Caprichos de Salta: La novia de Alcides

Cultura 17 de mayo de 2018
Salta está llena de caprichos, todos ellos recorren cada uno de los rincones de nuestra ciudad para algunos de manera inadvertida y para otros no. No te pierdas una nueva entrega de la ficción de Javier Camps en InformateSalta.
MARILYN

-Hace muchos años, en el café “Los Tribunales”, nos juntábamos algunos muchachos a charlar, leer el diario y a macanear sin restricciones, cuestionamientos ni sanciones. Éramos cinco impresentables, de los cuales  ¡sólo uno podía presumir de ser serio, de bañarse todos los días y cambiarse las medias!

El Ciego comienza un nuevo relato, se concentra y mueve la cabeza como asintiendo ante el repaso de sucesos pasados; mastica lentamente una medialuna de manteca, al tiempo que finge mirar a la calle por la ventana del café “La Tacita”.

-Alcides Dunot Letjergou, fue un hombre cabal. Dueño de una charla exquisita y unos modos que lejos estaban de los nuestros. Nuestra cándida informalidad era una versión suburbana de la impertinencia y el mal gusto; en cambio, Alcides, era un dandy. El tipo viajaba permanentemente. Se dedicaba a las finanzas, “el juego grande” según decía, y le gustaba coleccionar estampillas y monedas. También era amante del jazz; es más, tocaba bastante bien el saxofón, instrumento que era casi exótico en estos parajes de guitarras y bombos.

-Que interesante –atino a decir con más ganas de escuchar que de opinar-

-Nuestras charlas eran disputas sobre cuestiones menores, en su mayoría un cúmulo de sinsentidos disfrazados de preocupaciones existenciales basadas en un desconocimiento casi total de un mundo que no estábamos en condiciones de entender. Hablábamos de fútbol y anhelos modestos con destino de frustraciones. El amor, una incógnita para nosotros, era un tópico recurrente. Allí, Alcides, un hombre experimentado en esas cosas que “a los hombres los hace hombres”, nos asistía a la hora de ir pensando tal ejercicio con alguna posibilidad de éxito. Él nos hablaba a menudo de su gran amor, su novia Norma. Según nos decía, ella, era una mujer de una extraordinaria belleza que alguna vez se había dedicado o se dedicaba a la actuación.

Jorge pide otro café, contesta el saludo de un parroquiano y continúa

-La novia de Alcides era norteamericana y vivía en Los Ángeles. Se veían dos veces al año y viajaban a Europa para pasear durante un par de meses. El resto del año, ellos se escribían cartas o se telefoneaban.

-¡Que romántico!

-Aquellos tiempos eran complicados para salvar distancias y las precarias formas de comunicarse no ayudaban para aplacar las tristezas y las angustias que provocaban los amores ardorosos. Alcides nos contaba que ella era muy graciosa, que todos la miraban al pasar y su figura era como pocas; sus piernas eran únicas… siempre nos decía que las piernas de Norma eran un regalo de los dioses. Nos contaba que estando en París, solían ir al Moulin Rouge y tomaban champagne como si fuese agua; cuando estaban en Londres visitaban museos y en Positano comían y bebían hasta altas horas de la noche mirando el mar.

-¡Que extraordinaria vida! Envidiable…

-No Chango. Detrás de cada brillo que no venga del sol hay una tragedia o, al menos, una tristeza de esas que es como un ahogo leve pero pertinaz. En fin… un día, allá por el año 1962, Alcides dejó de hablar de Norma. Se puso agrio y empezó a beber… dejó su lugar en  el café para terminar parando en otro bar, “El Madrid”. Allí se juntaba con los pichis orilleros de la Balcarce… hasta que murió. Murió de tristeza.

-Triste… ¿Qué pasó con Norma?

-La cosa empezó a oler a misterio cuando hubo que ir a la casa de Alcides. Fuimos, abrimos y nos encontramos con una foto finamente enmarcada. En la imagen se apreciaba un set de filmación de Hollywood donde estaban tomados de la mano y riendo… ¡Marilyn Monroe y Alcides! También había un manojo de papeles quemados en la chimenea, algunas palabras en inglés se podían leer en fragmentos de ellos. Nada pareció demasiado extraño hasta que nos dimos con que el verdadero nombre de Marilyn era… Norma Jean Baker. Nunca podremos comprobar si Alcides fue verdaderamente el novio de Marilyn… pero a los muchachos y a mí siempre nos gustó pensar que sí. Quien iba a decir que, durante años, tomamos café con el novio de la mujer más linda del mundo… ¡je! Norma… la novia de Alcides… Norma Jean Baker… la Marilyn…

 

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