Los candidatos se juegan la última carta a una semana de las PASO

Elecciones 2019 04 de agosto de 2019
A días de las elecciones primarias en el país, Macri, Fernández, Lavagna y el resto, se preparan para el último tramo de campaña.
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No hay canchas chicas. Todas son grandes", aseguran en la Casa Rosada para explicar que todos los votos valen lo mismo. El Gobierno no descuidará ningún segmento, pero buscará crecer entre los indecisos que -estiman en la Casa Rosada- concentran el 15 por ciento del padrón a nivel nacional y el 17% en Provincia.

A siete días de las PASO, en el Ejecutivo le restan trascendencia a una elección que -estiman- no será definitoria. "Es una estación intermedia, no es el destino final", desdramatizan. Por esa razón, guardan sus propuestas concretas para la elección general. Por ahora, descartan anuncios rimbombantes el 11 de agosto, pero dependerá del resultado. En 2015, Mauricio Macri utilizó la noche agridulce -en la que Horacio Rodríguez Larreta casi pierde la Ciudad- para relanzar su campaña.
 
 
 El carácter relativo que el Gobierno le otorga a las PASO, sin embargo, está atravesado por el pedido a sus potenciales votantes para que acudan en masa a la primaria y ayuden a evitar que la presunta ventaja del Frente de Todos se estire. Nadie quiere que el mercado se altere.
 
 Por eso, Macri y los candidatos del oficialismo insisten en calificar esta elección como "la más importante desde el regreso de la democracia". Quieren maximizar el presentismo; sobre todo, el de los adultos mayores, a quienes consideran los más cercanos.
 
 
 
Por ser un sector que reúne a mayores de 70 años, que no tienen obligación de votar, el macrismo se concentra en motivarlos para que lo hagan. De todos modos, el Presidente también buscó pescar en los últimos días en la pecera más esquiva de los jóvenes.
 
 
 En privado, en el Ejecutivo confían en sus números y en una hipotética paridad con el Frente de Todos. "Está palo y palo", sostienen sin disimular el optimismo por una tendencia en alza, con un abril negro en el espejo retrovisor.
 
 El pedido explícito de voto, que comenzó hace una semana, se radicalizará: se publicarán más spots en televisión y en redes sociales. En total, hay una batería de más de un centenar de comerciales circulando. El delivery de boletas, casa por casa, también se profundiza; igual que las charlas con fiscales partidarios.
 
 Para convencer a los indecisos y fidelizar votantes, entre los nuevos contenidos que distribuyen a contrarreloj, los militantes del Gobierno sobresale un listado con 85 razones para votar a Macri. "Para no volver al pasado" es la primera. "Para que no vuelvan más" es la última. En el medio, se suceden sobre todo las obras de infraestructura que el Gobierno inauguró sobre todo en el último tramo de la campaña.
 
 
 Los contrastes en materia de infraestructura y el rechazo al kirchnerismo son los principales argumentos del Ejecutivo para convencer a los votantes menos politizados -la mayoría, estiman- que termina por decidir su voto en la última semana antes de los comicios. Una porción de ellos, contaban cerca de María Eugenia Vidal,
 
 
 El Presidente volverá a concentrarse en la región Centro, que privilegió durante toda la campaña pre PASO, con excepción de la última semana, en la que prefirió mostrarse en distritos propios de la zona Norte del Conurbano y en las provincias radicales. También, si no hay cambios, seguirá evitando el Sur del Conurbano, bastión del peronismo.
 
 Intercalará tres cierres nacionales: Rosario, el lunes; la Ciudad, el martes; Córdoba, el miércoles; y el remate en Provincia, el jueves, antes de la veda electoral.
 
 
 En el microestadio de Ferro y en el Centro Asturiano de Vicente López volverá a compartir escenario -como este sábado en La Rural- con Vidal y Rodríguez Larreta. Cábala probada y estratégica.
 
La gobernadora, en cambio, seguirá concentrando toda su atención en el Gran Buenos Aires: estará, además, en Quilmes y Florencio Varela, dos municipios de la Tercera Sección, donde el oficialismo se ilusiona con una derrota que no supere los 20 puntos.
 
 Por esa razón, en los últimos días había elegido municipios de la Primera Sección, un bastión decisivo en 2015 y donde Sergio Massa no pierde influencia. Infraestructura y seguridad seguirán siendo su caballo de batalla. El jefe de Gobierno, en cambio, insistirá en su apuesta por una agenda local.

