Ahora que lo pienso: "La era del huevo…"

Lic. María Florencia Barcos 27 de enero de 2019
Cuando el 2019 recién daba sus primeras señales, un huevo, no un huevo de verdad, sino la foto de un huevo, se convirtió en un fenómeno social con 51 millones de likes. Un análisis sobre la superficialidad de la sociedad del huevo.
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Tras haber superado el récord, el referente de la gallina se consolidó como la publicación más “apreciada” no sólo de Instagram sino de todas las plataformas de medios. Tamaña vacuidad, difícil de digerir, no puede más que ahuevarnos el cerebro e interpelar la frivolidad de una humanidad para la que solo existe aquello que aparece en las redes y cobra sentido según la cantidad de seguidores idólatras. 

En los intersticios de esta instantánea metafórica, la ausencia de realidades graves y complejas, es un cacareo a la razón (o sinrazón).  Las portadas de los diarios argentinos de esta semana nos dan una lección al respecto. De izquierda a derecha proclamaron con bombos y platillos el decreto del Presidente Macri de Extinción de dominio. Algunos enfatizando sus aspectos más álgidos, asociados al proceso legal implicado, apoyándose en las críticas de la oposición y ciertos especialistas; otros, rescatando el avance sobre un reclamo social extendido, marcando la delgada línea roja entre la búsqueda del bien común, el oportunismo enmascarado y la realidad materializada en 600 millones de dólares en bienes y otros miles en costos asociados a la estructura que requiere su guarda. Ante tanto relato, voces que se regocijan del lodazal discursivo, siempre hay un “resto”, que allí desde las sombras y el silencio mediático nos habla de las connivencias que justifican en un año electoral frenar el tratamiento legislativo de un clamor popular. Este es un típico ejemplo de cómo el miedo a las consecuencias, la corrupción elevada a la décima potencia, torna poco rentable lo “políticamente correcto”.

Nada hay de inocente en el discurso, ese que naturalmente vinculamos con lo dicho, las palabras, pero que no visualizamos en sus silencios. Los mismos que tarde o temprano se quiebran, momentos éstos que la industria cultural se asegura capitalizar. En este punto, el debate sobre la banalización que ello supondría compite con la necesariedad de darle voz a la injusticia y el horror. Estrenada a finales de 2015, Spotlight, la película que hoy puede verse por Netflix narra la historia de cómo el equipo de reporteros  de investigación del Boston Globe (que da nombre a la película) destapó los casos de pederastia que se llevaron a cabo durante décadas por curas católicos de Massachusetts y que la Arquidiócesis de Boston intentó ocultar, sacudiendo a la Iglesia católica de los Estados Unidos. Cuando las imágenes dejan de copar la pantalla, dos segundos de una lista en miniatura descubren el velo mundial que muestra el lado más oscuro de la Santa Sede: la sistematicidad del encubrimiento de los casos de abusos sexuales de sacerdotes. Allí, en letra muy chiquita están los casos argentinos, segundos en los que cobra notoriedad el Partido de Berazategui, limítrofe del Partido de Quilmes. Gustavo Oscar Zanchetta, el nuevo dolor de cabeza de Francisco, fue vicario episcopal de Asuntos Económicos la diócesis de Quilmes a principios del siglo XXI, coincidiendo con el estallido del caso Pared, sacerdote que murió de SIDA en el 2003 luego de haber sido condenado a 24 años de prisión por abusos sexuales cometidos contra adolescentes internados en el Hogar Hermano Francisco de Quilmes. El cura, que nunca dejó de oficiar misa, contó con el silencio cómplice de sus líderes,  quienes además ocultaron hasta último momento su estado de salud.

Zanchetta, Obispo de la Diócesis de Orán (Salta) hasta Julio de 2017, fue rescatado por la Santa Sede cuando algunos sacerdotes remitieron al Vaticano el segundo informe (el primero enviado en 2015) en el que se lo acusara de abusos sexuales. Alegando motivos de salud, renunció sorpresivamente para culminar dicho año como asesor del Papa, al obtener un nombramiento en la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (Apsa). Faltando menos de un mes para la cumbre sobre abusos, a la que están citados más de 100 presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo, el Vaticano muestra, puertas adentro, preocupación por el conocimiento público, poco difundido, de las denuncias tempranas enviadas a aquel sobre el particular comportamiento de Zanchetta. Cercano de Francisco, fue separado del cargo que lo sacó del escenario de los supuestos delitos en Orán y lo puso bajo el resguardo de sus superiores. Mientras “avanzan” las investigaciones, los silencios se multiplican y gritan desde entrelíneas de breves y escasos artículos de medios locales e internacionales, la red de complicidad que asesta una nueva violación a las víctimas. Negadas, obturadas, desaparecidas del escenario público, interpelan la superficialidad de la sociedad del huevo, esa que no ve más allá del relato evidente, y que olvida lo importante con la rapidez que se multiplican los seguidores y los likes de la novedad.

Lic. María Florencia Barcos para InformateSalta

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