Historias de vidas salteñas: Pablo “El Viejo” Méndez que quedó en el corazón de los cuervos

Deportes 13 de mayo de 2022
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Gentileza Alentando

Tierras benditas si las hay. Sitios místicos con rincones mágicos y personajes ilustres. Pues pisar suelo salteño, en el punto lejano del norte argentino pareciera insignificante pero os aseguro que es todo lo contrario. 

Entre tanta multitud logro visualizar un ser de baja estatura con bolso de mano entre sus brazos. Parece que el partido de Central Norte en el barrio Norte comienza con total normalidad hasta que de repente hay un fuerte choque entre dos jugadores. Con la velocidad de un relámpago sale corriendo un tipo canoso, y atlético a la par de un médico. El hombre se arrodilla mientras el doctorado dictamina con sus gestos la poca gravedad del caso. 

Pablo “Viejo” Méndez persiste en el suelo cobijando a su jugador. Cómo a un hijo, fricciona, masajea la zona afectada y golpea la nalga con revés de su palma traduciendo que está todo bien y que lo quiere fuerte como un toro, para saltar de nuevo al ruedo. 

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Así pasaron miles de noventa minutos. Cómo esa tarde hubo cientas, donde en el mismísimo pique, el aceite verde preparado con vaya a saber qué tipo de aderezos, se iba agitando y destapando para besar alguna herida de atleta del balón pie. 

Vestido de negro, con su clásico pantalón tres tiras. Peinado de cabello corto al limón, con raya. Cejas gruesas y fruncidas. Labios pronunciados y una apariencia de tipo rígido y duro. El viejo Méndez era el vestuario. Enfermero de profesión. Masajista de pasión. Curandero, sanador, un todo, en conclusión. 

El olor, el calor, la camilla, la inyección, las aspirinas. ¿Qué clase de masajista es aquel que además de masajes te seca el sudor en la batalla, se aleja en la algarabía y en la cruel derrota, te abraza?

Un día negro, se fue a su manera. Sin muchos ruidos ni honores. Sabrán los dioses de sus masajes, los caramelos antes de cada partido y el perfume invadido por los aires como un ritual de salvación. Pedazo de historia futbolera, de desgarros y maltratos. De desprecios e ingratitudes. Inmenso, apasionado y recordado.

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