Ahora que lo pienso: Argentina, el armario donde se atrinchera el desorden

Lic. María Florencia Barcos 03 de febrero de 2019
Bajo, en apariencia, la “simple idea” de "Conserva solo lo que te haga feliz y despréndete de lo demás", el método de Marie Kondo se instaló, con el amanecer del  1 de Enero de 2019, en la pantalla de los aficionados de Netflix.
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Con la intención de traer contenido diferencial, captaron a una de las gurúes del orden y minimalismo más reconocidas del mundo. Autora japonesa de exitosos libros como "La magia del orden" y "La felicidad después del orden",  se apostó en poco tiempo en los medios y la cotidianeidad de los argentinos, con sus ideas prácticas, realizables y, sobre todo, consejos útiles para resolver problemas del desorden generado en nuestras rutinas diarias. La coherencia nunca fue un obstáculo para un país que ve en el orden, el equilibrio y la disciplina, cuanto menos, palabras conceptualmente inasibles.

Allí, en la superficialidad de lecturas que desconocen la profundidad de una cultura que nos es tan ajena como incomprensible, emerge la complejidad de las realidades que nos constituyen. Las portadas de los diarios argentinos de esta semana nos dan una lección al respecto. Desde el blanco más impoluto, pasando por el celeste, el verde, el rojo, el naranja y el amarillo importado, los grupos de interés han puesto sobre la mesa la inconmensurable cantidad de lecturas de la que nuestros representantes, en sus diferentes poderes, hacen de la letra escrita de los códigos vigentes. Cercenados por una opinión pública tan voluble como sus decisiones, dos exponentes de la actualidad noticiosa deberán hacer frente al bipolarismo criollo.

Gerardo Morales, actual gobernador de Jujuy, intentó tapar el sol con un dedo. Tras su justa reyerta con el Presidente Evo Morales, ante el destrato médico infringido a un coterráneo por estos días,  y que tiene antecedentes en el pedido de la Argentina  de reciprocidad médica que data del 2017 y que el país vecino descartara, el jujeño no pudo esquivar la batería de medidas de la Comisión Federal de Abogados Pro-vida y la Fundación Más Vida tras la muerte de Esperanza. El gobernador, pese a la opinión contraria de 29 de los 30 médicos que forman el servicio de Obstetricia del Hospital Materno Infantil de Jujuy, y pisoteando los derechos que nuestra Constitución y sus Tratados otorgan a los prematuros inmaduros decidió, quizá aplastado por el peso de la opinión pública, que la flagrante violación primigenia tenía un peso relativo mayor que aquella a la que daría lugar. El orden de los pañuelos no altera el producto final: una niña violada, un abusador libre, y una nueva vida condenada a muerte por la liviandad de una justicia tan ciega como sorda y muda. No hay color ganador en esta batalla de trincheras mediática, pues la niña dado su avanzado estado de gravidez al momento de consultar no encajaba dentro de la figura del aborto legal vigente, y  Esperanza, dado su escaso tiempo gestacional quedaba excluida de las estadísticas que hablan de milagros de sobrevida en bebés prematuros. Abortamos la ley, pisoteamos el juramento hipocrático, nos olvidamos de ese “resto” que habla de valores inclaudicables, de respetos básicos, y de la necesidad de aunar esfuerzos y criterios  en pos de no perdernos en los dogmatismos ignorantes. Gustavo Briones, el jefe de Obstetricia del Hospital, presentó su renuncia al cargo, no por incapacidad ni indignidad, sino por coherencia, por entender la arbitrariedad de la que fue testigo. El ensordecedor silencio de los colectivos grita irracionalismo, ignorancia e ignominia; el de la clase política, una enfermiza simbiosis con las estadísticas electorales.

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El delito, en un país que disfruta reviviendo fantasmas arbitrariamente asociados al orden y sus mecanismos, no tiene precio, diluye su peso negativo en el termómetro social.  Si el valor de la vida de Esperanza se redujo a cero, si se toleró su deshumanización, fue por las mismas razones que primero llevaron a la Jueza Patricia Guichandut a liberar a un motochorro en menos de 24 hs (pese a contar con 3 condenas en su país y tener la visa vencida) para luego, tras una semana mediáticamente agitada,  extraditarlo. La rapidez de la respuesta política, solo comparable con las reacciones frente a una corrida cambiaria, tornó insostenible la decisión de la jueza  quien se justificó amparándose en la falta de información sobre los antecedentes del detenido y la permeabilidad de nuestras fronteras asegurada por la incapacidad de las herramientas tendientes a velar por el cumplimiento de la Ley de Migraciones. Con la reincidencia en el caso del uruguayo Antonio José Franco (36), que fue demorado por la Policía de la Ciudad de Buenos Aires en Boedo, sobre el que pesaban tres condenas y un pedido de expulsión del país, ya no quedaron más argumentos que mencionar exceptuando alguna especie de complot que le atribuyó una participación que no tuvo. La realidad claramente no deja de superar a la ficción en un país que produce a diario intrigas palaciegas pergeñadas por oscuros poderes. Cabría preguntarse cuáles de ellos están tras los hilos de la claudicación de la AMIA en el pedido de “Memoria y Justicia” para los 85 muertos y 300 heridos que provocó el mayor atentado terrorista contra objetivos judíos luego de la II Guerra Mundial.  Por motivos que ni la propia DAIA puede explicar, la institución damnificada arrojó el 18 de julio de 1994 al centro de la grieta, con la incoherencia discursiva y la dignidad quebrantada.

Que las apariencias no nos engañen. La supuesta avalancha de donaciones, y la compulsión por declararse discípulo de Marie Kondo, no es más que otra moda, corriente superficial para personas que gustan moverse en sus cuatro paredes al son de “a guardar, a guardar, cada cosa en su lugar” siempre y cuando la consigna no suponga ir más allá de la vacuidad gregaria de identificarse con colores.

Por Lic. María Florencia Barcos para InformateSalta

 

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