Abuelito salteño, de 84 años, acosaba a su empleada cuando "la patrona" no estaba

Policiales 23 de mayo de 2019
El octogenario se movía en sillas de ruedas y se mostraba dolorido cuando su mujer estaba en casa, pero cuando quedaba solo, sin embargo, se recuperaba milagrosamente y perseguía a su joven empleada para que le dé “un besito”.
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Cansada del acoso y los toqueteos del abuelo, la empleada, de 34 años, se presentó en los últimos días en la comisaría Primera y denunció al sujeto, quien reside junto a su esposa en una vivienda de calle Balcarce. Pidió que la justicia le dé su merecido.

Por necesidad, la empleada aguantaba el asedio del abuelo, quien esperaba a que su mujer saliera de casa para acosarla por toda la casa. El miércoles pasado, sin embargo, la trabajadora del hogar no soportó los manoseos del anciano.

Su proceder

Fuentes policiales a las que tuvo acceso InformateSalta, revelaron que el abuelo, de 84 años, solía moverse con la silla de ruedas y adolorido cuando su esposa estaba en casa, sin embargo, apenas ésta salía, el anciano parecía recuperado de un milagro, pues dejaba de lado la silla y ayudado con un bastón, comenzaba a perseguir por todo el inmueble a la empleada.

Se interponía en el paso de la empleada, o bien, obstruía los lugares por donde pasaba. Así sucedió el 15 de mayo pasado, cuando la mujer del anciano salió para realizar unos trámites, el abuelo se paró de su silla de ruedas y salió en búsqueda de la joven.

“Estas linda hoy. Así me gusta cómo te queda el pantalón hoy”, le dijo el abuelo cuando ingresó a la cocina, donde la empleada se hallaba. “Dale dame un besito”, exigió el abuelo, quien luego comenzó a seguirla por toda la cocina hasta conseguir ese beso.

Para sacárselo de encima, la empleada permitió que el anciano le estampe un beso en la mejilla, pero el abuelo exigió que ese beso sea en la boca, a lo cual la víctima se negó rotundamente. “Entonces déjame tocarte un poco”, retrucó.

En esas circunstancias, el anciano estiró sus manos y tocó los pechos de la mujer, quien reaccionó y lo hizo a un lado. “Dejé de tontear ya”, le recriminó, tras lo cual el acusado le reclamó: “Bueno, está bien. Pero mirá que sos mala”. Un rato después, la esposa del anciano regresó a casa, y la empleada le informó lo sucedido y pidió el pago de su jornal, para luego renunciar. Tras salir de la casa, la empleada se dirigió a la comisaría y radicó la denuncia del caso.

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