje fue largo y nadie sabía a donde las llevaban.

El destino era la cárcel. “Era una cárcel de verdad”, recalcó Florencia. Le sacaron sus pertenencias y le entregaron el uniforme de recluso, una frazada y un tupper.

Durante el chequeo médico, una modelo española, Carla Vidal, fue inyectada con una jeringa contra su voluntad. Nunca supo que le dieron.

“Nos pusieron en una fila larga. Yo estaba acojonadísima. Recuerdo las cortinas transparentes, como de carnicería. Me vienen flashes, todavía me da pánico”, contó. “Me hicieron pasar a una sala con una brasileña, Amanda, y nos quitaron la ropa. Ese proceso fue muy degradante porque nos trataban muy mal. Y en eso me pusieron una vacuna... no sé qué coños sería, pero me acuerdo que entré en pánico”.

Luego, las separaron en distintas celdas. Florencia se encontró con una modelo rusa y otras seis mujeres, muchas de ellas costureras filipinas detenidas por trabajar ilegalmente en el país.

Cómo era la celda en la que estuvo detenida Cassola

Las condiciones de la celda eran precarias. El inodoro era un simple agujero en el piso. Las camas, unas plataformas de madera. No había colchones ni almohadas y hacía frío. Y en la celda había una cámara de seguridad que las vigilaba.

El sistema penitenciario chino sirve para “torturar, abusar y disuadir”, dijo la experta de Human Rights Watch (HRW). Y fue lo que descubrió Cassola.

Antes de poder dormir, los guardiacárceles les obligaban a mirar los canales chinos en un pequeño televisor en la celda. “No podíamos acostarnos, teníamos que sentarnos y mirar la pantalla aunque no entendiéramos nada. Nos forzaban a pasar mucho tiempo sentadas. Tanto que se me hicieron cascaritas en los muslos”, recordó Florencia.

También, cada noche, de 22 a 6, una de las reclusas debía vigilar a las otras mientras dormían. “Era una tortura. Lo hacían para que no pudiésemos dormir. Dormir era nuestra forma de escapar de la situación. Que te impidieran hacerlo era horrible porque no te dejaban olvidarte de todo y soñar”, contó Cassola.

Un día, las obligaron a practicar durante horas una coreografía para un video promocional de la cárcel. “Era casi sádico, como si disfrutaran tener a tantas chicas occidentales bajo su poder”, recordó la joven de 29 años.

Ese día significó un punto de quiebre para Florencia. “Lloraba todos los días. Lloraba porque tenía miedo de ser deportada. Lloraba porque me gustaba un chico y tenía miedo de no verlo nunca más. Lloraba porque no había conocido la muralla china. Lloraba por mi hermana y mi mamá”, contó.

Durante su incarceración, la modelo perdió tanto peso que las otras chicas la llamaban “esqueleto viviente”. En la cárcel, se desayunaba a las 7, se almorzaba a las 11 y se cenaba a las 16. Después, no se podía comer nada hasta el día siguiente.

Cada tanto las interrogaban, pero los carceleros chinos no les decían nada sobre su situación. Cuando ellas les preguntaban cuándo iban a salir de prisión, se reían y respondían: “Mañana”. “Se convirtió en la tomada de pelo de todos los días”, dijo Florencia.

Sobre las otras presas, Florencia contó que “la mayoría de las mujeres ahí eran buenas personas”. “No eran asesinas ni criminales. Eran personas que habían cometido un pequeño error. Incluso algunas estaban encerradas por haber repartido un volante en la calle en contra del gobierno”, agregó.

Un solo contacto con el consulado

A pocos días del arresto, Florencia recibió la visita de la cónsul argentina en China, Andrea Rovelli, y de otro funcionario. “Los vi una sola vez porque el gobierno chino sólo les permitía una visita por mes, pero se portaron súper bien conmigo”. Cassola les dio una carta para su tío, le alcanzaron un mensaje de Gastón y 400 yuanes que le sirvieron para comprar algunas cosas básicas en la cárcel como toallitas femeninas.

Luego de un trabajo diplomático conjunto por parte de las distintas embajadas, abogados y agencias de modelos, las 31 jóvenes fueron liberadas.

El día en que la liberaron

Una noche, dos oficiales llamaron a Florencia. Ella fue con pánico porque no sabía a donde la llevaban. La condujeron a una oficina, donde le devolvieron sus cosas. “Me entregaron mi teléfono y la ropa del día del casting. Me acuerdo que me alegré de no haber usado un vestido aquel día porque estaba muy peluda y sucia. Fue un pensamiento absurdo y superficial pero creo que por los nervios y la dificultad de procesar todo lo que había vivido mi mente se distraía con esas banalidades. Mientras esperaba agarré un espejo y una pinza y empecé a depilarme las cejas, que a ese punto estaban tan crecidas que todas me cargaban y me decían Frida”, se ríe.

Luego un oficial la escoltó al aeropuerto, donde empleados de Rising Star le entregaron su valija. “Tenía taquicardia. Hasta que no despegó el avión no fui libre”, dijo Florencia.

Florencia dijo que de su experiencia aprendió que “para ser feliz alcanza con ser libre”. “Que te priven de cosas básicas como caminar, dormir o comer lo hace a uno valorar las cosas simples de la vida”, sostuvo.

La mujer trabajó un tiempo más como modelo. Viajó nuevamente a la India y a Indonesia, en donde conoció a su actual novio, un joven italiano. Se mudó a Torino y terminó sus estudios de Química Industrial. Según dice, jamás volvería a China. /TN

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