Con relato segmentado en redes, insumo de focus group y manojo de encuestas, Alberto Fernandez se zambullirá en las últimas horas de campaña con un mix de intuición y laboratorio. De arranque, los campañólogos del Frente de Todos dijeron que perdían "20 o más a 1" con el Gobierno en cuanto a recursos. Hubo, con menos big data, proselitismo de nicho, pero más artesanal. Militancia peronista tech.
 
 
En paralelo, en busca de instalar su figura y darle autonomía, Alberto se recostó en formato más clásicos: actos, giras y fotos con dirigentes territorial y sindicales.Así será el tramo final: raid de entrevistas, para contraponer -castigan en el búnker del PJ- con "el silencio" de Mauricio Macri, postal con un pelotón de gobernadores y un acto callejero que, sin cifras puntuales, presumen masivo.
 
Lo que viene, como ocurre desde hace dos semanas, será puramente económico: en el albertismo celebran como un triunfo el día que el ministro Nicolás Dujovne salió a responderle en Twitter sobre déficit, inflación y dólar. El martes pasado, según traducen en el Frente de Todos, la campaña empezó a girar en torno a la economía, perfil que redobló cuando habló de las Leliqs. Formó parte de una decisión táctica del albertismo.
 
En el staff dan un argumento: "La economía es el punto más débil del Gobierno, y existe un amplio consenso, incluso de sus propios votantes, de que está mal". ¿Le da resultado a Fernández? "Lo vamos a saber el domingo: se determinó esa estrategia y la sensación es que nos está dando resultados" apuntan.
 
 El menú de mensajes de los avisos segmentados gira, casi exclusivamente, sobre ese tema: en ellos, Fernández habla de "prender la economía", "ordenar el caos que nos están dejando", dice que "entre los bancos y los jubilados, nos quedamos con los jubilados" y plantea que "algunos apuestan a la timba financiera. Otros apostamos por los que producen".
 
Martilla sobre un eje: contraponer entre los que producen y trabajan, de los que especulan con la "timba financiera". El viernes agregó otro elemento: se mostró en Córdoba con el empresario Roberto Urquía, de la aceitera General Deheza, firma emblema del circuito agroexportador. Lo ató a una gira por el sur cordobés, con intendentes del PJ, y la designación de Felipe Solá como portavoz.

Como ítems adicionales, el candidato explora otros universos que, aseguran, son adversos a Macri: los científicos y los docentes. Su caja de mensajes incluyó además de mensajes específicos para varias provincias.

La cuestión provincial tiene músculo: Fernández se nutrió, apenas fue bendecido por Cristina Kirchner, del apoyo de los gobernadores, que tenían una distancia gélida con la ex presidenta. El candidato habla de un "gobierno federal" y por eso decidió que el cierre de la campaña para las PASO sea en el interior, en el Monumento a la Bandera de Rosario.

Alberto estuvo más tiempo en las provincias que en CABA y el Conurbano: hizo tres bajadas a las esencial Córdoba, hizo escalas en la patagonia, San Juan, Entre Rios, La Rioja, Catamarca y Tucumán. Tuvo, también, una reunión con mandatarios y delegados de quince provincias en su lugar de San Telmo.

De a poco, Fernández cree que soldó la relación con los jefes territoriales y que serán socios fundamentales el día de la elección: por fiscalización y por despliegue. La semana pasada, Juan Manzur juntó en Tucumán a gobernadores y candidatos del Norte y a jefes gremiales en una especie de "retiro político" para poner en marcha el engranaje electoral.

"Mis jefes de campaña en cada provincia son los gobernadores", repite como mantra Alberto F.y hace una cuenta: con Cristina como candidata -antes de su desembarco- había solo tres o cuatro mandatarios cerca del Patria, ahora la cifra llegó a quince. La decisión de recostarse sobre los jefes provinciales implica, en un lenguaje de señas más sutil, ampliar el peronismo K y, además, introducir a actores que pueden, a futuro, oficiar de contrapeso del kirchnerismo en un eventual gobierno.

El riesgo -que en su búnker dicen que se eliminó- es que los gobernadores que ya fueron reelectos no jueguen con intensidad. Esa tesis la agitan Macri y Miguel Pichetto.

 
(Fuente: Clarín)

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