Narcotráfico: Condenaron a los asesinos del panadero Nino tras una mejicaneada

Justicia 19 de septiembre de 2019
Alberto Nino tenía 25 años y fue hallado en una ladera de una finca al oeste de Salvador Mazza. Fue secuestrado, golpeado salvajemente enterrado vivo y tapado con cal en 2017.
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Asesinato de un panadero en Salvador Mazza

En Tartagal, ayer, condenaron a Tomás Rodolfo Parada, Ernesto Alemán y Enzo Gaspar González Carlos Javier Calvimonte y Ángela Cuellar por el secuestro y homicidio del panadero Alberto Nino de 25 años, ocurrido en mayo del 2017. La investigación determinó que el joven fue víctima de un ajuste de cuentas por narcotráfico.

Niño fue secuestrado, salvajemente golpeado y enterrado vivo en una finca al oeste de Salvador Mazza. Ese día había salido a las tres de la madrugada repartir pan en un viejo Renault Clio que le proveía la misma panadería de la localidad fronteriza, en la que trabajaba desde hacía un tiempo. Él era ya conocido entre los clientes y tenía un recorrido preestablecido para la entrega de la mercadería.

Cerca del mediodía la dueña del comercio informó a sus familiares que no había regresado y que tampoco respondía su teléfono. Prácticamente, desde ese momento la Brigada de Investigaciones de Tartagal comenzó una búsqueda incesante que duró casi 12 días hasta que lograron localizar el cuerpo del joven enterrado en un pozo de 1,20 metros de profundidad, en una finca ubicada en las afueras de Profesor Salvador Mazza.

Nino
Alberto Nino, la víctima


El lugar es de uno de los condenados por el crimen, un hombre con documento argentino de apellido Parada pero que sería oriundo de Bolivia. Junto a él fueron aprehendidos otros tres hombres y la pareja del dueño de la finca, una mujer que estaba en la casa del principal sospechoso cuando personal de la Brigada y de Drogas Peligrosas llegaron a la vivienda del barrio Nuevo, en Salvador Mazza.

Paralelamente y al ser entrevistados por los investigadores, los familiares del panadero Nino revelaron que un sujeto de apellido Calvimonte lo había visitado en varias oportunidades; la noche antes de que Nino desapareciera había estado con el muchacho en la puerta de la casa, hablando durante una hora. Para los investigadores esta sería la persona que ofició de entregador de Nino.

Según narró este investigador "Calvimonte para cumplirle su promesa al narco de Yacuiba pero sobre todo para salvar su vida, le venía pidiendo a Nino hacía varias semanas que le preste dos kilos de cocaína porque las necesitaba urgente para hacer un negocio, a lo que el panadero se negaba sistemáticamente diciendo que no sabía nada de ese cargamento. Pero al parecer Calvimonte logró convencerlo; al recibir los dos ladrillos de cocaína fue directamente a lo del narco de Yacuiba. Allí, el clan comprobó que esos dos paquetes pertenecían al cargamento que los pasadores argentinos habían hecho desaparecer, aunque todavía no logramos descifrar en qué circunstancia ni con qué argumento", confió el investigador.

Juicio Panadero

Con la certeza de que el muchacho sabía dónde estaba el resto del cargamento, "el narco boliviano ordenó que lo secuestraran, lo sometieran a una brutal golpiza para hacerlo confesar y luego lo asesinaran de una manera salvaje, propia de los que quieren que sirva de ejemplo y que nadie del mundo del hampa se atreva a hacer algo parecido".

Los jueces Ricardo Martoccia, Anastasio Vazquez Sgardelis y Asusena Margarita Vasquez, condenaron a Tomás Rodolfo Parada, Ernesto Alemán y Enzo Gaspar González a prisión perpetua como coautores del delito de homicidio triplemente calificado por ensañamiento, alevosía y el concurso premeditado de dos o más personas. A Carlos Javier Calvimonte a prisión perpetua por ser partícipe necesario material y a Ángela Patricia Cuellar a dos años y tres meses de prisión efectiva por encubrimiento agravado.

Crimen del panadero

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