Caprichos de Salta: Corazón de perro

Cultura 30 de noviembre
Salta está llena de caprichos, todos ellos recorren cada uno de los rincones de nuestra ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas la vigésima cuarta entrega de la ficción de InformateSalta.
Anubis

Hay una creencia mal nacida y mal criada que vive en los corazones de casi todas las personas: La gente cree que los horrores y los peligros moran en las oscuridades y las quietudes de la ciudad; así también,  suponen que los prodigios actúan bajo una luz radiante y redentora ¡Falso como cumplido de comerciante! Los herejes y los santos caminan de día por las calles de Salta sin despertar sospechas hasta que se revelan en sus reprochables actitudes y deseos ajenos a los gentiles o la complacencia ilimitada  al ojo cuidador de las almas buenas. Esta es la historia de un personaje tan cercano a nuestras simples y previsibles vidas como ajeno a nuestra naturaleza: Anubis Chocobar, frutero callejero. Conocido entre sus pares como “El perro Chocobar”.  Anubis fue poseedor de un artefacto sagrado y una labor que no lo era menos; pero su alma corrompida por la avaricia y la distorsionada ilusión que produce  el poder de un proxeneta de las urgencias y los avatares del pueblo, lo condenó a sufrir los mismos daños que prodigaba a los hombres y mujeres sin rango. Este hombre que  vendía frutillas, duraznos, chirimoyas, piñas y mangos, en realidad ocultaba su verdadero oficio: “Cotejar el peso del corazón de los muertos con el peso de la pluma de un suri, símbolo de la verdad y la justicia, para decidir el destino de las almas… El Paraíso (San Lorenzo Chico, Valle Escondido, El Tipal…)  o El  Infierno (Güemes, Campo Santo, El Bordo…)” Actividad, ésta última, que realizaba con la misma balanza con la que desempeñaba su rol de vendedor.

Anubis estacionaba su carro frutero en la esquina de España y 20 de Febrero y, todos los días, vendía fruta de estación. Corrompido  por su trato con funcionarios y con algunos pares,  a los que les observó costumbres viles para hacerse de dinero extra, decidió ajustar el mecanismo de su balanza al tenor de sus mezquindades; así,  la balanza sentenciaba un peso mayor al real y  sacaba ventaja en la venta de frutas; pero el tema era verdaderamente grave cuando debía oficiar de perito de la moral de los difuntos; allí, donde la justicia es territorio de lo divino y dominio de “El que todo lo ve”, las cosas se complicaban dramáticamente. Una abundancia de almas condenadas injustamente que propiciaron una sobrepoblación infernal, desató una tormenta de dudas  e inquietudes. Cientos de fallos observados y apelados, llevaron al juez Osiris Leguizamón y al secretario del juzgado, Toth Figueroa,  a revisar la tarea del Perro Chocobar. Decidieron, entonces, pesar el corazón del mismísimo Anubis ¡En vida! Su corazón estaba chamuscado por el fuego de las bajas pasiones y al depositarlo en un plato de la balanza sagrada para ser contrapesado con la pluma de Maat ¡Éste resultó tan pesado como su carro cargado de fruta! (El corazón puro debe ser siempre más liviano que la pluma o de igual peso…) ¡Fue un escándalo! Dicen que aplazaron la feria judicial y revieron todos los casos de los condenados en El Duat (Juicio de las almas). La venta de frutas fue suspendida y la inspección de balanzas fue actividad prioritaria para la Municipalidad. Por un puñado de monedas de más, el Perro perdió un buen laburo y se transformó en el hueso más sabroso de Ammyt, la devoradora de muertos, una mujer que, aún hoy, regentea una casa de citas en las periferias de la ciudad.

Todas las almas son frágiles, son gotas del mismo mar de lágrimas… El origen del llanto hace la diferencia. No es lo mismo, llorar de alegría que de tristeza o de espanto. Los dioses han elegido la alegría y el desgraciado solo conoce el amargo llanto.

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