Cómo ven la inflación desde el Banco Central

Economía 29 de septiembre de 2022
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La fiebre inflacionaria no solo parece no ceder sino que da señales de haberse estacionado en un elevado piso, de difícil descenso rápido. Todavía no hubo ningún ajuste disruptivo del tipo de cambio oficial ni un tarifazo al estilo ochentoso y, sin embargo, los relevamientos privados dan cuenta de que los precios siguen trepando, en todos los rubros y sectores.

En este contexto resulta interesante analizar cómo ve el proceso inflacionario el Banco Central (BCRA), pieza clave en el andamiaje de la dinámica de los precios domésticos. Para ello recurrimos al último Informe de Política Monetaria del BCRA que brinda algunas pistas de lo que puede venir.

Antes, vale la pena bucear sucintamente de dónde se viene. Hay que recordar que tras la aceleración del nivel general de precios minoristas durante marzo (6,7%) y abril (6%), que según el BCRA fue traccionada principalmente por la suba internacional de las materias primas, las tasas mensuales de inflación comenzaron a descender gradualmente en mayo y junio (5,2% promedio). Al respecto, esta desaceleración fue más marcada en la inflación núcleo o subyacente (desde 6,7% en abril a 5,1% en junio), que excluye los precios de la energía y los alimentos, o sea, los estacionales, que es a la que el mercado y el BCRA le prestan más atención. Así, el segundo trimestre finalizó con una inflación promedio mensual de 5,5% (0,4 puntos porcentuales más que el trimestre previo). 

Pero la incipiente tendencia a la baja de las tasas de inflación mensuales fue interrumpida en julio, según el BCRA, por un aumento en la volatilidad financiera local, una mayor incertidumbre cambiaria y el consecuente incremento de las expectativas de inflación.

“En ese contexto, se produjeron incrementos de precios en una gran cantidad de bienes y servicios en forma simultánea, con un nivel de difusión y coordinación que sólo suele verificarse en episodios de saltos del tipo de cambio oficial”, considera el BCRA. Como resultado, la tasa de inflación registró una pronunciada suba en julio hasta 7,4% mensual (2,1 puntos más que junio), alcanzando el registro más elevado desde abril de 2002. Luego en agosto la inflación mensual (7%) se redujo respecto al mes anterior, aunque se mantuvo en un nivel mayor al observado en junio, “en cierta medida por el efecto arrastre de incrementos ocurridos en julio”.

En el interín cabe recordar que luego del incremento de la inflación verificado en julio, el Gobierno y el BCRA adoptaron una serie de medidas para bajar la volatilidad financiera y la inflación: el BCRA intervino en el mercado secundario de deuda en pesos y elevó en reiteradas oportunidades la tasa de interés de política monetaria; también se implementaron políticas orientadas a reducir el déficit fiscal y el financiamiento monetario, incentivar la liquidación de exportaciones para recuperar reservas, más un conjunto de nuevos acuerdos de precios de referencia de bienes y servicios.

¿Cómo fue el derrotero de la tasa de inflación interanual?, continuó incrementándose hasta el 78,5% en agosto, siendo la más elevada desde diciembre 1991 y estando 27,6 puntos porcentuales por encima de diciembre de 2021 (50,9%). Esta tendencia al alza se observó en las tres principales categorías que conforman al IPC, y hay que destacar que la variación interanual de los “estacionales” se elevó hasta 111,5% en agosto, superando ampliamente a las del resto.

Mientras que la inflación núcleo alcanzó el 78,4% interanual y continúa siendo ligeramente superior a la variación interanual del nivel general. Los bienes y servicios regulados (59,7% interanual en agosto), si bien también han ido acelerándose en lo que va del año, conforman la categoría cuyos precios relativos se han deteriorado nuevamente en lo que va de 2022. Por su parte, la inflación mayorista interanual (73,9% en agosto) verificó una trayectoria similar, incrementándose en los últimos meses, aunque con tasas inferiores a las del IPC en lo que va del año, luego de que en 2021 se diera la situación contraria.

Respecto a la inflación minorista acumulada en lo que va de 2022, la misma alcanzó 56,4% (equivalente a un ritmo promedio mensual de 5,7% para los primeros 8 meses del año), y superó la inflación alcanzada durante todo 2021 (50,9%). Pese a su relativamente baja ponderación en el IPC, una parte significativa de la aceleración del nivel general se explicó por el mayor ritmo de suba de la categoría “estacionales”, que en los primeros 8 meses promedió un alza mensual de 7,4% (76,4% acumulada en 2022).

Para el BCRA, “distintos episodios contribuyeron a explicar dicha evolución, entre los que se destacaron las significativas subas de las verduras y frutas en el primer bimestre del año asociadas a cuestiones climáticas, los fuertes incrementos de los servicios asociados al turismo ante la recuperación del sector, en especial durante el reciente receso invernal, y los sucesivos aumentos de gran magnitud en los precios de la indumentaria. Estos incrementos, en parte atípicos, contribuyeron a lo largo del año a explicar el aumento del precio relativo de los estacionales frente al resto de las categorías, situándose en niveles máximos desde que se publica el actual IPC”.

¿Y de ahora en más qué espera el BCRA? Según consta en el último IPOM, creen que con la batería de medidas lanzadas a partir de septiembre la inflación núcleo se reducirá gradualmente ante la mejora de la situación financiera y la reducción de la incertidumbre cambiaria. Sin embargo, prevén una aceleración en las categorías “estacionales” y “regulados” que contrarrestaría en gran medida la baja de la inflación núcleo durante septiembre y octubre. “Los precios estacionales suelen aumentar su ritmo de suba en dichos meses respecto a junio, en especial en indumentaria y turismo”, explica.

Con relación a la categoría “regulados”, en septiembre reconocen que impactará la primera etapa del sendero de actualización de los cuadros tarifarios para consumo residencial de gas natural y electricidad (que siguen los criterios de segmentación de hogares definidos por la Secretaría de Energía), mientras que la segunda y tercera etapa impactarán en noviembre de este año y enero del 2023, respectivamente. Pero además de la actualización de las tarifas de energía, también se anunciaron aumentos en el transporte público que se sumarían a los incrementos habituales en el resto de los regulados.

De modo que la gradualidad prevista para la reducción de la inflación núcleo contempla ciertos factores que le otorgan persistencia al proceso inflacionario, como ser, posibles efectos de segunda ronda de las actualizaciones de tarifas de servicios públicos y de combustibles, el adelantamiento y concentración de las paritarias salariales, y las elevadas expectativas de inflación. 

Bajo este panorama el BCRA señala que “conducirá su política monetaria ajustando las tasas de interés para mantenerlas en un terreno positivo en términos reales y sin otorgar asistencia financiera al Tesoro Nacional en lo que resta del año, administrando la liquidez para preservar el equilibrio monetario y manteniendo el esquema cambiario de crawling peg (micro devaluaciones diarias) para no perder competitividad externa”.

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